Las tres olas de la modernidad (parte VII)

Con el fin de hacer justicia a la transformación efectuada por Machiavelli, Uno debe considerar dos grandes cambios que ocurrieron después de su tiempo, pero estuvieron en harmonía con su espíritu. El primero es la revolución en la ciencia natural, es decir, la aparición de la ciencia natural moderna. El rechazo de las causas finales (con ello, también, del concepto de azar) destruyó la base teorética de la filosofía política clásica. La nueva ciencia natural difiere de las diversas formas más viejas, no sólo debido a su nueva comprensión de la naturaleza, sino también y especialmente, a causa de su nueva comprensión de ciencia: el conocimiento ya no es entendido como fundamentalmente receptivo; la iniciativa en el entendimiento es con el hombre, no con el orden cósmico; en la búsqueda del conocimiento el hombre llama a la naturaleza ante el tribunal de la razón; él “pone la naturaleza para la interrogación” (Bacon); el conocimiento es una especie de hacer; el entendimiento humano le receta a la naturaleza sus leyes; el poder del hombre es infinitamente mayor de lo que hasta entonces se creía que era; el hombre no sólo puede transformar la corrupta materia humana en incorrupta materia humana, o quistar el azar –toda verdad y significado se originan en el hombre; ellos no están inherentes en un orden cósmico que existe independientemente de la actividad del hombre. Correspondientemente, la poesía ya no se entiende como imitación inspirada o reproducción, sino como creatividad. El propósito de la ciencia es reinterpretado: propter potentiam, para el alivio de la condición humana, para la conquista de la naturaleza, para el control máximo, el control sistemático de la condición natural de la vida humana. La conquista de la naturaleza, implica que la naturaleza es el enemigo, un caos que se reduzca a ordenar; todo lo bueno se debe a la labor humana en lugar de al don de la naturaleza: la naturaleza proporciona los materiales casi sin valor. En consecuencia, la sociedad política no es de ninguna manera natural: el estado es simplemente un artefacto, debido a los pactos; la perfección del hombre no es el fin natural del hombre, sino un ideal libre formado por el hombre.