El Hombre que Cruzó el Desierto

El hombre que cruzó el desierto

vendrá en cualquier momento.

se dice que su alteza

es la de un maremoto,

se dice que es su rostro

el brillo de un eclipse,

que no habla una palabra

que no sea fuego vivo,

y que ahora son añicos

las torres y los templos y los amplios monasterios,

las casas y palacios erigidos hace años

que hubieron de cruzarse

al frente de sus pies.

 

El hombre que cruzó el desierto

vendrá en cualquier momento.

Ni el más sabio conoce

lo que ha sembrado lejos,

y aquí, sembró las uvas

por las que nos reclama

cederle su viñedo.

¡Prepárenle las calles!

¡Afinen instrumentos, desde cuerdas hasta vientos!

¡Traigan el incienso y lo que sea, ya no hay tiempo!

La torre del vigía

fulgió hasta el día de hoy.

 

El hombre que cruzó el desierto

vendrá en cualquier momento.

Al hombre que cambió el sentido

muy pronto lo tendremos

viviendo entre nosotros.

El hombre que aguantó el desierto

no escuchará palabras,

verá a través de todos,

no sufrirá dolencias,

no agachará sus hombros.

 

El hombre que cruzó el desierto

vendrá a cimbrar el suelo

para bien o para mal

y todo lo que quede

será aquello que siempre

ha estado sin un cambio,

así como se dice

que un lugar es aún el mismo, allí donde la arena

rige con mano dura, y donde antaño hubo un gran mar.

Sabremos que ha llegado,

que estuvo entre nosotros,

anduvo en nuestras calles,

comió nuestras despensas,

durmió bajo los techos

de todas nuestras casas;

todo eso lo sabremos,

quizá y con suerte cuando

se haya ido ya.

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