Mira ese hombre que sonríe
Me lo pregunto a veces, cuando la gente pasa deprisa o cuando veo a dos personas enfrascadas en una plática que se nota por demás interesante, también cuando una madre regaña a su pequeño por querer ir viendo el paisaje de la ciudad por la ventana con la cabecita de fuera o, sobre todo, al ver una pareja tomada de la mano y notar en sus rostros la tranquilidad y el orgullo que sólo entre ellos pueden mostrarse.
Voy por la calle, caminando por el centro de la ciudad y se me hace increíble cómo puede haber tanta gente reunida en un solo sitio, con sus preocupaciones y presiones, propias de la gente que vive aquí. Sin embargo, aunque viven aquí, sé que nuestros mundos son tan diferentes que no podría decir que vivimos en un mismo país. La realidad, más bien, su realidad puede ser un poco más llevadera, o más tolerable para ellos; para mí es aplastante, como esa masa de gente que parece no ira ningún lado y que, sin embargo, tienen tantos destinos como nombres puedo imaginar. Estoy pero no me siento aquí.
No estoy a su altura, no voy a intentar nada… es más, ni siquiera voy a intentar hablarles o cruzar palabra, sin embargo se alejan con miedo en sus caras, creyendo que voy dañarlas o robarlas o algo peor, algo que jamás podría hacer. Pero huyen y noto en sus ojos la repulsión que les produzco o el terror escondido, disimulado en esa mirada nerviosa que no sabe a donde voltear. Mi mirada se instala en el suelo junto a mi poco valor y allí se queda como buscando respuestas a las preguntas que jamás me atreveré a preguntar…y se pierde observando alguna hormiga perdida de su grupo tratando de encontrar el camino que la llevara de regreso al hormiguero, en un mundo que no alcanza a comprender por completo.
Pero nadie puede opinar nada, porque no sabe nada de nada. Sólo viven y son felices en su vida, no les interesa y qué se puede esperar de ellos, nada. Cómo lo van a saber si es algo que tal vez nunca vivan, mejor para ellos, no tendrán estos problemas. Nunca verán las cosas desde esta perspectiva, creerán que todo siempre ha estado bien, lo que sienten para ellos será real y no tendrán por qué cuestionar todo lo que han visto u oído, no dejarán de creer…simplemente se verán y ya.
Y cómo responderme si yo solo soy un hombre que no entiende de libros o estudios, que se hizo a sí mismo en el camino y se hizo como pudo, sin más ayuda que sus propias manos, estas manos que no lo llevaron más allá de un recogedor de basura y un trabajo que nadie valora. Dónde podrá estar la respuesta, tal vez lo imagino, pero lo que sé es que para responderla necesitaría que alguien la oyera y en este pequeño cuarto de lámina no hay nadie con quien hablar, ni tampoco al llegar al trabajo, ni tampoco al llegar al trabajo, ni cuando voy en el camión o en cualquier calle de esta ciudad. No hay nadie y mi voz se me olvida por momentos, su tono se me hace vago y desconocido, recordarla hace que quiera expresarme o expresarle a alguien mi sentir o malestar, pero creo que ya me estoy acostumbrando a dejar la voz debajo de la almohada.
Barriendo se me va la vida, viviendo si saber por qué y creyendo que algún día habrá un porqué…mientras tanto la gente me mira a veces sin ponerme atención, a veces los miro pero como nadie lo nota, regreso a barrer y barro mis tristezas, mis dolores, mis penas…y espero algún día barrer la soledad que, desde que recuerdo, ha empolvado mi alma, llenándola de un hollín el cual nadie ha querido limpiar.
¡Hermoso! Muy bonito texto.
Dos cosas:
1. Yo creo que la situación del barrendero que narra no es algo extraordinario.Pienso que a veces es precisamente esa falta de sentido o presencia de “hollín” lo que lleva a muchas de las personas que no parecen compartir el sentimiento a curárse o distraerse con las “pláticas por demás interesantes” o cualquier situación cotidiana. Lo que pasa es que, aunque parece ser dominante la idea del sinsentido, muchos piensan que el sentido es algo que se construye de alguna forma.El problema es que formas de construir el sentido hay muchas y muy variadas y, dadas la apatía y la pereza que muchas veces predomina, la más fácil es asumir un sentido o finalidad ya dado por alguien más, o por la moda, o por el sistema (según), o por qué sé yo.
2. Me encantó la imagen del personaje viéndose a sí mismo al ver a la hormiga. ¡Está hablando de sí mismo.
por lo pronto es todo.
También dos cosas:
1. Coincido, en parte (como siempre), con martinsilenus: es buenísima la imagen de la hormiga. También me agradó bastante el punto de la almohada, no sólo porque la palabra es bonita, o porque la frase común que a ella suele referirse es plena de sentidos, o porque las almohadas cómodas son bien ricas para dormir, sino porque aquí, además de todo, se vuelve la única compañía del meditador.
2. Sería bueno preguntar por qué en el punto uno de martinsilenus no apareció la posibilidad, que completaba el conjunto, de una finalidad no formativa. Sería bueno preguntarlo…
Me parece relevante que a ambos les haya agradado cierta parte del escrito. Puedo decirles que es bastante antiguo, que en el pasado me pareció sencillamente real lo que se dice ahí. Hoy, a algunos años de distancia puedo notar que no todo es tan sombrío, así tengamos o no el destino de encontrarnos en la soledad del personaje.
En fin… tal vez haya un sentido por ahí escondido en el escrito, jejeje.
Me gustó mucho el relato, y más me ha gustado el final, porque me parece muy curioso que alguien que vive limpiando en soledad su alma espere que llegue alguien más a limpiar el hollín que se va acumulando en la misma.
Además, la imagen de la hormiga me ha parecido maravillosa.