Quizá

“Más encantadoras son las hipótesis

que trascienden lo racional…”

 

Hace unos días leí y me volví a asombrar, como hace mucho no lo hacía, de una figura política. No es una figura actual, es una pasada pero muy pasada. Leí sobre Shih Huang Ti, el primer emperador chino. Palabras como colosal, fuerte, decidido, obstinado, autoritario hasta asombroso y extraordinario tal vez se acerquen a describirlo. Es reconocido por ordenar la construcción de la gran Muralla China. Fortaleció, aseguró y conservó “limpio” a su querido imperio. A él se le debe también la creación de los sorprendentes “Soldados terracota” (cosa que nuestro ex -presidente Vicente ha de  recordar muy bien). Buscaba que su imperio fuera inmenso, intocable e infinito, buscaba que el mundo temblara y temiera al oír siquiera de él y su imperio.  Pero esto no es todo. Por muchos es además recordado, y condenado, como aquel emperador asesino del pasado. Ordenó la quema de todos los libros existentes anteriores a él. Borró el legado científico y literario chino. Dejó una China segura y orgullosa, pero también nostálgica, deseosa de conservar su pasado.  Amado u odiado sin duda es recordado. Hoy miles de chinos y no chinos escriben por él y para él, para alabarlo o condenarlo.

Shih Huang Ti no fue el único que condenó los libros, también Clemente de Alejandría lo hizo. Se dice que fue porque creía sólo en la palabra hablada. Se dice además que fue porque sabía bien el peligroso poder que tiene un libro. Los libros tal vez harían reflexionar a los hombres y cuestionarían sus acciones, “sería como poner una espada en manos de un niño”. Tal vez esto pensaban y por eso hicieron lo que tuvieron que hacer. No lo sé. Tal vez lo hicieron porque sabían bien que grandes eventos, que sólo siendo autores de sonoros actos –aun los llenos de desgracia- serían recordados por siempre. Los hablarían, cantarían y escribirían.  Llegarían a un libro. Vivirían para siempre. Si todo fue plan con maña les resultó: aún hoy los platican y escriben. Aún hoy son recordados y viven.

La justificación estética de los males es tema que ha estado y creo estará en boca de muchos.  “Los dioses tejen desdichas para que a las futuras generaciones no les falte algo que cantar” decían por ahí hace mucho. Tal vez sea bueno recordarlo estos días tan llenos de ruido y de gris.  Acciones extraordinarias, hermosas o dolorosas, esas que nos encantan o duelen hasta quién sabe cuánto y dónde, las que nos marcan en serio, han llegado y  aterrizan (aunque cada vez menos) de bellas maneras. Caen con colores, texturas o letras, caen como pinturas, esculturas y también como libros. Escribimos cuando nos gusta o nos duele, cuando algo nos atrapa, nos asombra o espanta, cuando amamos u odiamos. Escribimos cuando el asombro o la desilusión. Tal vez la desgracia nos deje llanto, tal vez nos amargue el rato. Tal vez nos pueda dejar mucho más, tal vez nos haga creadores. Quizá todo –aun este doloroso presente, este sombrío mundo y fragmentado suelo- sea cosa de un plan divino.  Quizá ese plan es un libro. Quizá, como dice Mallarmé, el mundo existe para llegar a un libro.

PARA APUNTARLE BIEN: Esta idea ojalá fuera mía, pero no. Yo la leí de Borges aunque él dice que es compartida. Su ensayo se llama “Del culto de los libros” y está en el libro Otras inquisiciones.

MISERERES: De chile, de mole, de dulce y de pozole: proponen de todo para el Senado (familiares, empresarios, personajes de televisoras…). Propuestas económicas (según): http://gerardoesquivel.blogspot.mx/2012/03/los-programas-economicos-2012-18.html. Tragediota en Toulouse, pero acá también.

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