La pérdida del juicio

¡Cuán dura cosa es decir cuál era

esta salvaje selva, áspera y fuerte

que me vuelve el temor al pensamiento!

Dante.

 

El progreso es un movimiento conformado por contradicciones, por un lado pretende facilitarnos la vida, haciéndola más cómoda y duradera; y por el otro consigue hacer de nuestras vidas un infierno al ponernos a trabajar en aras de lo que se necesita para progresar, lo que hace de una larga vida una maldición.

Los beneficios y los maleficios del progreso se notan con facilidad, basta con comparar cómo vivíamos antes y cómo lo hacemos ahora, y una vez hecha la comparación saldrá a la luz si éste es benéfico o no. Lo que no es tan notorio, o al menos no se ve con tanta facilidad es el criterio mediante el cual se ha de juzgar al progreso, quienes consideran que éste es bueno, lo hacen porque creen que lo mejor para el hombre es la seguridad de una larga vida llena de confort; por su parte, quienes ven en el juzgado algo maléfico para el hombre se fijan en lo que la seguridad de una larga vida y el confort hacen del mismo, señalando que las comodidades traídas por el progreso conllevan la conformación de hombres cada vez menos humanos, es decir, cada vez más sumergidos en la inacción que trae consigo el abandono de las pasiones y en la pasividad que trae consigo el abandono de la razón.

Decidir respecto a esta cuestión no es tan sencillo como parece serlo si consideramos que con una comparación basta, pues lo que muestran algunos como benéfico en el progreso le es propio al hombre como ser vivo, en tanto que éste buscará la manera de mantenerse con vida desde que llega a este mundo, y lo que señalan los otros como nocivo atiende al aspecto espiritual del hombre, en tanto que se ocupa de ver cómo es que lo material termina por disolver las pasiones y el pensamiento.

Si vemos con atención el problema de defender o juzgar al progreso radica en que los argumentos de defensores y críticos se concentran por lo general en un solo aspecto de lo que es el hombre, o bien se le consideran como un ser material o bien lo ven como un ser espiritual. Aunque bien pudiera ser el caso que sea las dos cosas al mismo tiempo, lo que también tendría que ser sustentado, en especial cuando tal unidad ya no parece aceptable fuera de la experiencia cotidiana, la cual tiene el problema de no ser muy confiable después de que la razón la juzgara como insuficiente.

Así pues, el juicio sobre las bondades o perjuicios del progreso requiere no sólo de nuestro conocimiento respecto a lo que sea el hombre, sino de la certeza que podamos tener sobre el conocimiento mismo.

El bosque en el que nos perdemos al tratar de ver qué es lo mejor para el hombre se va haciendo más oscuro, poco a poco se van perdiendo los rayos del sol y el horizonte se va junto con ellos.

Maigo.

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