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Había un silencio, un tremendo vacío. Adentro sólo se sentía una pequeña vibración que anunciaba la tristeza. Desde fuera llegaba, con intermitencia de grillo, una voz que haría de ese momento algo todavía más perturbador: Ella Fitzgerald, que iría colmando el silencio confirmando la partida.

 

Gazmogno

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