Días aciagos, noches inciertas

Días aciagos, noches inciertas

Although the answer

is not unknown,

I’m searchin’, searchin’,

and how I’ve grown.

It’s not all right

to say goodbye,

And the world on a string

Doesn’t mean a thing.

Vivimos ayunos de esperanza y no logramos ver por qué desesperamos. Adictos al progreso, emplazados a un gran final futuro que nunca termina por llegar –final adecuado a nuestra pretendida grandeza–, sobrevaloramos los pasos siguientes sin recordar la razones que aún nos mantienen de pie. Quizás en el terrible esfuerzo por pensar en uno mismo, en la verdad sobre uno mismo, desesperamos de la ausencia de certezas, de la seguridad que conduce nuestro preguntar a su final seguro y definitivo. Queremos el final de los tiempos, el más definitivo final, pero con conocimiento previo del juicio a realizar, de la suerte futura. Mas la desesperanza que nace de la desesperación de nuestras capacidades se funda en la confianza excesiva en nuestras fuerzas: en el poder. Nos desesperanza el poder, el poder embriagador, escéptico y aséptico, porque nos arrebata la gracia y todo lo vuelve gravedad, efecto de fuerzas, mecanismos, vida que se diluye en átomos y átomos que se pierden en el infinito vacío de los espacios silenciosos. Mas la esperanza nace del despoder, del conocimiento prudente de la propia fuerza y la prueba valiente de la propia capacidad. El despoder: la oportunidad única de la gracia que inauguró los nuevos tiempos. Quizás en el asombroso esfuerzo por pensar en uno mismo, en la verdad sobre uno mismo, reconocemos la esperanza que nos ha salvado, la gracia por la que algún día fuimos amados. Nos mantenemos de pie porque el amor nos da razones y queremos dar razones del amor, porque al amor desnuda nuestra pretendida grandeza y nos exhibe nuestra extrema pequeñez: vivimos después de los tiempos. Desesperamos porque no logramos ver que por los ayunos de esperanza vivimos.

Námaste Heptákis

Secretos de la banda. ¿Ya somos sólo un trío? Está bien que a mi amigo Gazmogno le gusta el contrapunto y tocar como a destiempo. ¿Tres semanas sin publicar, Gazmogno? Por menos de eso ya habías acusado a alguien de andar “mamando palo”… y yo sabía que le hacías al saxofón.

Coletilla. “¿No tendrían que gritar las piedras ante el sufrimiento de una niña? ¡Oh, Señor; qué monstruoso sería todo sin ti!” Jacques Fesch

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Un comentario en “Días aciagos, noches inciertas

  1. En verdad que hablas con verdad mi querido Namaste, andaba mamando puro palo… pero ya volví… ¡en forma de fichas!

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