Esperanza.

Mañana es Jueves Santo. Muchos descansarán y otros tantos guardaran ese día sagrado. De los que descansan, algunos saldrán a pasear y buscarán divertirse, otros simplemente se quedarán en casa con la finalidad de no hacer nada. Entre los que guardan ese día, algunos cumplirán con el rito de acudir a los oficios a ver nuevamente la representación de Cristo lavando los pies de sus apóstoles, otros, quizá los menos, acudirán a los oficios y verán en el lavatorio de pies la imagen más humilde del divino maestro, y pensarán en el nuevo mandamiento de la ley de Dios con el que se abre propiamente el Nuevo Testamento.

Del nuevo mandato no faltará quien vea lo difícil de amar al prójimo como así mismo, así como tampoco faltará quien vea la necesidad del amor divino para poder cumplir con él. Entre aquellos que busquen amar al prójimo seguramente algunos notarán que es fácil cumplir con el mandato si el nombre de prójimo sólo se aplica a quien por alguna u otra razón es próximo a nosotros, otros con la humildad en el corazón pedirán a Dios el milagro de amar antes que el de ser amados.

Mañana es Jueves Santo; y es de esperar que algunos prediquen repúblicas amorosas y perdones que salen de dientes para afuera, pero también habrá quien se percate de que el amor filial que funda al cristianismo y los valores de una república no pueden ir de la mano, estos notarán que el reino de Jesús no es de este mundo y que se basa en un amor que tampoco lo es.

Mañana se conmemora una última cena, una última convivencia con los amigos y una entrega total a los mismos. Mañana se celebra el acto de amor más grande que puede haber entre quienes se unen amistosamente, y no sólo pienso en los actos del Nazareno sino en la entrega que debió hacer Judas. El siempre injuriado Judas, que con tal de ver a su amado amigo cumpliendo con su misión en el mundo debió hacer lo más desagradable de todo, entregar y dejar partir con un dolor que ahorca al corazón al ser más amado que se tiene en este mundo.

Mañana es Jueves Santo y al recordar la trasformación del pan en carne y del vino en sangre, muchos olvidarán que el que mojó su pan en el mismo plato que el Nazareno fue aquel que mejor comulgó con Cristo. Él que alcanzó a ver a través de sus ojos llenos de lágrimas la necesidad de que este se fuera y que al no soportar la separación del amigo decidió seguirlo a su reino que no es de este mundo y que se separa por completo de lo que sí lo es.

Mañana es Jueves Santo, día en que muchos descansarán mientras que otros esperarán  que se obre el milagro de sentir amor,  por lo menos una vez en la vida.

Maigo.

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