Para una mormona

Dedicado a N. C. G.  con todo mi amor.

Sin necesitas algo me encuentras en irecajla@gmail.com

“Though nothing will keep us together

We could steal time, just for one day

We can be heroes, forever and ever

What you’d say?”

David Bowie

 

“Leave your stepping stones behind, something calls for you

Forget the dead you’ve left, they will not follow you

The vagabond who’s rapping at your door

Is standing in the clothes that you once wore

Strike another match, got start anew”

And it’s all over now, Baby Blue.

Bob Dylan

 

Tiempo. Es todo lo que te pido, y es justo lo que nos falta. Tiempo, que le sobra a mi vejez, y le falta a tu criterio. Dos extremos que se alejan jalando en direcciones opuestas. Dos fuerzas que tironean con la urgencia de la situación y ninguna quiere ceder, ninguna quiere aflojar, y tal vez ninguna sabe el daño que surge de todo esto. Pero lo que sí sabemos es que tú te llevas el golpe más fuerte.

Te encuentras de pronto siendo la protagonista de un drama que no elegiste –o tal vez sí, tal vez en el fondo somos nosotros y sólo nosotros los que elegimos nuestros dramas-; de un drama con pocas salidas. Pocas. Pero no inexistentes. Pocas, pero opciones al fin. Pocas, sí, y tal vez sea justamente eso lo que no lo hace un drama. A menos que tú lo elijas, como yo elegí, sí, justamente eso que nos impide estar juntos de la forma en la que tu quieres, porque de otra forma sería elegir tu prisión –la misma prisión que tú estás eligiendo para ti pero con mi nombre, y yo lo último que quiero es tu esclavitud.

Eres joven –demasiado joven- como para elegir el drama. Demasiado joven, incluso, como para considerar eso que estás considerando sin agotar todas las posibilidades. Y cuando digo todas, me refiero a todas. Hasta la última, la más pequeña, la más arriesgada. Don’t give in without a fight.

Pero estás aterrada y tu decisión es producto del miedo. Y cuando el miedo es el que decide nada puede salir bien. No puedo ofrecerte lo que me pides, pero eso no significa que no esté ahí para ayudarte, para sostenerte, para guiarte en lo que pueda guiarte. Y no puedo hacerlo si no quieres ayudarte a ti misma –dejemos de hablar de “nosotros” para hablar de ti, porque es a quien le están arruinando la vida, como vas a ser tú quien tenga que lidiar con al situación, quien tenga que dar la cara ante la comunidad, quien puede todavía decir “no” y tomar otro camino antes de que sea demasiado tarde, porque nadie te puede obligar.

No te dejes arrastrar por el miedo, déjate arrastrar por la vida, por la juventud, por la apertura. Si aceptas el destino que te están imponiendo estás cerrándote a todo lo demás. ¿Y luego? Cuando descubras que fue un error ¿qué harás? Con un compromiso consumado, con una comunidad atenta, intrusiva, obligándote, juzgándote –quién sabe, tal vez incluso con hijos-, con un carcelero vigilándote constantemente, sometiéndote, sobajándote y tú con el miedo va a ser casi imposible salirte de ahí –y digo “casi” porque incluso en una situación extrema siempre hay opción, como la hay en este momento. Hazlo al revés. Intenta salirte antes de que sea demasiado tarde. Es mucho más fácil escapar cuando todavía no has entrado en la prisión.

Existe una posibilidad y lo sabes. Toma el otro camino, el camino de la libertad. Un camino constantemente recorrido, posible. No estás sola. Yo estaré ahí. Lucha por tu vida, por tu libertad, por tus sueños. Dios actúa de modos misteriosos. Entrégate a él y aprende a escucharlo: en este momento te está susurrando algo, te está abriendo una posibilidad –en el fondo sabes que no te va a juzgar, porque si nos puso en el camino fue por algo. La posibilidad de ser feliz, de estudiar, de cumplir tus metas. La posibilidad que se abre en infinitas posibilidades. ¿Qué puedes perder? Tú misma conoces a alguien de tu familia que ya lo hizo y por lo que me cuentas no le fue tan mal. When you got nothing, you got nothing to lose. Tomar el otro camino es ponerte la soga al cuello, y lo sabes.

He intentado convencerte de todas las formas posibles, y ese ha sido mi error. La que debe convencerse eres tú, pues es tu vida –por mucho que yo quisiera que la compartieras conmigo- y sólo tú puedes decidir sobre ella. En última instancia ni siquiera sé qué es lo que está pasando por tu cabeza –pues ya hasta has cortado comunicación. Tal vez estoy especulando de más, interpretando de más, como suelo hacer. Tal vez estoy viendo un drama donde no lo hay. Tal vez ni siquiera leas esto que te escribo.

“We’re nothing, and nothing will help us

Maybe we’re lying,

Then you better not stay,

But we could be safer,

Just for one day”

David Bowie

 

A PROPÓSITO DE…

El derrumbe de un sueño,
algo hallado pasando,
resultabas ser tú.
Una esponja sin dueño,
un silbido buscando,
resultaba ser yo.
Cuando se hallan dos balas
sobre un campo de guerra
algo debe ocurrir
que prediga el amor
de cabeza hacia el suelo
una nube vendrá
o estampidas de tiempo
los ojos tendrán.
Fue preciso algo siempre
y no fue porque tú
tenías lazos blancos en la piel,
tú, tenías precio puesto desde ayer,
tú, valías cuatro cuños de la ley,
tú, sentada sobre el miedo de correr.

Una buena muchacha
de casa decente no puede salir.
Qué diría la gente
el domingo en la misa
si saben de ti.
Qué dirían los amigos,
los viejos vecinos
que vienen aquí.
Qué dirían las ventanas,
tu madre y su hermana
y todos los siglos
de colonialismo español
que no en balde
te han hecho cobarde.
¿Qué diría Dios?
se ama sin la Iglesia y sin la ley,
Dios, a quien ya te entregaste en comunión,
Dios, que hace eternas las almas de los niños,
que destrozarán las bombas y el napalm.

El derrumbe de un sueño
algo hallado pasando
resultabas ser tú
Una esponja sin dueño
un silbido buscando,
resultaba ser yo.
Busca amor con anillos
y papeles firmados
y cuando dejes de amar
ten presentes los hijos,
no dejes tu esposo,
ni una buena casa,
y si no se resisten,
serruchen los bienes
—que tienes derecho también—
porque tú
tenías lazos blancos en la piel,
tú, tenías precio puesto desde ayer,
tú, valías cuatro cuños de la ley,
tú, sentada sobre el miedo de correr.

Silvio Rodriguez en «La familia, la propiedad privada y el amor»

Gazmogno