Las tres olas de la modernidad (parte VII)

Con el fin de hacer justicia a la transformación efectuada por Machiavelli, Uno debe considerar dos grandes cambios que ocurrieron después de su tiempo, pero estuvieron en harmonía con su espíritu. El primero es la revolución en la ciencia natural, es decir, la aparición de la ciencia natural moderna. El rechazo de las causas finales (con ello, también, del concepto de azar) destruyó la base teorética de la filosofía política clásica. La nueva ciencia natural difiere de las diversas formas más viejas, no sólo debido a su nueva comprensión de la naturaleza, sino también y especialmente, a causa de su nueva comprensión de ciencia: el conocimiento ya no es entendido como fundamentalmente receptivo; la iniciativa en el entendimiento es con el hombre, no con el orden cósmico; en la búsqueda del conocimiento el hombre llama a la naturaleza ante el tribunal de la razón; él “pone la naturaleza para la interrogación” (Bacon); el conocimiento es una especie de hacer; el entendimiento humano le receta a la naturaleza sus leyes; el poder del hombre es infinitamente mayor de lo que hasta entonces se creía que era; el hombre no sólo puede transformar la corrupta materia humana en incorrupta materia humana, o quistar el azar –toda verdad y significado se originan en el hombre; ellos no están inherentes en un orden cósmico que existe independientemente de la actividad del hombre. Correspondientemente, la poesía ya no se entiende como imitación inspirada o reproducción, sino como creatividad. El propósito de la ciencia es reinterpretado: propter potentiam, para el alivio de la condición humana, para la conquista de la naturaleza, para el control máximo, el control sistemático de la condición natural de la vida humana. La conquista de la naturaleza, implica que la naturaleza es el enemigo, un caos que se reduzca a ordenar; todo lo bueno se debe a la labor humana en lugar de al don de la naturaleza: la naturaleza proporciona los materiales casi sin valor. En consecuencia, la sociedad política no es de ninguna manera natural: el estado es simplemente un artefacto, debido a los pactos; la perfección del hombre no es el fin natural del hombre, sino un ideal libre formado por el hombre.

Recuerdos

“Son aquellas pequeñas cosas

que nos dejó un tiempo de rosas

en un rincón, en un papel o en un cajón.”

Joan Manuel Serrat

El año llega a su fin y con él llega también el tiempo de volver a vivir. Los recuerdos se amontonan en tu mente mientras luchan por salir en tropel y entonces saboreas cada momento, cada instante como si hubiese ocurrido ayer. Y ahí estás: celebrando tu cumpleaños apostando en un casino donde tu regalo fue ganar doscientos pesos y una tímida sonrisa nace de tus labios. Ahora te recuerdas haciendo nuevas –pero sin duda valiosas– amistades con compañeros a los que has visto diario por los últimos tres años y con los que apenas si hablabas, pero que sólo bastó un momento para que todo cambiara y, para cuando te diste cuenta, se habían convertido ya en tus amigos del alma, lo que ensancha tu sonrisa. Enseguida revives aquel instante en el que un chico te dedicó el piropo más creativo que te habían dicho jamás y la sonrisa brilla con todo su esplendor.

Pero no todo fue verbena y alegría… También hubo esa época de noches llenas de tristeza cuando lloraste hasta secarte –y sacarte– el amor perdido, ése en el que habías puesto todas tus esperanzas, tus sueños e ilusiones y que fue muy bonito mientras duró, pero que desde el principio tenía fecha de caducidad aunque tú no lo quisieras aceptar y te da un vuelco el corazón. Igual de triste y dolorosa fue la jornada en la que se extravió tu perro, aquel apestoso obeso al que adoras con toda tu alma, pero que finalmente regresó sano y salvo a casa y fue así que comprendiste cabalmente lo que significa aquello de “el que busca, encuentra”, y al rememorar la lección sientes tus ojos llenarse de lágrimas. Asimismo, te dolió saber cuán cierto es que uno nunca aprecia lo que tiene hasta que lo ve perdido cuando tu hermano extendió sus alas y se marchó de casa para volar detrás de sus sueños y enseguida enjugas aquella gota salada que resbala por tu mejilla.

¿Y cómo olvidar aquellos momentos que te robaron el aliento y te enchinaron la piel? Como cuando asististe al concierto de aquel par de pajarracos locos y maravillosos que con sus canciones te hicieron reír, llorar y bailar, casi todo al mismo tiempo, o cuando tus asesorados, a los cuales has llegado a considerar como tus hijos, no tuvieron más que bellas palabras de agradecimiento para ti por todo lo que habías hecho por ellos. Y, claro está, no puedes dejar de mencionar aquel momento mágico, ése en el que sientes que el mundo desaparece y el tiempo deja de avanzar porque te encuentras justo en el lugar preciso y con la persona perfecta, y de esta manera te das cuenta de que estás listo para jugarte el corazón otra vez…

Y entre más revives todos esos instantes, una verdad –por muy masticada que esté– sale a la luz: es de momentos de lo que realmente está hecha la vida. Momentos felices y lúgubres, momentos de éxito y fracaso, momentos de desesperación y esperanza, momentos de debilidad y fortaleza, momentos que quisiéramos enterrar en el olvido y momentos que siempre habremos de tener presentes… Son aquellos momentos los recuerdos que sonríen tristes y que al final del año traemos de nuevo al corazón para que nos hagan llorar cuando nadie nos ve.

Hiro postal

En síntesis

En síntesis

 

(Breve meditación sobre los misterios personales)

(Dedicatoria varia)

 

Sin ti, el mundo es sólo piezas tristes, mecánico; contigo, el mundo es uno: tú

 

Námaste Heptákis

 

Coletilla. “Si el mundo se hace pagano y perece, el último hombre vivo haría bien en citar la Ilíada y morir”. G. K. Chesterton

Auld Lang Syne

A todos los que un día aparecieron en mi camino y a los que al voltear la mirada ya no estaban. A Rick y a Ilsa, a Harry y a Sally, a Bambi, a los BBB… y a todos los demás

 

Should auld acquaintance be forgot,
and never brought to mind?
Should auld acquaintance be forgot,
and days of auld lang syne?

Un pequeño francés con chaqueta de campesino solía decir que nos encontramos siempre en medio. El verdadero comienzo es siempre a la mitad, es siempre ya comenzado. Así, nos hallamos en un mundo que ya empezó, bajo un cielo que alguien ya tuvo la decencia de poner sobre nuestras cabezas, cabalgando el corcel de una historia que no nos preguntó si queríamos estar en ella. Así lo descubrimos todo, abrimos los ojos y ya amaneció, nos asomamos a la ventana y los árboles ya nos están susurrando las verdades que hemos sabido olvidar. Miramos un rostro, un rostro que hemos estado mirando por muchos años y descubrimos por primera vez que siempre lo hemos amado, que lo estamos amando. Estrechamos una mano supuestamente ajena y sentimos en el apretón que la amistad siempre ha estado ahí, así, tan de repente, tan en el medio, tan sin prevenir y tan sin lamentar. El amor, la amistad nos pasan ya empezados –como empezada ya es la vida que venimos a vestirnos y que no nos quitamos sino hasta mucho tiempo después de haber muerto. El amor no termina cuando el amante lo declara muerto, así como no nos damos cuenta de que el amigo dejó de serlo sino hasta que descubrimos repentinamente un abismo totalmente infranqueable y nosotros ya adentro, en medio. Y aún así buscamos principios, nombramos finales, enloquecemos buscando un hilo que no está o que ya se ha roto. Ahí me encuentro yo en este momento, en medio de hermosas amistades cuyo principio no recuerdo; nombrando hermanos y hermanas cuyo linaje descubrí un día que ya llevaba siglos de haber existido; amando mujeres que no sé en qué momento la lujuria las dejó de ver fraternalmente; y tratando de aceptar todos los finales en los que todavía me encuentro inmerso, en medio, preguntándome si todo ello habría de ser olvidado, junto con los viejos tiempos, o si habré de tomarme una copa for auld lang syne.

Gazmogno

Pesado Sueño

Abrió los ojos y no recordaba en dónde estaba. Parecían familiares las persianas, amarillentas por el tiempo pero sugiriendo un tono blanco colgante como un depósito de polvo. Creyó conocerlas, pero no estaba seguro, como tampoco lo estaba sobre la cómoda, de madera obscura y con un vidrio sucio en su superficie. Un paño, quizá un pañuelo, debajo de un vaso con… ¿agua? Podría ser, pero quedaba poca y el color del fondo podría estar coloreando su transparencia de un azul grisáceo, o quizás era ése el tono de la bebida. Trató de levantarse, pero el cansancio era demasiado. ¿Dónde estaba, por qué no podía recordarlo? El día anterior y el posterior habían abandonado su pensamiento, y no alcanzaba a comprender cuándo había sido que el sueño del que despertaba había comenzado. Pensándolo bien, no lograba recordar bien a bien ni su propósito, es más, ni su edad. Estaba casado, ¿verdad? ¿O eso era un plan? ¿Había terminado la escuela? Miró sus manos por un largo rato tratando de darle sentido a todo esto: le eran conocidas en la figura pero algo tenían de alarmantemente ajenas. Y como ave que juguetona llega aleteando dando vueltas al nido antes de acomodarse, se depositó en él la dura certeza. Ahora lo recordaba. Era Viernes, fin de mes, día de quincena, su hija cumpliría años en dos semanas y su ex-esposa le pediría la pensión, por fin la deuda del agua podría pagarse y hacía pocos días que el gobernador del Estado había sido relevado por un funcionario mejor preparado, elegido por el mismo presidente; y él, que miraba sus manos arrugadas y extrañas, el joven brioso de proyectos importantes y planes valiosos, de conversaciones profundas y amigos verdaderos, se había quedado dormido veinte años.

Promesa

Promesa.

Un nacimiento siempre es una promesa. A veces, la presencia del recién nacido nos dice que ya no es necesario esperar más, que lo que tanto se desea tener enfrente ya está ahí. Y hay otras ocasiones en que el llanto del recién nacido es el que promete algún cambio del que no es posible saber a ciencia cierta si es para bien o para mal.

No importa como se le vea, si como una promesa cumplida o como una recién hecha, lo que importa notar aquí es lo que significa un nacimiento. De no significar una promesa, hablar de nacimientos es un acto que se queda en una mera descripción biológica, la cual a veces puede ser mecanicista y a veces no o bien puede ser una conversación sobre artículos decorativos que no pueden faltar en casa la noche del 24 de diciembre.

El día de ayer se celebró un nacimiento que es la promesa de promesas hechas al hombre, pero el festejo en muchos sitios y momentos cayó en una ridícula farsa, en un conjunto de movimientos mecánicos en donde lo que importa no es lo festejado sino la pompa y el rito con el cual se conmemora lo festejado, tan es así que el día de ayer no nos acordamos de agradecer al Dios del cielo la promesa que es el nacimiento festejado, aún cuando bien pudimos estar presentes en los ritos llevados a cabo. Esto bien se pudo deber a distintos distractores, o a que somos por distraídos solemos acudir al banquete de los santos sin prestar atención a lo que ahí ocurre. Eso es lo de menos cuando ya no se cree en promesas porque ya no se cree en que la palabra tenga valor alguno, en especial cuando de la palabra de Dios se trata.

Ayer que fue navidad muchos de nosotros fuimos ciegos y sordos, no vimos la luz de esperanza que traía consigo la promesa de salvación que se cumplía y menos aun oímos la promesa de cambio que traía consigo la voz del Salvador. Promesa, no de que cambiara el mundo sino, de que cambiáramos nosotros y comenzáramos a ser buenos. Ayer fuimos ciegos y sordos porque somos incrédulos, y ya no por elección si es que tal cosa es posible, sino porque parece no quedarnos de otra una vez que ya no somos capaces de dar posada al que espera recibirla.

Maigo.

Cliché

“Gentleness and cheerfulness, these come before all morality; they are the perfect duties. And it is the trouble with moral men that they have neither one nor other. It was the moral man, the Pharisee, whom Christ could not away with. If your morals make you dreary, depend upon it they are wrong.”

R. L. S

El tema de la navidad es muy controversial.  Muchos la aman, la defienden, les encanta lo que sea que crean que quiere decir ella. La navidad gusta, quizá, por el arbolito (porque huele rico), el ponche, los regalos, la comida o los foquitos. Gusta porque es día feriado, sin clases, tráfico o trabajo. Porque es día de ver a la olvidada familia y amigos. Navidad, para todos ellos, es época de alegría, de rojo, dorado y verde. Época puros buenos pensamientos. También están los otros, los que la condenan y odian. Los que cada año se encierran porque no soportan el tráfico, las plazas, cafés y restaurantes llenos de toda la gente.  Los que dicen que es puro consumismo, que son deseos vacíos. Y esto cada año, como dos hermanos peleando, es el cuento de nunca acabar. La época navideña, como todo, tiene sus cosas buenas y sus no tan buenas. A mí no me gusta el tantísimo tráfico, la tantísima gente, la gastadera en regalos obligados ni todo el papel desperdiciado.  No me gusta la hipocresía, las sonrisas falsas y abrazos disfrazados. No me gustan las “gracias” vacías ni el conformismo desmesurado. Pero sí me gusta el ponche, el pavo y la ensalada de manzana. Me gusta ver descansar a mis papás, que haya tiempo para leer cuentos, poesía o ver una buena película. Tiempo para oler el árbol de navidad. Tiempo para no andar de prisa, para detenerse, como dice mi mamá, a reflexionar. Deberíamos conservar el espíritu de la navidad diario y no solo una vez al año –leí que dijo alguien una buena vez. Quizá sea el típico cliché de la navidad, pero tal vez no nos haga tanto mal pensar en nuestras gracias y desgracias. Quizá sea bueno acordarnos, pensar bien y no sólo “de pasada”, esas cosas cada vez más raras que vino a enseñar el hijo de Dios. Cosas como el perdón, el sacrificio o la compasión.

PARA APUNTARLE BIEN: “Vivo solo; sin embargo, los nombres de mis amigos lejanos saltan en mi memoria como los anuncios luminosos en el cielo de la ciudad. Escépticos. Irónicos. La fina trama de sus pensamientos, de sus palabras, de sus silencios, me cubre y me reprocha. ¡Qué delicada la isla del egoísmo para mí, náufrago voluntario! ¿Por qué no traer una mujer conmigo? ¿Por qué no intentar la realidad de una novela o de una película más: la novela o la película del naufragio en la isla desierta, en la que una pareja edifique su propia vida?¿Por qué no revivir el mito donde la pareja edénica haga brotar la metáfora del lenguaje como un cohete en la sombra? Daríamos otro nombre a las cosas y a los seres. Yo sería como Adán y como Linneo, y al mismo tiempo el mejor poeta dadaísta. Repetiríamos el pecado original de modo que mereciera el epíteto, sin manzana ni serpiente. Y nos comportaríamos de tal suerte que el Génesis de la Biblia futura fuera pródigo en anécdotas, pensamientos y símbolos increíbles. ¡Qué rostros crearían para nosotros los pintores del tema ideal del paraíso! …Sin embargo ¿sobreviviríamos en la isla desierta? Yo, como todos los hombres, hice en la niñez, con la imaginación, el viaje y el naufragio y fui el único superviviente. Pero ¡ay! no tengo la física de Robinson ni su memoria.” Xavier Villaurrutia en Dama de corazones (que hoy hace no-sé-cuánto, murió).

MISERERES: Peña Nieto y su administración, ya están ayudando a los gobiernos endeudados, a los priístas, liberó recursos para Zacatecas, Guerrero y Chiapas. El Presidente, además, critica y acepta que la “guerra contra el narco” hizo más grande el problema de México, pero conservará la misma política porque no hacerlo –dice- pondría en juego los recursos que nos da Estados Unidos. Miren: http://www.latimes.com/news/nationworld/world/la-fg-mexico-kingpin-20121222,0,4686527.story.