Las tres olas de la modernidad (parte V)

Lo que Machiavelli llama la mancomunidad imaginaria de los escritores anteriores, está basada sobre un entendimiento específico de la naturaleza que él rechaza, por lo menos implícitamente. De acuerdo a ese entendimiento, todos los seres naturales, al menos todos los seres vivos, están dirigidos hacia algún fin, una perfección por la cual ellos anhelen; hay una perfección específica del hombre que está determinado por la naturaleza del hombre como el animal racional y social. La naturaleza proporciona la norma, una norma independiente de la voluntad del hombre; esto implica que la naturaleza es buena. El hombre tiene un lugar definido dentro del todo, un lugar muy exaltado. Uno puede decir que el hombre es la medida de todas las cosas o que el hombre es el microcosmos, pero él ocupa ese lugar por naturaleza; el hombre tiene su lugar en un orden que él no originó. “El hombre es la medida de todas las cosas” es lo más opuesto de “el hombre es el amo de todas las cosas”. El hombre tiene un lugar dentro del todo: el poder del hombre es limitado; el hombre no puede superar las limitaciones de su naturaleza. Nuestra naturaleza está esclavizada de muchas maneras (Aristóteles) o somos juguetes del dios (Platón). Esta limitación se manifiesta en particular, en el poder inevitable del azar. La vida buena es la vida de acuerdo a la naturaleza, lo que significa permanecer dentro de ciertos límites; virtud es esencialmente moderación. No hay diferencia en este aspecto, entre la filosofía política clásica y el hedonismo clásico, que es no político: no son más deseables el mayor número de placeres, sino los placeres más puros; la felicidad depende decisivamente de la limitación de nuestros deseos.

Para juzgar correctamente la doctrina de Machiavelli, debemos considerar que en el aspecto crucial hay concordancia entre filosofía clásica y la Biblia, entre Atenas y Jerusalén, a pesar de la profunda diferencia, e incluso antagonismo, entre Atenas y Jerusalén. De acuerdo a la Biblia, el hombre es creado a imagen de Dios; a él está dominio sobre todas las creaturas terrestres: no le da el dominio sobre la totalidad; él ha sido puesto en un jardín para trabajarlo y cuidarlo; a él ha sido asignado un lugar; la justicia moral es obediencia al orden establecido divinamente, al igual que en el pensamiento clásico la justicia es el cumplimiento del orden natural; al reconocimiento del elusivo azar, corresponde el reconocimiento de la inescrutable providencia.

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