Ficciones

Ficciones

“En las horas que pasa en vela redacta imaginarias cartas, argumenta sus quejas con gran exactitud. A las cinco de la mañana siempre tiene razón.   Nunca apunta las ideas que se le ocurren en la vigilia porque sospecha que si no las recuerda no valen la pena. Al día siguiente las recuerda, y no valen la pena”

Me ve, sospecho. Se acerca, no huyo. Coquetea. Seduce. Me descubro seducible. No lo conozco y no me importa. Se acerca más. Me toca, lo siento. Desnudo, me desnuda. Me gusta. Juega. Me engaña. Miente, lo sé. Me altera. Me ve, lo veo, lo sé. Se acelera, me acelero. Me desconozco, me desconcierto; también ésa soy yo.  Me envuelve, me vuela, me mueve, me eleva. Sí. Y luego la calma, luego el silencio, luego se va. Sin embargo no soy la misma…

La ficción es un viejo hábito que no nos deja y que no dejamos.  Nos seduce y nos encanta. Nos sumerge en el mar de amores, de odios, de deseos o miedos. Dice alguno que nos permite salir de la jaula, escapar del tiempo y del espacio llevándonos a estrafalarios y riesgosos destinos. Es una vida como de mentiritas, que es espejo pero no tan fiel.  Alfombra mágica que nos permite el placer, el dolor, el color, el sabor o el honor. Donde se nos cumplen los tres deseos y cosas peores. Le somos fieles porque nos hace vivir y sentir, y acaso también nos hace inconformes. Nos hace anhelar y tal vez trabajar por alcanzar el sagrado deseo. Así –dicen otros- le pasó a Alejandro al leer la Ilíada, así le paso a Wagner (y luego a Hitler) con el Rienzi de Zeigler. Así le paso a la Navidad con Dickens o a la juventud con Werther. Pasa. Su poder es inmenso. Es cómplice de grandísimas y a veces terribles realidades. Es maravillosa aunque también peligrosa. Pero allí sigue y la seguimos. Nos gusta aunque nos mienta. Nos gusta porque nos miente, porque nos libera. Es la llave que abre las inmensas puertas doradas, que suelta monstruos, princesas y dragones. Es el agua fresca, fresquísima y deliciosa que cae, que huele, que sabe. Es el viento que nos muestra las alas que siempre tuvimos. Y no la dejamos porque en realidad también eso somos, también de eso estamos hechos: de cada suave momento del sueño y de la ficción.

PARA APUNTARLE BIEN: El que dice de la jaula es Vargas Llosa en El viaje a la ficción. Y el que dice de Alejandro, de la Navidad y de Zeigler es Jonathan Gottschall en The storytelling animal: How stories make us human.

MISERERES: El protagonista de los columnistas del Reforma ayer fue López Obrador; unos le piden que justifique su discurso y replantee su propuesta económica (por eso del petróleo). Otros lo comparan con “la mediana política de izquierda de los Kirchner”, pero le piden más. Cada vez el rumor de que PRI Y PAN son uno y el mismo (¿el PRIAN?) suena más fuerte y feo: ahora lo dijo John Ackerman http://johnackerman.blogspot.mx/. Latinoamérica quiere discutir la legalización –o regulación- de la droga, pero Estados Unidos dice no, no y no. Además todo está un poco más rotito después del anuncio de la expropiación de la petrolera argentina.

5 Comentarios

  1. Cantumimbra dice:

    Estoy de acuerdo contigo, y creo que vale la pena resaltar aún más el peligro de la ficción, que es tan humana y refrescante. Según yo, el lenguaje es metafórico a profundidades que pocos pensadores serios aceptan, y de ahí tenemos pruebas suficientes de la disposición humana a decirnos con esta clase de juegos y engaños lo que más valioso nos parece. Pienso que el peligro, y me gustaría saber si concuerdas conmigo, es que la dulce ficción en esta profundidad también nos muestra muchas sombras y formas confusas que con facilidad nos hacen olvidar que sólo jugaban con nosotros y nosotros con ellas.

    Me gusta

  2. ferosticaconefe dice:

    ¡Exacto! En realidad lo que quería hacer notar es ese peligro; que se nos va la cabra, se nos olvida que es un juego. Un juego padrísimo, pero un juego al fin.

    Me gusta

  3. Maigo dice:

    ¿Y no será ese juego necesario para ver aquello que si viesemos directamente nos destrosaría? Estoy pensando en cómo la palabra, a veces mediante ficciones como las de genios y lámparas maravillosas, logra mostrar al déspota y tirano que su actuar no es el más justo que digamos.
    Estoy de acuerdo en que la ficcioón crea monstruos, pero no es lo único que hace, por lo que no difiero al decir que es peligrosa, pero al igual que muchos venenos también puede ser salutifera sabiendo acercarse a ella.

    Me gusta

  4. ferosticaconefe dice:

    Maigo, gracias por comentarme. Perdón por responder hasta ahora. Estoy de acuerdo contigo en que el peligro de la ficción, no debe condenarla porque a veces, como dices, es muy necesaria y también bella. Sólo creo que uno debe tener cuidado, porque son como arenas movedizas.

    Me gusta

  5. Maigo dice:

    Gracias por responder, pues ahora me has sugerido la idea de que quizá sea en ese carácter movedizo de la ficción, en la que radica no sólo su peligro, sino también su belleza, porque una ficción malentendida nos acarrea grandes males, pero al ser comprendida como parte de nosotros que algo nos puede deir sobre nosotros mismos, quizá, nos pueda traer grandes bienes.

    Me gusta

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s