Pertenencias

Sail away, away,
ripples never come back. 
They’ve gone to the other side. 
Look into the pool, 
ripples never come back, 
dive to the bottom and go to the top 
to see where they have gone. 
Oh, they’ve gone to the other side.

La sabiduría popular, de ésa que especialmente todo mundo conoce y nadie acata, dicta que es mejor saber separarse de las posesiones. La sabiduría popular no le dice a uno qué son sus posesiones. “Es liberador dejar ir, aprende a hacerlo”, se dice, y a esta acción suele vérsele como profundidad espiritual, como belleza del habla y valiosa lección de los cuentos. Se escucha que quien tiene todo no puede atender nada, y se piensa que es verdad: abrazar tantas cosas diversas y variadas sólo puede hacerse dejando de prestarles atención a algunas, o a todas. También se escucha que teniendo salud no importa lo demás que se tenga o que no se tenga. Se dice que “lo material” no es verdaderamente importante. La sabiduría popular no le dice a uno qué es lo material. Rodeados como estamos de lo que hacemos nuestro, ¿podemos separar esos materiales de lo que hacemos llamar nosotros? ¿Y si la metáfora del material está mal comprendida? ¿Qué si nuestras verdaderas posesiones no son cachibaches olvidados, ni armatostes prescindibles? ¿Qué si lo material de lo que poseemos es material de quiénes somos? Yo miro los muros de mi casa y me veo a mí mismo. En mis viejos juguetes miro mi niñez y en mis viejos dibujos mi juventud. Me sigo viendo. Es la imaginación, quizá, que encara de vuelta cuando se mira sobre las cosas lo que uno ve y, al mismo tiempo, lo que uno veía. Es, quizá, esta imaginación y memoria, que no está en los juguetes ni en los dibujos ni en los muros ni en las escaleras, ni en mi cuarto al que siempre pensé dejarle ecos de la música que escuché; quizá es allí donde están las verdaderas posesiones. Eso podría ser lo único que nos pertenece, como nosotros pertenecemos en algunos lugares. ¿Hay algo que mejor reciba el nombre de “propio”? Todo eso se queda con uno, como los amigos son de uno por quiénes son, y no por tenérseles en un cuarto a la mano, como a herramientas. Y si eso es la posesión, ¿por qué liberarse de ella? ¿Cómo aprender a apagar esa viva imaginación? ¿Cómo desprenderse? ¿Quién desearía desprenderse? Sé que, sea ésta o no sabiduría, yo no estoy dispuesto.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s