Visiones de la dignidad

Visiones de la dignidad

Para mi amigo Cortés,

mejor que Odiseo,

por su cumpleaños.

Hace un momento,

mi madre y yo dejamos de rezar.

Entré en mi alcoba y abrí la ventana.

La noche se movió profundamente llena de soledad.

Carlos Pellicer

“¿Ni siquiera tú, que estás en el mismo suplicio, temes a Dios?” preguntó el buen ladrón. Junto a él Jesús sufría la descomposición de la carne. Lo más alto, lo más elevado, Dios mismo, se presentaba en la máxima pobreza, en el máximo dolor, en el máximo sufrimiento; Dios encarnado, el Dios pobre, el pobre Dios, era despojado de su pobreza y reducido a la descomposición de la carne. Ahí, entre ladrones; ahí, entre el dolor y la muerte; ahí, ante la más profunda crisis de la esperanza; ahí se evidenció por vez primera el más puro sentido de la dignidad. Dios se tuvo que hacer carne y someterse a la maldad humana, Dios tuvo que reducirse al torturado Jesús de la crucifixión, para que entre lo más bajo de lo bajo, entre los peores, se exhibiese la dignidad. La dignidad se exhibió pero no todos la vieron.

De un lado, el mal ladrón no vio la dignidad de Jesús y, como el nihilista contemporáneo, la negó al mundo. No pudo verla porque el mal ladrón creía, como todo el mundo romano, que la dignidad era producto del orgullo y por tanto era la garantía del dominio. No pudo verla porque pensó su existencia desde la culpabilidad de la aitia, porque vivió su vida con sentimiento trágico. Para el mal ladrón, como para el nihilista contemporáneo que tiene ojo de estercolero, la dignidad es un cuento igual a todos los demás, un cuento que sólo será probado por su capacidad de dominio.

En cambio, el buen ladrón, pudo ver la dignidad parcialmente, pues el hastío no había dominado su vida y necesitaba encontrar un sentido mínimo al dolor. El buen ladrón vio parcialmente la dignidad de Jesús en la cruz porque pensó la situación desde la justicia, esto es alejando de su vida el sentimiento trágico y viendo en la expiación de su culpa el resarcimiento de la justicia (Lucas 23:41). Para que el buen ladrón aceptase su castigo fue necesario disminuir el amor al honor y aminorar el orgullo; el buen ladrón sabe que la justicia es digna porque es buen hombre, porque se avergüenza. El mal ladrón, como el nihilista contemporáneo, es un sinvergüenza; el buen ladrón, quizá como el filósofo clásico, reconoce que hasta en lo peor se distingue lo inaceptable.

Frente a los tres crucificados, Juan, el mejor amigo de Jesús, vio plenamente la dignidad y se entregó en la Esperanza arropado por el manto de María. Contrario a los dos ladrones, la dignidad que vio Juan es la única que salva, pues la dignidad se pierde en la pesada culpa del mal ladrón y la vergüenza del buen ladrón no tiene a dónde ir, mientras que en el amigo que consuela a la madre del crucificado nace el arrepentimiento. Desde que ese joven murió torturado en la cruz flanqueado por dos ladrones, la dignidad vino de la humildad y arrancó a la humillación el triunfo del orgullo.

Námaste Heptákis

Parte de guerra 2012. 5912 ejecutados al 27 de julio.

Ideas en vuelo. “La desgracia de los hombres de hoy es que nuestra piedad está absolutamente ausente de la presencia de Dios”. Javier Sicilia

Coletilla. “Es posible que [Alfonso] Reyes tenga en México pocos lectores -no olvidemos que México es un país de pocos lectores-, pero no hay ninguno que no tenga por él afecto y gratitud. El afecto se debe a que es un hombre de letras que sabe que en tiempos canallas hace falta mucha decisión para afirmar la bondad y la fraternidad. La gratitud se debe a que la obra de Alfonso Reyes encierra un arte de vivir”. Adolfo Castañón

He enviado al gobierno del Distrito Federal la propuesta de nombrar uno de los trenes de la línea 12 como “Alfonso Reyes”, si tú, lector alfonsino, quieres apoyar mi propuesta, puedes dirigirte a la página del Sistema de Transporte Colectivo y proponer el nombre del caballero de las letras mexicanas.

3 Comentarios

  1. Daniel dice:

    Al principio no entendí bien el texto, sin embargo, después de tantas leídas, creo que he comprendido un poco. Me ayudó bastante consultar ese pasaje de la Biblia que citas. Es asombroso y, a la vez, preocupante que varias personas compartan la visión de dignidad con el mundo romano. Creo que actualmente se da mucho peso en la vida al orgullo o, como mencionaste tan correctamente, la garantía de dominio, sea de cualquier manera posible. También encontré estas líneas muy alentadoras y emotivas, aunque creo que eso es una percepción más personal. Excelente, saludos.

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  2. Námaste Heptákis dice:

    Muchas gracias por tu comentario, Daniel. Si bien coincido contigo en lo preocupante de la popularidad de la dignidad a la romana, también creo que quienes ya no la comparten bien podrían tener alguna razón para seguir preocupados, pues finalmente podemos morir como el buen ladrón.
    Saludos.

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