Erotismo, Teología y Modernidad. Dos notas a propósito de la obra de George Bataille

Si quisiéramos responder cuál ha sido el mayor mérito de George Bataille, posiblemente no encontraríamos ninguno lo suficientemente novedoso o grande como para no ser opacado por algún otro gran escritor, y sin embargo su persona y obra nos sigue cautivando a través de las líneas mórbidas de su poesía erótica, de su desorganizada pero fina forma de razonar en sus tratados filosóficos y de su no poco accidentada –pero no por ello desafortunada— búsqueda teológica. ¿Cuál es el encanto –cuál el erotismo— que posee Bataille que lo convierte en un poeta y pensador único? Leer su obra en búsqueda de la respuesta a estas interrogantes limita el horizonte de comprensión al mínimo; él mismo, como su tiempo, están impregnados de la convulsión, decepción, horror, retraimiento de la vida entre guerras. Así pues, en este breve artículo pretendo explorar algunas de las características que en conjunto hacen de Bataille tan singular como atrayente. De ningún modo pretendo que sea una superflua conclusión a su obra, sino por el contrario, una invitación al lector a explorarla de manera profunda.

Inicialmente podría parecernos que las obras de Bataille contrastan de manera radical con su vida; aquél discreto bibliotecario, archivista y numismático  de la Biblioteca Nacional de París, cuya apariencia no delata sus visitas al burdel o el contenido de su obra pues, lejos de ocuparse en tratados de biblioteconomía, la temática de sus trabajos va del erotismo a la ontología, pasando por la teología y la estética. Si bien, la dispersión de los objetos de estudio podría denotar cierta clase de superficialidad, es necesario que consideremos elemento clave para la comprensión de sus trabajos, la irracionalidad de la realidad. Dicho elemento podríamos considerarlo un signo de su tiempo; un constitutivo fundamental de movimientos como el Dadaísmo y el surrealismo de Bretón y Dalí, así como del resto de las vanguardias, mismo que se considera respuesta crítica al culto imperante a la razón, mismo fundamento de ambas guerras mundiales, tanto diplomática como tecnológicamente. Su no-adhesión a vanguardia o movimiento alguno y el hecho de compartir este rasgo con sus contemporáneos lo convierten en un autor singular y a la vez propio de su tiempo. Para explorar algunas nociones fundamentales de su obra (tanto poética como filosófica) podemos recurrir a dos de sus preocupaciones más grandes: erotismo y divinidad.

Comúnmente se tiende a pensar al erotismo y a la divinidad en planos separados. Consideramos que el erotismo es propio de la sexualidad humana o, en el mejor de los casos, asunto de los poetas. Pensar al erotismo únicamente como atracción sexual es una limitación que evidencia la pérdida del sentido característica de nuestros tiempos. Por otra parte, la concepción corriente de la divinidad, en general, se reduce al conjunto de creencias y dogmas propios de la religión más cercana a nosotros –independientemente de si la practicamos o si hemos llegado a ella por convicción o por imitación—, lo cual también nos deja en una situación aporética respecto al ser de lo sagrado, problema que reside en el centro de nuestra comprensión posmoderna del hombre considerado ahora individuo y, como tal, con una religiosidad opcional.

Las consideraciones de George Bataille en torno al erotismo y la divinidad amplían enormemente la dimensión y alcances de estas dos manifestaciones humanas a través de textos como El erotismo sagrado y Filosofía de la religión. La riqueza de estos textos radica en el carácter reinventivo y de redescubrimiento al que se suscribe, pues en lugar de ser pretensión de rescate y reinterpretación de teologías y estéticas poco accesibles u olvidadas, es invitación a la vivencia (que no a la experimentación). Es, además, una investigación casi fenomenológica de estos aspectos que si bien no es radicalmente innovadora por sus resultados, sí contribuye a mostrar estos problemas en sus términos más elementales llevada a cabo a través de una disertación de corte ontológico que –como vimos líneas más arriba—, se ubica en contraposición directa a las investigaciones científicas y a los tenores convencionalmente aceptados del momento, dando como resultado una obra tan contracultural como universal. Contracultural en su incubación y exposición, universal en los resultados de la investigación dado que pretenden alcanzar la validez para todo el género humano y en todo tiempo.

[el análisis ontológico de lo contínuo-discontínuo]

Lo sagrado es para Bataille fenómeno religioso de manera un tanto indirecta: tenemos contacto con lo sagrado a través de la experiencia de la muerte de otra persona, en los ritos funerarios que se practican, pero más aún, en el fundamento de posibilidad de dichos ritos. Esta observación tiene su sustento en un análisis ontológico construido a partir de la dicotomía sujeto-objeto que tomó seguramente de estudios psicológicos o epistemológicos, pero que alcanza cierta resignificación mediante un tratamiento utilitario pues, como muestra en Teoría de la religión, una de las rupturas entre lo contínuo y lo discontínuo que son más evidentes se da en la experiencia de la implementación de un útil. En tanto que distinguimos como fuera del continuum un útil, puesto que sirve para una tarea específica y puedo fabricarlo según su finalidad, podemos conocer no solamente la oposición de estos dos órdenes, sino también el carácter antropológico de dicha ruptura ya que lo continuo refiere a los elementos del mundo que representan ese orden inmutable como la naturaleza, pero el útil surge en una necesidad particular netamente humana que rompe con la continuidad al pertenecer esta misma al orden de lo discontínuo.

Así pues, el primer paso en la comprensión de la teología y el erotismo tiene sus bases en la comprensión de la relación continuidad-discontinuidad. Para volver al ejemplo de lo sagrado, nuestra conciencia de la finitud de la propia existencia es aquello que propiamente pertenece al orden de lo discontinuo, es decir, nosotros como género formamos parte de la continuidad, pero también de la discontinuidad en tanto que somos individuos dotados de conciencia; establecer un punto de contacto con lo continuo es la consistencia de lo religioso, mismo que adquiere el tinte de fenómeno en tanto que experimentable; dicho sea de paso, para Bataille Lo sagrado y Divinidad son una y la misma cosa.

Por otra parte, atendiendo a la relación con el erotismo, comparte la discontinuidad en la continuidad nuevamente en tanto que acto humano, pues la ruptura aquí se marca primeramente en la rica significación de la que está dotada el acto sexual, ya que no es únicamente un acto de animalismo, es decir, de instinto inscrito en la continuidad, sino que es una experiencia singular que tiene infinidad de significados, que además rompe con el orden de lo establecido no sólo en los instintos, sino también en la propia rutina que con el tiempo nos formamos. Esto último implica que también es una ruptura con los hábitos, la costumbre, la reconciliación con el entorno social, es la pauta para disfrutar de una libertad inalcanzable por la vía de la razón, pero sin dejar de ser desenfreno y desbordamiento necesario: la dualidad de los aspectos concluyentes.

[Conclusión]

A las luces de lo anteriormente explicado, es posible divisar vagamente el horizonte del erotismo y la religiosidad en el pensamiento de Bataille. Es justo insistir en que esto es sólo una invitación a la lectura de su obra, pues esto es solo la expresión teórica de una visión más amplia que debe ser considerada bajo el influjo de su poesía. También es posible dar una respuesta provisional a las cuestiones con las que inició el presente artículo, a saber, la importancia de Bataille y si tiene méritos dignos de reconocerse por largo tiempo. Sobre esto último considero que Bataille tiene su mérito donde nosotros tenemos profundo demérito, es decir, él triunfa donde nosotros hemos olvidado aquello que es esencial, donde lo hemos sustituido por las explicaciones científicas y el trabajo, puesto que su obra pone de manifiesto que nociones tan fundamentales en la vida del hombre como erotismo y divinidad han caído a la ignorancia plena, hecho que refleja a nuestra sociedad –contrario a lo que se piensa— como una sociedad empobrecida y al límite de un nuevo tipo de barbarie nunca antes vista en la historia de la humanidad. La falta de novedad a la que me refería líneas más arriba depende de la ignorancia de exploraciones previas, pero es justo reconocer el valor de pensadores en solitario que llegan a mostrarnos los caminos perdidos e ignorados cuando la noche ha caído y el alba no da señales de aparecer.

Perro de llama

6 Comentarios

  1. Yo me inicio en la lectura de Bataille a propósito de un ensayo sobre Hegel. Hay un texto de Derrida que habla sobre la evidencia hegeliana en Bataille, ¿lo conoces? Yo lo intenté leer pero escapa a toda comprensión mía. Texto impenetrable para los profanos.
    Por otra parte, sólo para el chisme, alguna vez leí que Bataille junto con Klosowski (¿se escribe así?) fueron lo que ayudaron a Benjamin a salir de París y que Bataille fue el que descubrió, en la biblioteca de París los archivos que coleccionó Benajamin para su Libro de los Pasajes. He imaginado siempre una novela que hable sobre esos días en esos dos autores, en apariencia tan disímiles, cuando estudiaban juntos en la biblioteca de París. Escena parecida al momento en que Flaubert visita la biblioteca de Londres donde se encontraba Marx investigando para su Capital. También supe que Lacan se fue con la esposa de Bataille, pero no estoy seguro. El chiste, y ahora lo compruebo con tu trabajo, es que Bataille me llama por todas partes. Buen Texto.

    Me gusta

  2. he de reconocer que nunca he leído a Bataille. de hecho como que nunca me ha dado verdadera curiosidad o interés por leer sus obras. después de leído tu texto, me quedé con algunas impresiones:

    1. no sé por qué, pero me da la impresión de que todos los discursos que se realizan en torno a algún autor, artista o pensador «vanguardista», o del siglo XX, se tiende a llamar la atención a que el personaje del caso es excepcional y alguien diferente y no encasillable ni comparable con ningún otro de los que sí se inscriben en algún movimiento de vanguardia, llámese como se llame. ¿no será que ese afán de ser o parecer únicos e irrepetibles es precisamente lo que tienen en común con todos los demás? ¿y no será que eso lo comparten (en menor o en mayor medida) con el resto de los hombres,hayan sido o no hayan sido, sean o no sean, vanguardistas o tengan o no tengan seguidores? no sé es algo que siempre que me pongo a pensar en personajes así llega a mi mente.

    2. sí me dieron ganas de leer a Bataille, pues me parecen interesantísimos los temas de los que habla el escrito (la divinidad y la sexualidad); y generalmente pensados en terrenos diametralmente opuestos. cabe decir que, salvo en Platón (y de una manera no tan evidente, ya por prejuicios ya por lo que sea), no pienso en ningún otro autor que halla tocado esos temas de manera seria.

    3. me llamó mucho la atención el hecho de que manejas como aporético al terreno al cual nos han de conducir los senderos de la religión «más cercana a nosotros», cuando de entender lo sagrado se trata. yo creo que ese también podría ser un prejuicio…

    Interesante escrito Perro.

    Me gusta

  3. Dos cosas:

    1. martinsilenus me ganó mi pregunta, que era la primera que formuló. ¿En épocas donde no hay cultura realmente tradicional cómo nace lo contracultural?

    2. Dos anotaciones ortográficas.
    a) Me parece, smerdiakov, que va con doble s: Klossowski.
    b) martinsilenus, ¿qué pasó? Mira, lee lo que pusiste: «no pienso en ningún otro autor que halla tocado esos temas de manera seria». ¿halla o haya?

    Me gusta

  4. ¡No manches! ¿cómo se me fue eso?

    ¿no se pueden editar los comentarios?

    changos, ¡una peste caiga sobre mí!

    Me gusta

  5. Hola a todos, Serdiakov, Silenos, Námaste.

    Smerdiakov: pues si ya te está acechando ¿qué esperas? no sabía de esos aspectos biográficos que mencionas, honestamente no he leído mucho a Bataille, por eso este texto es una clase de invitación a leer y comentar, más que la expresión de mis conclusiones respecto a erotismo y teología.

    Námaste, Silenus: pues siento que comparto su inquietud por pensar en singular a ese tipo de autores y personajes, creo que se hace evidente en las conclusiones y en las primeras tres líneas del escrito. Tampoco estoy muy de acuerdo en hablar de las vanguardias y de los escritores y artistas de «entre guerras» cual si de singulares se trataran, por eso la pregunta que guía el escrito es si realmente podemos considerarle meritorio. Si bien es cierto que hablo de su singularidad, lo hice sólo en el párrafo correspondiente a la semblanza de su vida. ¿Creen que eso sea muy ambiguo?

    Silenus, en cuanto a lo de la divinidad y la aporía, siento que es tal en tanto a que no estoy asumiendo eso que es más cercano a nosotros sea la religión católica, sino la definición más extendida de divinidad, aquella que se considera como parte del mito que justifica el rito, y que a la vez forma el culto. Las definiciones principalmente de corte antropológicas y sociológicas. En las definiciones que usa Mircea Eliade, por ejemplo. De hecho, en eso es donde creo que se justifica que el título tenga la palabra «modernidad» en que tanto las criticas, como la resolución que nos brinda Bataille son predominantemente racionales, incluso a veces me da la impresión de que llega a dársele primacía a la comprensión en lugar de la experimentación del fenómeno religioso.

    Muchas gracias por sus comentarios y críticas.
    Smerdiakov, si seleccionas una primer obra de Bataille, ahí me avisas a cual le entras ¿vale? igual y puedo conseguirla y luego la platicamos.

    Namaste, Silenus, creen que no sea válida la separación que les indiqué arriba? la de vida y obra? Les Suena tramposo o confuso?

    Me gusta

  6. Independiente del problema sobre lo contracultural cuando no hay cultura quiero señalar que me ha parecido muy interesante lo dicho respecto a la discontinuidad que caracteriza al útil y a la conciencia, de modo que no puedo dejar de cuestionarme si hay una posible diferencia entre la discontinuidad de lo útil y la discontinuidad de la experiencia religiosa, en tanto que es humana, además ¿que relación hay entre el hombre, en tanto que es discontinuo por tener conciencia, y es fundamento de lo discontinuo, y la naturaleza, que se caracteriza por su continuidad? ¿cabe hablar de naturaleza humana en este contexto?

    Me gusta

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s