Gazmoñerismo #48

Se habían amado en silencio desde que se conocieron. Tan silencioso fue su amor al principio que no se lo confesaban ni siquiera a ellos mismos. Sólo un resplandor en sus ojos los delataba. Él fue el primero en reconocerlo. Ella tardó mucho tiempo en aceptarlo. Tan distintos resultaban el uno del otro, tan diametralmente opuestos, que ambos sabían que tendrían que esperar. Paso a paso, poco a poco, tendrían que deshacerse de sus máscaras, de sus ropajes; despojarse de sus culpas, de sus neurosis; desnudarse de sus miedos, de sus deseos; desencarnarse del mundo y encuerarse del tiempo para poder estar en almas haciendo del amor su lecho.

Gazmogno