Un hombre de palabra

HOMBRE DE PALABRA.

“Dijo Dios: “Haya luz” y hubo

luz. Dios vio que la luz era buena

y la separó de las tinieblas. Dios llamó a la luz “Día” y a las tinieblas “Noche”. Y atardeció y amaneció el día Primero.”

Gén: 1,3-6

La afirmación sobre la racionalidad del hombre es algo que escuchamos cotidianamente, decimos que éste se define como un animal racional[1], y nos percatamos de esa racionalidad mediante el habla, pues con la palabra el hombre expresa y comunica lo que es, lo que siente y lo que ve, a veces diciendo la verdad, en ocasiones errando en lo que dice y en otras tantas mintiendo, pero siempre expresando y buscando comunicarse.

Pero, la cotidianidad con la que afirmamos que el hombre es un ser de palabra, es decir, que se define por hablar, nos oculta los problemas que de tal afirmación se desprenden, pues no siempre nos detenemos a pensar en lo que significa que el hombre sea un animal que habla.

Así pues, en el presente escrito me dedicaré a explorar lo que significa afirmar que el hombre es un ser racional, es decir un ser definido por su uso de la palabra.

En primer lugar, nos conviene explorar lo que hacemos cuando hablamos, pues decir que el hombre se define por esta actividad implica que hablar es algo que le pertenece sólo a él, es decir, no es algo que podamos aprehender fijando nuestra atención en otros seres; de modo que para hablar sobre el habla es necesario que nos detengamos a pensar en nosotros mismos como seres que hacemos uso de la palabra.

Cuando hablamos lo hacemos para darnos a entender, ya sea con otro o con nuestra alma, dialogamos con nosotros mismos como si fuéramos un otro, mentamos aquello que pensamos para que aquel con el que hablamos nos entienda sin necesidad de que aquello de lo que se habla esté presente y sea señalado con los dedos.

Al mentar, usamos nombres, y esos nombres se refieren a las cosas que conforman a nuestro mundo o a las acciones que hacemos o padecemos de alguna manera, el hecho de nombrar implica que somos capaces de desprendernos un tanto de aquello a lo que mentamos con el nombre, pues aún cuando aquello de lo que hablamos no se encuentre presente somos capaces de saber sobre qué estamos hablando; así pues, el habla se constituye, en un primer momento, como un acto que nos permite tomar distancia respecto a las cosas que nos rodean. Pero, al mismo tiempo, el habla nos acerca a ese mismo mundo del que inicialmente nos distanciamos, pues al mencionar acercamos hacia nosotros aquello que no se encuentra al alcance de nuestra mano, o que no podemos tocar porque no es algo sensible; por ejemplo, cuando hablamos sobre lo divino nos acercamos a lo que no podemos captar más que con el intelecto, y que de hecho no podemos tocar o señalar con el dedo.

Esta doble naturaleza del habla nos deja ver, en primera instancia, que el hombre es un ser que se encuentra en tensión, se ubica entre la inmediatez que le proporcionan los sentidos, pues es un animal, y la distancia espacio-temporal que le proporciona el habla, la cual lo conduce, la mayoría de las veces, a vivir en el malentendido, pues el habla no contiene la certeza que sí nos dan los sentidos.

Pero aceptar que vivimos constantemente en el malentendido implica que aceptemos que la finalidad del habla que mencioné unas cuantas líneas atrás no siempre se cumple, por lo cual el hombre se definiría por una actividad que no necesariamente comunica sino que en ocasiones oculta, de ahí que tenga la capacidad de mentir o de errar cuando pretende hablar sobre ciertas cosas.

El error y la mentira, es algo con lo que vivimos cotidianamente; a lo largo de nuestra vida, si bien nos va, nos percatamos de aquellos errores que cometemos cuando afirmamos algo, mentimos o descubrimos alguna mentira, lo que si no dejamos de hacer al hablar es expresar, y en algunas ocasiones comunicar.

Si nos son tan cotidianos el error y la mentira, es porque el habla también da la oportunidad de retractarse, un error en otros ámbitos puede ser fatal, no es lo mismo equivocarme al decir de qué color es una fruta que equivocarme al confundir una fruta venenosa con otra que no lo es, del primer error puedo aprender y retractarme, del segundo, difícilmente salgo viva.

Darnos cuenta de esto, también significa percatarnos de que el habla no siempre muestra a las cosas como son, de ser siempre así no habría lugar para el error o para la mentira; el habla sí nos dice algo sobre aquello de lo que hablamos, pero al mismo tiempo oculta ciertos aspectos de lo que mencionamos; por ejemplo, cuando nombramos una cosa nos fijamos en aquello que tiene en común con otras de la misma especie, pero dejamos fuera lo que hay de individual en esa misma cosa, es decir, queda oculta atrás de lo que de ella decimos.

Lo anterior, nos ayuda a ver que al aceptar que el hombre es un ser que se define por su uso de la palabra, aceptamos que éste, al igual que el habla es un ser que muestra y oculta al mismo tiempo las cosas, lo que implica que cuando le preguntamos por él mismo, se muestra y se oculta a un mismo tiempo, escapándose como el agua entre los dedos de una mano.

Al ser tan escurridizo, el hombre se sustrae a una posible definición clara y distinta, de modo que no podemos afirmar que éste es sólo un animal racional, es decir, que se distingue de entre todos los seres por el uso de la palabra, pues al hacerlo dejamos fuera el hecho de que el hombre sigue siendo hombre en el silencio.

Por otro lado aceptar que el habla es lo que define al hombre implica que éste es formado como tal por el uso de la palabra, lo que nos invita a pensar si es el uso de la palabra lo que forma al hombre como tal, o es porque el hombre es hombre que hace uso de la palabra.

Este problema no es pequeño, por una parte al decir que el uso de la palabra es lo que hace al hombre ser lo que es, tal pareciera que afirmamos que el habla es la que lo forma como tal, lo que equivaldría a decir que una persona tiene cierta manera de ser y de ver el mundo porque así lo ha determinado el modo de hablar que ha aprendido de sus padres o de la cultura que lo rodea.

Por otro lado al decir que por ser el hombre lo que es le resulta inevitable el uso de la palabra, afirmamos junto con ello que el uso de la palabra es determinado por el hombre, lo que podría llevarnos al extremo de afirmar que es el hombre el que se forma una manera de ser y de ver el mundo conforme va dando nombres a las cosas.

Con lo hasta ahora dicho, podemos concluir, que si bien no sabemos si la palabra es la que forma al hombre, o el hombre es el que forma a la palabra, lo que sí sabemos es que el habla y el hombre no pueden ser separados de manera fáctica para ser estudiados, pues así como no hay habla sin hombre, no hay hombre sin palabras, porque aun cuando pensamos en silencio, pensamos con palabras, es decir con signos que nos acercan a lo que no está presente y al alcance de la mano.


[1] Cfr. La entrada de diccionario “hombre” en el DRAE, edición 22.

16 Comentarios

  1. Námaste Heptákis dice:

    Que el hombre siga siendo hombre en el silencio es señal inequívoca de que o bien nuestra noción de palabra es demasiado pequeña, o bien nuestra noción del silencio es muy obscura; pues en sentido estricto sólo del hombre decimos que permanece en silencio. Visto así, el silencio es un modo del habla.

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  2. maigoalidad dice:

    Considero que el problema con el silencio consiste en que normalmente nos percatamos del uso de la palabra mediante la emisión de la voz, la cual implica en cierta manera la negación del silencio.
    Decimos que un hombre permanece en silencio porque ya hemos visto que hace uso de la palabra cuando emite sonidos articulados con un sentido en específico.
    Ahora, eso no significa que el silencio no sea un modo del habla, sino que este modo de hablar es muy obscuro, pues hablar sobre el silencio nos obliga a hablar sobre aquello que hace que el hombre permanezca callado, me estoy refiriendo a lo inefable.
    Así pues creo que para enrriquecer nuetra noción de palabra, es necesario aclarar lo más posible lo que sea el silencio, aclaración que también va dirigida hacia lo que llamamos inefable; y que por inefable parece inarticulable, apariencia que habría que investigar.

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  3. Námaste Heptákis dice:

    Bueno, antes de lo inefable podríamos hablar de otros silencios: el del enojo, el de la vergüenza (que quizás es el mismo que el de el aprendizaje, lo descubrí ayer por la noche), el de la indiferencia, el precautorio y el silencio incómodo. ¿No crees?

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  4. martinsilenus dice:

    maigoalidad, una tercia de cosas me llamaron la atención más que las otras. la primera es quer el pensar al hombre como un ser en tensión entre los sentidos y el logos hace parecer que unos y otro son opuestos necesariamente, y yo no pienso que sea así. me parece una salida sencilla a un problema más grande.
    en segundo lugar no creo que el habla (o el logos) sea algo tan inocente (en el sentido de una infante) como para que con retractarnos de lo que decimos, lo ocasionado por eso que hablamos se solucione así nada más. es cierta la distinción que haces en relación con hablar de las frutas y comerlas; pero recordemos que la propaganda y la retórica también son habla y pueden llevar a situaciones también de vida o muerte (como el caso de comer una manzana envenenada).
    tercero: me parece que hacia el final juegas mañosamente con los términos, pues recordemos que logos se dice de muchas maneras y te vales de esas muchas maneras para hacer surgir un problema que no sé si sea tan grave, por lo menos en los sentidos en que tú lo tratas. en efecto, dejas ver que estás consciente de la ambigüedad de logos al hablar de palabra o de habla o modo de hablar. la posibilidad de que el habla sea ontológicamente primero que el hombre no quiere decir que lo que dice el hombre sea lo primero, pues no es lo mismo el logos individual que el que subyace a todo (al hombre por lo menos, en esta posibilidad). ¿es Heráclito el que dice algo que va por allí o estoy mal? en cuanto a si el uso de la palabra es determinado por el hombre, creo que en cierto sentido sí es así, porque cada quien es responsable de lo que dice (aunque no necesariamente de lo que se puede interpretar de lo dicho), y sí va formando su forma de ver el mundo mientras nombra las cosas, pero eso no quiere decir que las nombre arbitrariamente, pues el logos mismo, el no individual sino el común a todos sería el garante de que el orden se mantuviese.
    ¿qué te parece?

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  5. maigoalidad dice:

    Hola Námate Heptákis.
    Respecto a los distintos silencios, puedo decir que estoy de acuerdo en que hay que tomarlos en cuenta cuando pretendemos decir qué es el silencio. Sin embargo, creo que aún cuando estamos enojados o sentimos vergüenza estamos pensando en algo, y ese pensar se da en palabras, por lo que no estoy muy segura de que el alma guarde silencio, aún cuando el hombre que vemos frente a nosotros no articule algún sonido.

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  6. maigoalidad dice:

    Hola martinsilenus, me tardé en responder, pero he aqui lo que he pensado respecto lo que me has comentado:

    En primer lugar quiero señalar que la oposición sentidos-logos de la que hablo se limita al hecho de tener que decidir entre lo que se puede o no decir de las cosas, el hombre es un ser que está en tensión constante entre lo que no es definible porque se capta inmediatamente, como el hecho de ver que vemos, y lo que por ser explicado da lugar al malentendido. Esta elección no es simple, pensemos en un hombre de ciencia que tiene que elegir entre hacer caso a lo que le dicen sus sentidos o a la exactitud que le prometen sus ecuaciones.
    Respecto al segundo punto que señalas, puedo decir que yo no considero al logos como algo inocente, de ahí que haya malentendidos y metiras. Sin embargo, aún cuando el logos es capaz de hacer bastante daño, considero que es muy valioso que en el uso de la palabra exista la posibilidad de retractarse, no porque eso sea suficiente, con la palabra no se puede deshacer lo hecho, sino porque es mejor decir me equivoqué que continuar por un camino errado. Por ejemplo, creo que para Teetetes es mejor desistir en su empeño por definir al conocimiento como percepción una vez que se ha pectarado de las insuficiencias de este camino, que seguir errando por la vida debido a que no es suficiente retractarse.

    Respecto al logos, por lo pronto, sólo me queda decir que pensar al logos como garante del orden que hay en el mundo, supone que efectivamente hay un orden, y la pregunta por el modo de ser del habla (si ésta es convencional o no) apunta presisamente a la pregunta sobre la existencia o no de un orden en la naturaleza.

    Por último quiero aclarar que estoy segura de que cada quien es responsable por lo que dice, pero al mismo tiempo me pregunto si eso de que dice cada quien se debe a que así capta al mundo del que habla o a que pretende determinar al mundo mediante su forma de hablar.

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  7. Námaste Heptákis dice:

    En la respuesta a martinsilenus hubo un punto que de plano no entendí.
    Nos dices: «el hombre es un ser que está en tensión constante entre lo que no es definible porque se capta inmediatamente, como el hecho de ver que vemos, y lo que por ser explicado da lugar al malentendido». ¿Podemos decir, entonces, que las definiciones son los lugares del malentendido? Lo pregunto porque no me quedó clara la disyunción entre lo inmediato de la captación (aquí, por cierto, la expresión es equívoca, porque parece que toda captación, en tanto que abarca, debería ser mediata; pero eso es otra cosa) y lo malentendible de lo explicado, sobre todo considerando que, supongo, toda explicación tiene como fin evitar el malentendido. ¿Cómo ves?

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  8. maigoalidad dice:

    Hola Námaste Hetákis.
    Dejame ver si logro explicar con mayor claridad lo del malentendido.
    Efectivamente afirmé que la definición es el lugar del malentendido, pues cuando pretendemos definir algo, lo hacemos a partir de lo que varias cosas tienen en común, la definición, creo, es lo que más se desapega de los individuos a los que se refiere, pues abarca al mayor número posible de individuos. Al ocuparse de varios indivioduos, la definición no permite distinguir entre estos, de modo que no es posible mediante la definición señlar con claridad y distinción a lo que hace a cada individuo ser lo que es.
    Estoy de acuerdo en lo que señalas sobre la explicación, ésta efectivamente tiende a evitar el malentendido, sin embargo, no siempre lo logra, pues una explicación parte de lo que supone evidente para quien va a escucharla, y ese supuesto a su vez puede ser falso.
    Así pues, considerando lo anterior, la disyunción entre lo inmediato y lo que requiere de explicación, es una distinción entre lo que nos es evidente y lo que necesita de ser explicado para ser aceptado como verdadero.

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  9. Námaste Heptákis dice:

    Ok. Aclarado el punto.
    Espero ver qué comenta martinsilenus.

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  10. martinsilenus dice:

    … ya me confundí:
    me parece que estás recurriendo voluntariamente a excepciones y casos extremos para referirte a algo que simplemente es más común de lo que hace parecer tu discurso.
    -pienso que la elección del científico a la que te refieres no es fácil ni dificil, simplemente no es algo que le preocupe al científico. ni siquiera estoy seguro que sea algo difícil para cualquier otro en su vida diaria, tan sólo en casos extremos. quizás todo el problema de la tensión y eso sea consecuencia de llevar una vida extrema. para mí, sí suele ser problema.
    – no he leído el Teetetes, entonces no te puedo decir; pero lo que sí puedo decir es que ni el retractarse ni el desistir de algo, son cosas fáciles, a no ser que ya el nihilismo haya llegado a tanto que da igual decir que no decir o decir verdad que decir mentiras. implica, por lo menos, cierta vergüenza (algunos dirían pudor; pero yo no).
    – acerca del asunto del logos y del orden, me parece que es cuestión de desde dónde lo veamos. si es una petición de principio el hablar de orden porque hay logos y viceversa, entonces todo vale. si no lo es, sino que hay algo más fundamental, de lo que incluso nos podemos dar cuenta de manera inmediata y sensible, que creo que es el caso, entonces no veo el error lógico. simplemente no hay que fingir que no tenemos ojos (cuando sí los tenemos, jaja).
    – de lo último… creo que todo depende de cuánto control suponemos que tenemos del habla. ahora bien, no es lo mismo el habla del poeta que del matemático, que del jugador de football americano, que del ciudadano de Oceanía en 1984. lo que no sé es cuál de los anteriores tiene mayor control de lo que dice.

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  11. maigoalidad dice:

    Hola martinsilenus, respecto a la decición del científico, sólo puedo decirte que no es algo que resulte fácil, cuando éste no parte de los supuestos que le ha legado la ciencia moderna, es decir cuando no se ha relegado a ser un hombre de hechos. Concuerdo contigo en que la vida diaria muestra que la elección no es tan difícil, pero no logro acabar de entender cómo es que a pesar de lo evidenciado en la vida diaria haya quienes prefieren explicar a esa vida diaria mediante ecuaciones.
    – Por otra parte, quiero aclarar que no creo que retractarse sea algo fácil, realmente se requiere de mucho valor para hacerlo, alguien piusilanime no es capaz de reconocer que se ha equivocado. Así pues cuando hablo de la posibilidad de retractarse de lo dicho, lo estoy pensando desde la perspectiva de alguien que es capaz de sentir vergüenza y de aprender algo.
    – Por último respecto a quien tiene mayor control sobre lo que dice, creo que eso depende de si podemos darnos cuenta o no de quien ha reflexionado sobre su forma de hablar y su forma de ser y sobre la mejor manera de decir las cosas, pero de ahí en fuera no puedo decir más al respecto.

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  12. martinsilenus dice:

    -… no sé, creo que precisamente un científico no se anda con esas cosas, por eso es científico y no otra cosa. su mundo se deriva de una srie de supuestos que, solamente si se da algo que los cuestiona férreamente, le causa problemas (cosa que casi no sucede)… me parece que estamos suponiendo muchas cosas respecto a la manera de pensar de un científico, y a la visión que se desprende de los «supuestos» que mencionas… quizás sí son supuestos, pero no son algo tan endeble como parece en tu discurso. digo, es muy fácil decir cómo piensan unos y otros y cuestionar lo que piensan; pero eso no quiere decir que ellos lo cuestionen también.
    -de lo de retractarse, con lo dicho, ya no entiendo en qué radica lo más fácil de la actividad de hablar con respecto al actuar. ya se ha oscurecido lo que dijiste en un principio. pienso en un asesino que se disculpa… no, la verdad no pienso en él.
    – por último, creo que sí podemos darnos cuenta de eso, pero eso no me dice nada respecto a quien domina más su forma de hablar; pero eso no me dice mucho respecto a la cuestión inicial de si determinamos al mundo con el habla o éste es detrminado por aquél… jajajajaaj.

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  13. maigoalidad dice:

    Hola martinsilenus, espero con esto pueda aclarar las dudas que aún quedan pensientes.
    1. Creo que el problema con el que se dice científico, es que ya no pone en tela de juicio aquellos supuestos de los que parte para su investigación, si lo hiciera, no progresaría como quiere. El que se dice científico, que es la gran mayoría, ha devenido en técnico, pues una ciencia de hechos, hace hombres de hechos.
    2. Sobre el retractarse, creo que es mejor, no más fácil, hacerlo que no hacerlo nunca, cuando afirmas durante años que la luna tiene una superficie lisa, retractarse respecto a esa afirmación es mejor que mantenerse en ella si se pretende conocer la naturaleza de la luna. Obiamente con retractarse no se deshace el daño que se provoca, pero es mejor que continuar por el camino trazado desde el principio.

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  14. martinsilenus dice:

    buenas noches.
    maigoalidad:
    1. creo que has dado clavo en lo que al científico se refiere. en efecto no pone en tela de juicio los supuestos de los que parte en sus investigaciones; también creo que en gran parte la ciencia moderna ha devenido técnica; pero eso es una cosa aparte. estoy de acuerdo contigo en todo lo dicho, pero entonces creo que tú misma has reconocido que el científico del que hemos venido hablando no está en la tensión a la que te refieres en tu escrito, lo cual no lo hace un caso afortunado para ejemplificar a dicha tensión. ahora bien, ¿nosotros sí cuestionamos nuestros supuestos? ¿vivimos en tensión entre los sentidos y la razón (el logos)? yo sigo pensando que en general no lo hacemos sino en excepciones.
    2. en cuanto a lo de retractarse, yo nunca he dicho que es mejor no hacerlo; todo depende en cómo entendemos lo mejor en cada caso y si lo que concebimos mejor en cada caso ciertamente es lo mismo en todos ellos o no lo es. digo esto porque creo que ya caímos en un terreno muy abstracto y general en cuanto al retractarse, siendo que esto es muy específico y requiere soluciones específicas.
    ¿qué dicen al respecto?

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  15. maigoalidad dice:

    Hola martinsilenus:
    1.Respecto a los del científico, creo que tienes razón al señalar que éste quizá no sea un buen ejemplo para hablar de dicha tensión, a menos que logremos hacer la distinción entre científico, investigador que sí es capaz de poner en tela de juicio los supuestos de los que parte antes de comenzar a hablar sobre la naturaleza, y el técnico que aplica dichos supuestos para usar a la naturaleza como mejor le convenga. Tienes mucha razón cuando señalas que incluso nosotros, salvo en contadas excepciones somos capaces de poner en tela de juicio nuestros supuestos. Sin embargo, sí creo que vivimos en tensión entre los sentidos y el logos, pues parece que el logos no es suficiente cuando queremos hablar sobre aquello que captamos con los sentidos.
    2. Sobre el retractarse, considero más prudente esperar a ver qué dicen los demás, pues efectivamente entramos a terrenos escabrosos.

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