Personajes.
Alfredo Aguilar. Hombre entrado en años, cansado y nostálgico; defraudado por los nuevos tiempos, modas y tendencias modernos, aunque aferrado a creer que no todo está perdido. Trabaja de sirviente/mayordomo en la residencia de la familia Gómez de la Rosa, una de las familias más ricas y renombradas de la ciudad.
Señora de la Rosa. Mujer elegante, guapa y ostentosa de no más de cuarenta años, madre de familia. Buena persona, sensata y juiciosa hasta cierto punto; consentidora de sus hijos, a quienes permite lo que sea, en compensación por el escaso tiempo que pasa con ellos.
Francisco Javier. Hijo mayor de la señora de la Rosa. Púber de 14 años rebelde, caprichoso y grosero. Egocéntrico en demasía.
Tania. Hermana de Francisco. Chiquilla de 11 años no tan egoísta como sus hermanos, a pesar de su corta edad. Tiende a ser pertinente hasta donde su situación de vida se lo permite, cosa que le suele causar algunos conflictos con ella misma y con sus hermanos.
Miranda. La menor de los hermanos Gómez de la Rosa. Niña mimada, inocente y egoísta, por la vida fácil y privilegiada que ha llevado siempre.
Ismael Nava Aguilar. Joven de 17 años, sobrino de Alfredo. Joven idealista y comprometido con lo que cree; convencido de que el mal camino que ha tomado el mundo puede ser corregido si todos se decidieran y colaboraran para ello. Defiende sus ideales ante todo con una emoción desmedida.
ACTO 1
ESCENA 1
(La escena se desarrolla en la calle en la que se encuentra la residencia Gómez de la Rosa. Alfredo e Ismael caminan con dirección hacia ella. Se ve que Alfredo tiene algo de prisa. En el pequeño parque que está enfrente de la mentada residencia están Francisco, Miranda y Tania buscando alguna manera de entretenerse y comiendo todo tipo de golosinas. Ismael lee el periódico).
ISMAEL: (Se detienen) ¡Has visto eso! Es la estadística de la basura que se produce al día en la ciudad y el número de basureros que existen. Los tiraderos ya resultan insuficientes ante todos los desechos que produce una ciudad con una población tan inconsciente como la nuestra. ¡Es inaudito! Además ve la basura en las calles, éstas ya parecen otro tiradero más. ¡Y a la gente no parece importarle en lo más mínimo! Aunque se pregone por doquier que hay que recapacitar al respecto, sucede que todos siguen adquiriendo y utilizando más y más productos que no son reciclables ni biodegradables, y que, encima de todo, son muy perjudiciales para la salud, tanto nuestra, como de nuestro suelo, nuestra tierra y sustento. ¡Es intolerable! ¡Tenemos que hacer algo!
ALFREDO: (Medio ausente y con una cara que denota una gran tristeza) Tienes razón… Y quién sabe hacia dónde apunta todo esto. El destino parece cada vez más incierto. Es como si estuviéramos cavando nuestra propia tumba. (Suspira).
ISMAEL: ¡Eso no puede seguir así! No alcanzo a comprender por qué la gente es tan idiota. Creen que con sólo no pensar en ello es como si el problema no estuviera allí. Piensan: “es sólo una basurita, es sólo un cigarrito, ¿cuánto daño puede causar? Además, a la tierra y el suelo no puede afectarles eso. Y a mí menos…”. Parece que únicamente reaccionarán cuando se vean a sí mismos viviendo inmersos entre pura basura… para lo cual no falta mucho. Por ello, hoy iré con unos compañeros a manifestarme en contra de la inconsciencia ante estos asuntos.
ALFREDO: Y lo malo es que quienes menos se preocupan son los que habrán de verse, de entrada, menos perjudicados por eso. Es como siempre, los primeros en pagar los platos rotos son las personas que menos tienen…
ISMAEL: … y que, paradójicamente, son los que más cerca están de ver el problema y hacer algo, aunque por el momento no es así. A diferencia de las personas como para las que trabajas…
ALFREDO: Eso me recuerda que ya voy tarde. La señora de la Rosa me dio permiso de llegar hoy hasta estas horas para que pudiera ir a la misa de tu abuela, y ya sabes que no me gusta abusar de su confianza y llegar más tarde de lo que digo.
ISMAEL: Te apuesto a que no se molestará. Ella no es tan mala persona, después de todo. Además de que seguramente no estará. Ella suele estar muy ocupada ¿no? Lo malo son sus insoportables hijos, tan caprichosos y maleducados.
ALFREDO: Yo no creo que sean tan malos. En especial la señorita Tania. Lo que pasa es que no los conoces bien ni los has tratado nunca.
ISMAEL: ¡Gracias a Dios que no los conozco más! Ni me interesa. Los tres se ven iguales.
ALFREDO: Sea como sea, mejor será que me apresure. Nos vemos en la noche.
ISMAEL: Adiós. (Permanece pensativo un momento mientras su tío corre.) Pobre viejo. Se ve tan cansado y es tan ingenuo. Esos niños son una lata. (Se aleja del lugar. Sale).
ESCENA 2.
(En la puerta de la residencia, al detenerse para abrir la puerta, Alfredo escucha las conocidas voces de los pequeños de la Rosa. Se escucha como que están discutiendo. Voltéase y los ve peleando. Decide acercarse para ver qué sucede).
ALFREDO: ¡Niños, niños! ¿Qué pasa? ¿Por qué discuten?
TANIA: ¡Alfredo! Ve lo que están haciendo. (Señala hacia donde está su hermana menor, bajo un árbol alrededor del cual se hallan múltiples envolturas de dulces, y los restos de cajas de teléfonos celulares, pisoteando florecillas y rociándolas con Coca-cola).
FRANCISCO: ¡Cállate tonta! No te metas. No porque tú seas una aburrida nosotros no podemos divertirnos como queramos. (Le da un empujón).
TANIA: ¡Alfredo! Diles algo por favor. (Corre hacia él).
ALFREDO: A ver, a ver. No se empujen. ¿Qué sucede? (Miranda, al ver a Alfredo, tira la lata de Coca cola que tiene en su mano y se retira de donde estaba).
MIRANDA: Hola Alfredo ¿Por qué no viniste hoy en la mañana? Te extrañamos.
FRANCISCO: Te extrañaron ellas, que son unas tontas. Yo no, porque siempre te la pasas molestándome.
TANIA: No seas grosero. ¡Alfredo! Qué bueno que llegaste. Mira, estos dos están arrancando flores, ¡pobrecitas! Y tirando basura de lo que nos trajo el secretario de mamá.
MIRANDA: Mira, mira Alfredo. Mami me compró un celular nuevo, con cámara, grabadora y tantas otras cosas.
ALFREDO: Está muy bonito. Pero tiraste la caja al suelo. Mejor levántala y tírala en un bote de basura.
FRANCISCO: No le hagas caso hermana. Tú puedes dejar la basura en donde te dé la gana. Vámonos. (La toma del brazo y se van a su casa. Tania y Alfredo los ven irse. Después él y Tania se ponen a recoger la basura y depositarla en el bote).
TELÓN
ACTO 2.
ESCENA 1.
(Dentro de la residencia. La habitación está hecha un desastre. Francisco y Miranda están quietos viendo la T. V. mientras Tania hojea un volumen de cuentos de Oscar Wilde. Alfredo se dedica a limpiar lo que puede en tanto los niños están tranquilos.)
Entra la señora de la Rosa.
SEÑORA: Hola mis niños. ¿Cómo están? ¿Les gustaron los nuevos teléfonos que les compré? Vengan a darle un abrazo a su mamá.
MIRANDA: Sí, el mío está muy bonito. ¡Muchas gracias mami! (Le da un beso en la mejilla).
FRANCISCO: A mí no me gustó. Ese no era el que yo quería. Te dije que el modelo XS94ZB000040. (Lo arroja al suelo y se rompe)
SEÑORA: Perdóname, amor. Mañana te consigo el que quieres. Alfredo por favor limpia eso y tíralo a la basura. (Francisco se le adelanta, toma los restos y los arroja a la calle).
Salen los niños.
ESCENA 2.
(Mismo escenario).
SEÑORA: Por cierto, Alfredo, ¿Cómo te fue en la misa a la que ibas?
ALFREDO: A decir verdad, fue una bella ceremonia; aunque cada año va menos gente. Ya ni siquiera van mis hermanos: parece que ya se olvidaron de su madre. (Agacha la cabeza con tristeza).
SEÑORA: Eso es bastante triste; pero así son las cosas ahora… ¿Y tu sobrino Ismael? ¿Él sí fue? Es un joven inteligente y respetuoso. ¿A qué se dedica ahora?
ALFREDO: Él sí fue. De hecho, me acompañó hasta aquí hace rato. Me estaba comentando que ahorita anda molesto por el problema de la contaminación. Iba a ir a una manifestación hoy.
SEÑORA: Eso es un asunto importante. Me parece bien que los jóvenes como él estén preocupados por cosas de importancia como esa.
ALFREDO: Así es; pero no sé qué tantas esperanzas se pueden tener al respecto. La gente sigue tirando basura siempre y las industrias contaminando con sustancias.
SEÑORA: No hay que ser pesimistas. Lo de las industrias es cierto, pero lo de la basura en la calle no es tan grave; basuras pequeñas, colillas de cigarros por ejemplo, no hacen tanto daño. Las cosas no han de estar tan mal como las pintas. Veamos las noticias.
(Enciende la T. V. y le pone al noticiero. Están diciendo que hubo un accidente. Alguien arrojó un cigarro en una gasolinera, cerca de la cual iba pasando una manifestación en contra del tirar basura y la contaminación. Parece que una de las bombas de la gasolinera tenía una pequeña fuga y estalló. Tres trabajadores están muy graves, al igual que algunos de los manifestantes. Al identificar a los heridos de mayor gravedad, el locutor menciona el nombre de Ismael Nava. Tanto Alfredo como la señora de la Rosa se ponen blancos. Están pasmados. En tanto, entran los niños peleando por un paquete de una golosina. Tania desiste y se marcha enojada. El paquete se rompe y su contenido cae. Francisco, enojado, tira la bolsa por la ventana hacia las flores que hay fuera de la casa. Miranda se pone a llorar.)
TELÓN