Las tres olas de la modernidad (parte VI)

Machiavelli rechaza por completo la tradición filosófica y teológica. Podemos afirmar el razonamiento de la siguiente manera. La visión tradicional también conduce hacia la consecuencia de que los asuntos políticos no son tomados en serio (Epicureísmo), o bien, o que ellos son entendidos en la luz de una perfección imaginaria –de mancomunidad y principados imaginados, el más famoso de ellos es el reino de Dios. Uno debe empezar desde cómo los hombre viven; uno debe bajar la propia mira. El corolario inmediato es la reinterpretación de la virtud: la virtud no debe ser entendida como aquello que por aras de la mancomunidad existe, sino que existe exclusivamente por el bien de la mancomunidad; la vida política apropiada no está sujeta a moralidad; la moralidad no es posible fuera de la sociedad política; esto presupone la sociedad política; la sociedad política no puede ser establecida y preservada permaneciendo dentro de los límites de la moralidad, por la simple razón de que el efecto o lo condicionado no puede preceder a la causa o condición. Además, el establecimiento de la sociedad política e incluso de la sociedad política más deseable no depende del azar, por azar puede ser conquistada o corrupta, puede ser transformada en materia incorrupta. Hay una garantía para la solución del problema político a) la meta es inferior, es decir,  en harmonía con lo que más desea el hombre actualmente y b) el azar puede ser conquistado. El problema político se vuelve un problema técnico. Como Hobbes lo expresa, “cuando la mancomunidad viene a ser disuelta por discordias intestinas, la falla no está en los hombres, ya que ellos son la materia, sino, mientras ellos son los constructores suyos”. La materia no es corrupta o viciosa; no hay maldad en los hombres que no pueden ser controlados; lo que se requiere no es la gracia divina, moralidad, ni formación de carácter, sino instituciones con colmillo en ello. O, citando a Kant, el establecimiento del orden social correcto no requiere, como la gente acostumbra decir, una nación de ángeles: “puede sonar difícil como esto, el problema de establecer el estado [es decir, el estado justo] es soluble incluso para una nación de malvados, siempre que tenga sentido, es decir, siempre que su egoísmo sea ilustrado; el fundamental problema político es simplemente uno de “una buena organización del estado del que el hombre es de hecho capaz.

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