El camino ganador

“El vivir sólo se deja aclarar cuando se ha vivido, del mismo modo

que Cristo empezó a explicar las escrituras y a mostrar cómo

enseñaban sobre él –sólo después de haber resucitado”

S. K.

Cometer errores es algo que desagrada a la mayoría. Aunque “de los errores se aprenda” y haya que “verlos con filosofía”, seguro soy parte de esa fea mayoría.  No está bonito creer saber la respuesta y darte cuenta de que así no era. Duele caerse por pisar donde no se debe.  Se siente feo darse cuenta de haber pensado, hablado u obrado mal. No sé bien dónde ni por qué se sienta, no sé qué sea eso feo que sienta. Pero se siente y se manifiesta en formas como la pena, el remordimiento o el arrepentimiento. Se dice que equivocarse cae mal por puro orgullo y competencia. Aunque también, creo yo, es señal de algo más.   Poder equivocarse, así como hablar, es sorpresa inevitable. Es eso: poder.  Potencia dada que se revela sólo gracias a un movimiento. El error sí es una cosa fea y fatal. Pero es el anverso del acierto. Caerse al caminar, el error, revela precisamente nuestro camino y caminar. No nos gusta errar, porque nos gusta y aunque no nos demos cuenta, buscamos siempre lo verdadero. Errar es valioso porque revela a dónde vamos, nuestro destino que no es otro que la constante búsqueda de la verdad. Y digo búsqueda y no posesión, porque sin él, estaríamos siempre bien. Sin él, no sólo habría orgullo y pedantería a la máxima potencia. Sin él,  dejaríamos de buscar, se acabaría todo movimiento, todo terror, admiración y sorpresa. Se acabaría toda creación y genuino pensamiento

PARA APUNTARLE BIEN:

A Walk –R. M. Rilke.

My eyes already touch the sunny hill.
going far ahead of the road I have begun.
So we are grasped by what we cannot grasp;
it has inner light, even from a distance-

and charges us, even if we do not reach it,
into something else, which, hardly sensing it,
we already are; a gesture waves us on
answering our own wave…
but what we feel is the wind in our faces.

MISERERES: Ya detuvieron a la maestra Elba Esther. Todo mundo se alegra, puede ser señal de algo bueno (aunque días antes el presidente se reunió con otro líder, R. Deschamps, y a él no le está pasando nada). Ojalá que sea para bien, lo que hizo esa señora –lo sabemos todos- no estuvo padre. Aunque pienso que es bueno recordar que cosas como la corrupción no las hace una sola persona. Esta líder sindical no se infló sola. Además, es un error, en primer lugar,  condenar a todos los maestros (de la escuela Normal por ejemplo), porque no todos pertenecen a ese sindicato. En segundo lugar, también creo que es un error pensar que todos los problemas de la educación son culpa del ese sindicato. Y, por otro lado, el PRI ha modificado su plan de acción en el ámbito fiscal; propuso un aumento del IVA en alimentos y medicinas (curioso que ahora el PRI lo impulse cuando el año pasado se opuso a esto). A ver si se aprueba.