Ferwell

«I remember the night and the Tennessee Waltz

and I knew just how much I had lost.»

Las palabras se van. Se van las rimas. Huyen. Termina una melodía que sabemos perdurará en nuestro corazón –en mi corazón-, una de las más lindas que ha tenido esta banda. Sus ecos seguirán sonando como una risita lejana que alegra en tiempo de penurias; como una lucecita que esclarece nuestro camino; como una vocecita oculta y casi imperceptible que nos apremia o nos reprocha, dependiendo si escribimos bien o mal.

Las palabras se van y se van las rimas, las reflexiones, la preocupación –por escribir, y por que aquello que se escribe se escriba bien. Se van, vuelan, pero no se apagan. Se retiran, tal vez, a madurar, a buscar nuevos caminos y nuevas formas… nuevas palabras. Y en ese retiro, en esa fuga, habremos de asirnos salmódicamente a nuestros instrumentos, empuñar nuestras plumas con más fuerza para apuntarle todavía mejor. Nosotros, desde nuestro lado; nosotros, los que nos quedamos aquí y nos quedamos –un poquito o un muchote- tristes.

Nunca he sido bueno para las despedidas –siempre las alargo demasiado o las evito-, tal vez porque generalmente me toca estar del lado feo, del lado de quien se queda. Pero esta vez es diferente. La covacha cierra –tal vez temporalmente, tal vez no-, Feróstica interrumpe su canto con F, las palabras y las rimas se van, pero algo queda, algo más bonito que todo eso perdura: la amistad.

PARA APUNTARLE BIEN:

“We all told her things could get better

When you just say goodbye

I’ll lay awake one more night

Caught in a vision I want to deny

And did I mention the note that I found

Taped to my locked front door

It talked about no regrets

As it slipped from my hand to the scuffed tile floor.»

Gazmogno