Proverbio

Para el Principito, que partió de viaje sin su adorada flor.

«Sólo se echa de menos lo que ya se ha tenido.»

 Hiro postal

La fe del hombre feliz

Revisitando el Salmo I

1) Feliz el hombre que de los malvados

el consejo no ha seguido,

o que no se ha detenido

en el camino de los pecadores,

ni siquiera un lugar ha tomado

entre los escarnecedores.

2) Mas se deleita en la ley divina

meditándola de noche y día.

3) Y será como un árbol plantado

junto a la vera del río,

y justo en el tiempo debido

los más bellos de los frutos dará,

siempre por hojas coronado

todo él prosperará.

4) Y no será así con los malvados

que como una cascarilla

siempre por el viento serán llevados.

5) Por eso en el juicio nadie verá

a los malvados puestos de pie,

ni a pecadores se hallará

entre los justos en comité.

6) Pues el Señor siempre ama

el camino de los justos,

y a los otros nunca llama

por malvados y polutos.

 

 

Coletilla. “Lo propio de la muerte de Cristo radica más bien en que la muerte, que es manifestación del pecado, en Él fue aparición de la gracia. El vacío del hombre se hizo plenitud de Dios, cosa que originariamente no era. La muerte se hizo vida”. Karl Rahner

Gazmoñerismo azul

Como un sabio que se retira a la montaña en busca de dios, así abandoné yo el mundo aquella noche entre tus pechos.

Gazmogno

Mundo en Guerra

Riego la semilla del cansancio

de hallar valor en quien enfrenta la guerra,

y en quien la evita a toda costa.

Entre el mar y el desierto.

Anoche, bajo la pálida luz de una luna plateada, vi a un anciano que lloraba. En silencio sus ojos derramaban gotas de agua salada como la del mar. Pero la carencia de sonido hacía que la distancia entre lo que salía de sus ojos y el anchuroso ponto fuera mayor. El mar no llora -me dije al ver los ojos del anciano- aunque es salado, acuoso y llama la atención como las lágrimas que silentes mojan la mejilla arrugada que hoy concentra mi atención.

El hombre sostenía en sus brazos un chiquillo, que al igual que él, lloraba, pero su llanto era muy diferente, era sonoro y casi carente de lágrimas, sólo el dolor se reflejaba en sus ojos que nada sacaban al exterior. El llanto del niño era seco como seco es un desierto, pero era sumamente escandaloso y esto alejaba al llanto infantil de las calmas soledades del desierto.

Pero algo vi entre el desierto y el mar que acercaba, a estos gigantes, unía mediante un abrazo al niño y al anciano, que fundía al desierto con los mares y a la carencia de lágrimas con la copiosa presencia de las mismas. Miré más de cerca y noté que ese algo era el dolor, y cuando pude ver la desesperanza en los ojos que lloraban frente a los míos, por más que mi cabeza se hizo hacia atrás y se agitaba como el viento, no pude evitar que el llanto brotara, y que en él se reflejaran los llorosos ojos en los que me había visto.

Maigo.

Quedarse mirando

“Earth laughs in flowers”

R.W.E

Iba caminando. No; corriendo. Era mucho el apremio y muy poco el tiempo. Tenía que tomar sus chochos y pastillas, un compromiso, y decidir si la quería.  Una, dos, y tres mil doscientas cosas más por hacer. Y, otra vez, ya era demasiado tarde. El calor era infernal. En cualquier momento el mundo, como su paleta de hielo o la bruja del cuento, se derretiría.  De pronto la vio. Quiso seguir pero nomás no pudo y todo le salió al revés. Se quedó mirando sin tapujos ni sutilidad. Ella no lo vería, era muy alta y nunca bajaba la mirada. Nada la inmutaba ni la incomodaba. Espigada. Toda amoratada. Radiante. Siempre tan en su lugar, bien derechita, como ni las bailarinas.  Despreocupada.  Como si no hubiera toda esa prisa, esos chochos, decisiones y pastillas qué tomar.  Como si no hiciera todo el calor. Como si el mundo no tuviera tantos ruidos y problemas. Unos días –los más grises- le chocaba, pero casi siempre envidiaba, admiraba toda esa indiferencia (pues era indiferente pero nunca fría). Sonreía, alegraba aunque  todo el mundo anduviera rotito y descompuesto, aunque el mundo pareciera el mismísimo infierno. Hacía que por un momento, ese de mirarla, de arrebato e impotencia; todo el ruido, los compromisos, las decisiones y el mismo tiempo se detuvieran. Había que detenerse y mirarla bien, porque la jacaranda –así como la vida, todos los rostros, máscaras y momentos- pronto se iría, y ni siquiera en el suelo rastro dejaría.

PARA APUNTARLE BIEN:

Estar árbol a veces, es quedarse mirando
(sin dejar de crecer) el agua humanidad
y llenarse de pájaros para poder, cantando,
reflejar en las ondas quietud y soledad.

-Carlos Pellicer

MISERERES: Las vacaciones llegaron, y también toda la violencia; tan sólo el fin de semana hubo, al menos, 65 muertos. Por otro lado, el gobierno del DF anunció un aumento a las tarifas del transporte público, pero eso sí, no habrá gasolinazo ni cobro de tenencia. Micros, autobuses y metrobús subirán un peso, y los taxis de 7.88 a 8.74. Pienso que, así como debe condenarse esto, no debe aplaudirse que se quite la tenencia, pues es parte de un mismo problema; se  está subsidiando el transporte privado (las Hummers y los coches elegantes), pero no el público que suele llevar a mucha más gente.