¿Es ideal o humanidad?

Si en alguna ocasión han tenido la oportunidad de darle unos sabrosos fregadazos a alguien, quien en un momento de arranque los ha hecho enojar (y no estoy intentando que recuerden por qué motivo), quizá estén de acuerdo conmigo en que es algo que vale la pena vivir aunque sea alguna vez en la vida; aunque después de ello y con el tiempo nos volvamos miedosos y no lo volvamos a repetir. Si están de acuerdo conmigo en esto, lo más probable es porque recordaron alguna ocasión en la cual vivieron algo similar a lo que estoy pensando. Recuerdo varios momentos de mi vida en los que he tenido que dar golpes a alguien, y también recuerdo la satisfacción que me produjo hacerlo. Uno es envuelto por un sentimiento de coraje, ahora sé que se debe a una hormona, que es por que libero adrenalina. Aunque me atrae más la posibilidad de que esto sea por un sentimiento que me envuelve.

He escuchado a alguien decir que en ese momento cada golpe era mejor que el anterior, con lo cual estoy de acuerdo. Por alguna razón resulta ser satisfactorio golpear a alguien o por lo menos participar en la pelea. Sé que alguien que no haya vivido esto se inclinará por apoyar una vida pacífica y sin pleitos, pero también sé que lo más probable es que se deba a que nunca ha participado en una pelea o que ha sido golpeado en las que ha participado. Pero aquellos que han tenido la oportunidad de pelear sin perder en todas las veces, supongo que estarán de acuerdo conmigo cuando afirmo que ese momento de pelea está lleno de “adrenalina”, algo que no es ni miedo ni ningún otro sentimiento que no sea ese tipo de coraje, el cual científica y coloquialmente es llamado “adrenalina”; pues no me refiero al probable miedo que se pueda dar antes de estar peleando, tampoco a la frustración que probablemente sienta quien perdió la pelea, me refiero al que se da al estar peleando.

Quizá parezca una apología de las peleas, quizá una invitación a salir y golpear a alguien que genere en ustedes un peculiar desagrado, o que los invito a resolver los problemas que tengan con otras personas a punta de madrazos, empero, no es lo que pretendo. Esta inquietud surge porque mi vivencia se ha contrapuesto a los ideales establecidos por mi mundo moderno, generando una contradicción en mi actuar y mi pensar. Quizá ese sea el problema, ya soy demasiado moderno, probablemente mi corazoncito creyente en la paz que se genera por el progreso y los ideales de libertad, igualdad y fraternidad se confrontan a mi humanidad. Y esto por una parte, pues se está dejando de lado la confusión que se genera al decir que aquello que tengo es adrenalina, pues por una parte, a través de estudios científicos -o encabronadamente científicos, como un buen amigo diría-, sabemos que no es más que una hormona que se segrega y afecta nuestro comportamiento; pero por la otra, no pierde su carácter de afección que las pasiones tiene, y así, escuchamos a las personas decir, “…y que le llega la adrenalina…”, “…se llenó de adrenalina y…” como si la adrenalina fuera una pasión, la pasión del coraje que se da en una situación determinada. Nos resulta difícil dejar de ser modernos sin dejar de lado la naturaleza humana, y es así por el intento moderno de conquistar (repetir) matemáticamente la formula de la naturaleza. Por ello, cuando me veo envuelto en una situación en la cual mi educación se contraria a mi naturaleza el conflicto es inevitable. Así, mientras estoy de acuerdo que vivir en paz es mejor que vivir sin pleitos también me doy cuenta de lo placentero que en muchas ocasiones resulta ser dejarme llevar por las pasiones, cuando todo está fuera de control, o por lo menos así parece estarlo. Quizá el problema es que aún no superamos la modernidad, la posmodernidad es una ilusión y “peor aun” es más fuerte nuestra naturaleza que nuestro ideal.