El vacío

El monje extendió la mano para tocar el vacío. Su discípulo lo miró desconcertado y preguntó si lo que había tocado no era el tronco de un árbol. En ese momento una rama se quebró y cayó justo en la cabeza del discípulo. El maestro, riendo, respondió, “el árbol, en su infinita benevolencia, te acaba de abrir la cabeza para que puedas vaciarla”.

 

Gazmogno

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