Necesito dinero…

“Ningún sirviente puede quedarse

con dos patrones: verá con malos

ojos al primero y querrá al otro, o

se apegará al primero y despreciará

al segundo. Ustedes no pueden

servir al mismo tiempo a Dios y al

dinero”

Lc. 16,13.

Entre aquellos objetos que representan y muestran mejor la riqueza que posee una persona, encontramos al dinero, pues la posesión del mismo implica la posibilidad de acceder a cuanto objeto se desea tener, ya sea éste un fino y decorado tapiz, o los alimentos con los cuales ha de subsistir su poseedor.

De la posibilidad que representa el dinero, podemos inferir que el deseo de poseerlo sea algo natural para todos aquellos hombres que viven en una comunidad, para todos es claro que tener dinero en el bolsillo siempre proporciona la efímera garantía de que una buena parte de los problemas cotidianos, que se presentan a quienes carecen del mismo, no aparezcan, porque aquel que posee dinero no tiene que preocuparse por buscar aquello con lo que se alimentará o se cobijará cuando lo necesite; de ahí que cuando se presenta la más mínima posibilidad de perder la fuente de dinero, entonces todos recuerden a dicha fuente y se  preocupen por defenderla.

Pensando en lo que acabo de decir, podemos comprender que, en una comunidad donde los bienes que se requieren para la subsistencia son obtenidos mediante el dinero, se hagan presentes personas precavidas y conscientes del carácter efímero de la fuente del mismo, es decir, de la facilidad con la cual tal fuente puede dejar de emanar sus tan necesarias aguas, estas personas son conocidas como ahorradores.

Los ahorradores guardan aquello que de momento no necesitan pensando y previendo que aquello que no necesitan hoy bien lo pueden necesitar mañana, de modo que conforme logran ver a futuro deciden qué hacer con aquello que de momento les sobra o más bien que de momento no tiene utilidad alguna. Así pues, un ahorrador se caracteriza por su capacidad para ver más allá de lo que está viviendo en el momento presente o de lo que ya ha vivido, al tiempo que es consciente de que aquello que prevé es algo incierto, es decir, no tiene ninguna garantía de que lo dicho por Casandra ante el caballo de Troya sea verdad.

Entre aquellos sujetos que se caracterizan como ahorradores podemos encontrar al menos dos modos de ser, descubrimos a quien prevé dándose cuenta del carácter efímero del dinero, pues ve que éste se va fácil; y a quien percatándose de la movilidad del mismo piensa en fijarlo y hacer de él algo  imperecedero, eterno, y por ende siempre presente.

Del segundo tipo de ahorrador aquí mencionado, es de quien me ocuparé por esta ocasión, es decir, de aquel que pretende estatizar lo que se caracteriza por ser móvil y lo hace porque presta atención a todo tipo de palabras, es decir, ve Casandras por todas partes y siente la necesidad de atenderlas a todas, buscando con ello que el fuego no alcance a la ciudad de Troya.

Cabe señalar que si me ocupo de este tipo de ahorrador, es porque en una primera instancia se presenta como un ser que atenta en contra de la naturaleza de lo que es móvil, pues pretende fijarlo para siempre y no sólo temporalmente, en cambio el primer ahorrador mencionado contiene el movimiento con la finalidad de que éste se presente más tarde, lo cual no atenta contra la naturaleza de lo móvil.

Aquí surge una pregunta que de entrada parece fácil de resolver, ¿cómo es que se estatiza al dinero si éste es únicamente una representación del poder que en realidad se posee?, ante tal interrogante podemos decir que una buena manera de estatizar al dinero, es guardándolo, es decir, es mantenerlo fijo en un lugar del cual sólo saldrá para pasar lista, para ver que no falta nada entre aquello que se pretende guardar, es decir, sólo sale de su cofre para ser contado.

Quien guarda el dinero por el temor de perderlo, quien ve señales de peligro cada vez que éste ha de ser separado de su dueño, es un ser que siente ansia por conservarlo junto a sí, al tiempo que siente la necesidad imperiosa de tener cada vez más, es decir, es un avaro. Pero, ¿qué es propiamente la avaricia?, ¿podemos nombrar a todo aquel que guarda dinero como codicioso?, estas interrogantes son las que conducen la reflexión de hoy día, veamos pues qué es la avaricia, la cual no sólo es considerada como un acto reprobable a los ojos de los demás, sino como un pecado capital, es decir, como un hábito que conduce al hombre a múltiples vicios.

Por lo que hasta ahora he dicho, tal pareciera que la avaricia es la mera necesidad de obtener y guardar la mayor cantidad de dinero, lo que implica la necesidad de tener cerca a la representación física de una posibilidad, la cual ha de estatizarse al grado de no actualizarse, o de hacerlo lo menos posible; me explico: si la función del dinero consiste en servir, en primera instancia, como medio de intercambio entre cosas que son necesarias o deseadas, éste al ser simplemente almacenado permanece como posibilidad, representa la posibilidad de tener algo, de modo que tal posibilidad sólo se actualiza al ser utilizado, es decir, al ser intercambiado y así cumplir con su función.

Así pues, resulta que la avaricia es la ansiosa acumulación de una posibilidad, lo que exige al avaro hacer cosas bastante nocivas para la comunidad, tales como robar o aceptar sobornos con tal de poder guardar más y más poder, poder que se guarda con el temor de que algún día haga falta, el avaro se siente tan inseguro respecto a lo que vendrá que no sólo se afecta a sí mismo al evitar gastar lo que tiene, sino que afecta al resto de la comunidad al obligar a la misma a padecer su ansia por tener más y más.

De modo que, podemos ver que el avaro, no es capaz de sentir amor por el prójimo, pues si se permite tal cosa deja de atender a la acumulación de riquezas que cree necesitar esperando la venida de peores tiempos; al no sentir amor por aquellos que buscan en él un hermano, se condena al aislamiento, pues el avaro se torna desconfiado al pensar que todos buscan quitarle lo poco o lo mucho que tiene, de modo que se torna imposible pensar en una comunidad conformada por seres avaros.

Por otra parte, pensando en que no todo aquel que guarda, en determinado momento, un excedente de dinero, se niega a usarlo cuando es necesario, podemos ver que no todo ahorrador es nocivo para la comunidad, pues una comunidad de despilfarradores también acaba por consumirse a sí misma, si no en la desconfianza sí al menos en lo referente a la administración de los limitados recursos con los que seguramente ésta cuenta, pues ningún lugar, por prospero que sea es capaz de soportar a una horda de despilfarradores, los cuales con tal de demostrar a la comunidad que son generosos acaban con la misma al terminar con lo que sea la base de su subsistencia.

De todo esto podemos concluir, que no todo aquel que administra sus recursos pensando en que estos pueden llegar a hacer falta son avaros, pues por causa de algunos buenos administradores la comunidad puede lograr vivir bien, en especial si estos actúan movidos por el amor hacia aquellos otros seres que confían en ellos la buena administración de los limitados.

Por otra parte, también podemos ver que la avaricia es un pecado capital, pues al igual que los otros pecados, conduce al avaro a dañar a la comunidad mediante actos extremadamente reprobables, pues mediante estos se introduce la desconfianza entre los miembros de la misma, al tiempo que aíslan al avaro del resto de los hombres porque no puede ni debe confiar en los demás debido a que estos de alguna u otra forma acaban siendo el infierno.

4 Comentarios

  1. martinsilenus dice:

    me parece que se te escapa una distinción entre los que guardan dinero. ciertamente unos son los avaros y otros los ahorradores «virtuosos» (los que ahorran el excedente para tiempos futuros en los que el ingreso tal vez no sea el mismo), pero creo que te faltó un tercer tipo, que es muy probable que sea abarcado por alguno de los otros dos, dado que haces que la diferencia descanse en la posible presencia o ausencia de la movilidad del dinero. El tercer tipo al que quiero hacer referencia es el de los que, previendo la posibilidad de perder el empleo o la fuente de ingreso (sea ésta la que sea), exageran y guardan de más, incluso limitando sus deseos más de la cuenta. Este tipo que señalo, puede parecerse a ambos tipos de ahorradores que señalas, pues, viendo el futuro y la movilidad del dinero ahorran (igual que el virtuoso), pero al guardar más de la cuenta, me da la impresión de que se pueden parecer un poco a los avaros. ¿qué piensas de eso?
    yo creo que tu división, o bien no es completa en las primeras ramas en que se distinguen las especies de los ahorradores, o no lo es en el sentido de que deja de lado por lo menos al tipo de ahorrador que señalo, el que, aunque no le da la importancia excesiva al fetiche que es el dinero, sí se excede en la precaución de conservarlo.
    por otro lado, aunque coincido en que la comunidad de avaros no parece posible, sí afirmaría que por lo menos es posible la agrupación, la asociación o firma de contratos entre ellos, pues siempre es más posible incrementar las ganancias estando asociados, por lo menos en las condiciones económicas en que vivimos. cierto, algún tipo de aislamiento es el que los caracteriza, pero no es total, creo yo. más bien diría que es extraño, en muchos sentidos que tiene este último término.
    por último, creo que parte de la última anotación que hago se debe a que me da la impresión de que tu análisis es demasiado teórico, en el sentido de que termina siendo algo abstracto. No digo que sea algo malo, pues es en cierta medida necesario, pero sí podrías avisar que es así, para que no compremos sin más que no hay puntos intermedios entre el ahorrador virtuoso y el avaro extremo.

    NOTA: no digo el vicioso avaro, pues creo que no sólo el avaro en extremo, que es del que se habla en este escrito, sea vicioso. tal vez el tercer tipo de ahorrador que sugiero también es vicioso, y tantos otros…

    Me gusta

  2. Námaste Heptákis dice:

    Una pregunta para Maigo y una para martinsilenus (cualquiera puede responder cualquiera).

    Pregunta para Maigo. ¿Y dónde quedan los que invierten su dinero?

    Pregunta para martinsilenus. En tu caracterización del tercer tipo dices que ahorra «limitando sus deseos más de la cuenta», ¿cabe la diferencia entre deseos y necesidades? ¿Qué pasa con el derrochador? ¿Un asceta tiene algo de avaro?

    Me gusta

  3. Maigo dice:

    A martinsilenus: Me parece que aquel que se carcateriza por ahorrar, es decir, por mantener cerca de sí el dinero previendo en exceso males mayores también es avaro, pues como bien señalo, ve el peligro de ser pobre en todo momento, y llega a ser tan paranóico que gusta de vivir pobre por tener temor a la pobreza. En ese sentido el ahorrador del que hablas, también es un avaro.
    Por otra parte, me parece muy difícil que un avaro pueda hacer negocios con otros, pues al hacerlos se arriesga a perder el dinero que tiene, y si los llega a hacer, debido a que su avaricia no es mucha, los hace con miedo y desconfianza en los demás. ¿qué opinas?
    A Námaste Heptákis: Respecto a tu pregunta sobre donde quedarían aquellos que invierten su dinero, no creo que todo inversionista sea avaro, pues cuando pone su capital a trabajar se está arriesgando a perderlo, y es conciente de que dicho riesgo existe, lo cual no le impide animarse a trabajar, es decir a arriesgarse, en ese sentido el avaro, es más bien como un hombre cobarde que prefiere no hacer nada antes que perder aquello que posee, aún cuando las perdidas sean mínimas.
    Sobre el asceta, cabe responder que estos no son avaros, a menos que la intención con la cual llevan su vida es la de no carecer de nada más adelante, además hasta donde tengo entendido un asceta no guarda todo lo que encuentra a su paso pensando en que puede carecer de ello, lo cual sí hace el avaro.

    Por último sólo cabe señalar que conforme a lo dicho por San Bernardo «la avaricia es vivir en la pobreza por miedo a la pobreza».

    Espero haber aclarado un poco aquello que había quedado pendiente.

    Me gusta

  4. martinsilenus dice:

    en cuanto a lo primero, estoy completamente de acuerdo contigo, pero es precisamente por ello que se obscurece la distinción planteada en tu escrito entre los ahorradores avaros y los que no lo son, la cual, hasta donde entendí radica en la consideración de la movilidad del dinero. ¿cómo queda esa distinción, entonces?
    de lo segundo, me parece que basta pensar en casi cualquier gran empresario de hoy en día, en los dueños de grandes corporaciones (ya sean equipos de futbol, dueños de canales de tv, etc.), o simplemente en las personas que van incrementando su capital a costa de los que hacen negocios con ellos en una escala no tan grande…

    Me gusta

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s