El baile…2a Parte

Y ahí está danzando en el fruto de las sombras, Dannae se acomoda, encaja su ahora sombra-figura en la masa oscura que se distingue solo por el rayo que se asoma por la rendija. Todas bailan ya gozosas, amansadas, siempre parsimoniosas, dispersas… Llega el coro que corroe, recorre y se esparce cuando anda entre ellas, esas voces, cuando se acercan punzantes sobresaltan a las sombras y por eso se asechan toscamente las unas a las otras y el gélido y viejo coro entre suspiro deja escapar al unísono: -¡¡ El miedo!!- las oscilantes danzantes se miran con recelo, el suspiro y el aliento retoman camino y elevan su canto: -¿Quiénes son?- entre murmullos las figuras responden: – ¿Qué sería de la luz sin nosotras? Somos todos, aquí, en una, y en todas por una-

En un baile de sombras todas se sienten una, dejan escapar sollozos de desprecio al sol, a la rendija, al coro. Dolorosas palabras, frívolos instantes. Las sombras se sienten acompañadas cuando se unen todas en una y bailan, sollozan, y el canto se lo dejan al cruel coro que les repite despectivamente su estado. Ellas se precipitan danzantes, hay un dejo de ¿olvido? Dannae se pregunta si realmente se puede olvidar una máscara…La máscara se conjuga con la sombra, siendo sombras las caretas se distinguen siniestras, muecas, ojos vacíos, labios marchitos, cansados, temblorosos; rostros mecánicos, sin palabra.

Dannae ha detenido su baile, por la rendija se asoma de nuevo el rayo de sol, entonces el coro grita:- Razones más, razones menos, ustedes visiones vacías, manifestaciones de un espíritu que se muere a cada paso, a cada suspiro y a cada palabra ajena, en todas se pierde para ser algo entre sueños, inconscientes, pasos pequeños, golpes ínfimos, montañas minúsculas, observan a las cumbres como cercanas, pero son lejanas, ajenas, motivaciones sin fines, acciones pueriles, añadiduras, pretenden tejer redes inmensas, vosotras relajas de su apego a lo irreal, son sueños que se pierde bajo la voz de los más, que pronto se convierten en el todo, una muerte supuesta para aquellas visones de antaño, convicciones que van de la mano con un progreso, indolora pérdida, padecimientos similares. ¡¡Je criée, vous riez!!-

Y su máscara, más humana, que se hincha enfermiza, que se agita entre sombras, esa que acosa, que se aletarga, que se acongoja, ya no grita, solo llora, contemplando el vacío detrás –dentro, fuera-hacia, por, para, de y en ella, con ella, sin poder distinguir…¿quién es el disfraz de quién?

etnatm.

1 comentario

  1. maigoalidad dice:

    Me ha llamado mucho la atención el desenlace de esta historia, pues me invita a pensar en el problema que implica el uso de máscaras como algo habitual, me refiero a la perdida constante de la visión que puede tener el enmascarado sobre el yo, perdida que lo puede llevar a sentirse cada vez más incómodo en ese rinconcito del que en ocasiones tenemos conciencia.

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