UN REFLEJO ES DISTANTE

UN REFLEJO ES DISTANTE

Ya no puedo detenerme más, no sé cómo hacerlo, tengo miedo de estar solo con él pero lo estoy, me angustia saber que cada día soy más como es. El mundo que conocí, ya no parece familiar. Hay veces que siento miedo de él, no sé porque se ha convertido en alguien que no conozco, un rostro al cual sé que estoy acostumbrado, al mismo tiempo que me es ajeno. Un híbrido sumergido en su yo, no puede escapar de sí mismo ni de los demás. Me encuentro aterrorizado frente a él, he olvidado como soy pero tengo la imagen clara de cómo es; frio y desinteresado de sí, escapa al dolor bajo un escudo mientras ondea su bandera, rodeado por el miedo, la desilusión, y las ganas de no estar aquí, refuerza sus muros, un solitario e infranqueable guerrero cansado por la lucha, peleando por tantos y para tantos, dispuesto a morir ha olvido por quien debe de pelear. Hay días que lo ayudo a recordar, aunque no sé si todavía combate por ambos o lo hace solamente por él, quizá en ocasiones no se dé cuenta que sigo aquí. Me encuentro muy herido por sus batallas, espero no perder la ilusión de volver a caminar bien por el sendero correcto.
Algunos días intento acordarme cómo fui, pero ya no sé cómo era entonces, no tengo una imagen mía sin él, pues parece que hemos estado juntos desde siempre, solamente puedo creer en el cambio, poder verlo, sin saber cuál ha sido el punto de partida, eso exigiría saber cómo era antes. Ahora sé que soy más como él y menos como yo. Sinceramente desearía que fuese a la inversa. No me gusta pensar que el equilibrio, el cual se ha perdido, jamás se restaurará, me veo obligado a enfrentármele, pero no puedo, ¿Cómo vencerle, si aquel, a quien le temo no solamente ha defendido sus muros, sino también mi mundo que se encuentra dentro de ellos?
Él no había dejado de caminar por la oscuridad, aunque se veía cansado, por lo cual no me costó mucho trabajo seguirlo durante cuatro años, los dos últimos el paso se fue haciendo más lento, pero ahora estamos en una encrucijada, se ha detenido, aun permanece de pie, no sé si ya no quiere caminar más o no sabe cual camino tomar porque la noche no lo deja ver, creo que influye que los caminos se encuentran al límite de nuestra muralla. Este es el momento donde debo tomar yo la decisión, sé que no puedo separármele, aun con miedo tengo que hacer que ahora él me siga o hacer que caminemos juntos para intentar recobrar el equilibrio. Siempre creí que él me había protegido, quizá era yo quien se escondía detrás de él. Tengo mucho miedo por ser yo quien dirige el rumbo, ahora que los muros se quedarán tras de nosotros o que no me acompañe y por lo tanto quedar encallados, pero también tenía miedo cuando solamente le acompañaba y me encontraba dentro de los límites. Espero no perderlo, aunque no quiero ser como él y tengo miedo de serlo, lo necesito para sentirme protegido y pelear.
No sé cómo llamarle. Aunque compartimos el nombre, resulta diferente a mí, la imagen frente al espejo es la misma, pero por alguna razón no puedo reconocerla así, ni puedo darle mi nombre -eso sería perderme-, debo nombrarlo de una forma distinta. En algún tiempo fuimos uno solo, pero me ha superado, tengo que restablecerme y enfrentarlo. No puedo perderlo pero no debo dejar que me domine o ignore. Debo pelear porque el espejo de una imagen la cual pueda reconocer como solamente mía.

3 Comentarios

  1. Námaste Heptákis dice:

    ¿Si será que un espejo puede dar una imagen verídica de lo que uno es? Llevo un rato dándole vueltas al asunto, y casi siempre el espejo lleva las de perder. Por ejemplo, hay una distinción que con frecuencia me agrada pensar: la imagen del espejo y el retrato a lápiz. Sé bien que uno es inmediato, mientras que el otro permanece; que uno se desvanece por el filo del espejo, y el otro queda grabado en el papel para poder ser olvidado: siempre pierde el espejo. Creo que es como en aquello que Villaurrutia dijo de la máscara: «la fuga del rostro hacia la máscara es un síntoma de pura sangre estética».

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  2. maigoalidad dice:

    ¿Será que para conocernos a nosotros mismos es necesaria la relación que tenemos con el otro?
    Si es así me parece que es necesario reconocer que aquel que se refleja en el espejo es un otro con el que podemos relacionarnos, aunque todavía queda el problema de ver si el espejo puede efectivamente dar una imagen verídica de nosotros. Quizá esa imagen que vemos reflejada es a su vez el reflejo de nuestro ser como algo que evanesce en el tiempo.

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  3. Tlilcóatl dice:

    Creo que el espejo muestra exactamente lo contrario a lo que es en realidad.
    En dado caso, el «tú» reflejado sería tu antagónico.
    Siendo que creo en la idea de dualidad en el Hombre, debe existir un «otro» polarmente opuesto en tí, así serías una unidad perfecta.

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