Mal está el solo

Mal está el solo

“En el descubrimiento o en la depuración de los datos, en la explicación, la narración o la síntesis, se abre paso con la brújula de su cordura”, así describía Alfonso Reyes a Silvio Zavala en 1953, con motivo de un homenaje que entonces recibía el historiador en el Colegio Nacional. El pasado 7 de febrero, Silvio Zavala cumplió 105 años. Si bien coincido con Eduardo Nicol al creer que ningún mérito se tiene en cumplir años, creo que es un demérito no recordar este 2014 la obra de Silvio Zavala, no tanto por su centena y cinco centavos, sino porque es esencialmente iluminadora sobre el drama de la historia patria que se llama Michoacán. La situación actual es realmente confusa: legitimidades no reconocidas y asumidas de modo meramente factual; imperio de la fuerza; propaganda de la impotencia y el mal gusto; comunidades que se arraigan en pretendidas tradiciones antiguas para incursionar en la modernidad mundana; ideologías importadas para explicar el fracaso y exportación del fracaso para justificar a las ideologías. Ideas, finalmente, que se apuntalan con las armas o con las plumas como armas, ideas que renuncian a hacernos más habitable el mundo y nos aferran a hacernos sobrevivir en él. Ideas suicidas sobre la vida michoacana o el suicidio de un noble ideario.

         Fue en mayo de 1941 que Silvio Zavala impartió en Morelia dos conferencias que a la postre terminaron reunidas en el excelente libro Ideario de Vasco de Quiroga. La primera, intitulada “La actitud doctrinal de Vasco de Quiroga ante la conquista y colonización de América”, es la exposición del análisis que Quiroga hizo ante las decisiones políticas para la pacificación de Michoacán. ¿Qué pacificación? La que se volvía necesaria tras la conquista. Tras la promulgación –en 1530- de la prohibición de la esclavitud (que exceptuaba a quienes ya eran esclavos y a quienes se sublevaban), los conquistadores promovieron la violencia entre los indios para exigir al Consejo de Indias la legitimación de procesos que validaran la esclavitud. La respuesta de la Corona intentó ser conciliadora no sólo respetando la esclavitud tradicional, sino concediendo por derecho de gentes la esclavitud a los españoles –ahora se le llama registro, incorporación y legalización-. Quiroga reconoció que la decisión de la Corona era errónea, pues sembraba las posibilidades de éxito en la guerra y no en la paz, y la cordura debería permitir a cualquiera el reconocimiento de que la guerra es más susceptible de fracaso que la paz. O dicho de otro modo: pacificar mediante la fuerza, explícita de los revólveres o implícita de las chequeras, es hacer la guerra sin tener el valor para declararlo; la única paz posible es la que nace de la humildad: humillación ante el mal, arrepentimiento como salvación. Por ello, pensaba Quiroga, el único camino era el de las buenas obras y no las inhumanidades. ¿Cuáles eran esas buenas obras? El famoso Hospital-Pueblo de Santa Fe: un lugar donde se pudiese vivir para mejorar la vida diariamente, aprendiendo y enseñando las artes y los oficios que permiten tejer la genuina vida social. Pacificar es imposible sin buenas obras y las buenas obras rechazan la oropelada publicidad del éxito. Pacificar es comenzar a vivir humanamente.

         La segunda conferencia, intitulada “El humanismo de Vasco de Quiroga”, explica las bases teóricas en las que estuvo fundada la posición pública de don Vasco: el humanismo cristiano de Erasmo de Rotterdam y Tomás Moro. Lo más relevante para nuestra situación es que el principal ideal humanista de Quiroga es una buena clave de nuestros problemas –y advertido tan claramente como siglos después lo mostró Tolstói-: “mal puede estar seguro el solo, y mal puede ser bastante para sí ni para otros el que ninguna arte ni industria tiene”. Dicho de otro modo: la situación de los indios tras la conquista sólo puede corregirse si se corrige el despojo. La modernización del Nuevo Mundo, así como nuestra modernización burguesa, es despojante: nos despoja de la comunidad y nos reduce a la soledad; nos despoja de la tierra y nos reduce a fuerza de trabajo aplicada al empleo; nos despoja de la vida familiar y nos vuelves agentes económicos; nos despoja de la esperanza y arruina nuestra vida. Ante lo cual, reconocía don Vasco, es necesario reconstruir la comunidad mediante el trabajo, no obrero sino familiar, y las buenas costumbres. Y don Vasco de Quiroga lo hizo organizando el esfuerzo común en las ordenanzas de los 105 hospitales-pueblos que fundó a lo largo de su vida.

         El ideario de Vasco de Quiroga se distingue de las ideologías manumisoras porque reconoce el origen del mal social y ofrece vías prácticas para conducir el arrepentimiento. La invaluable obra de Vasco de Quiroga en Michoacán puede devolvernos la luz de la esperanza que se ha perdido en décadas de ideología. La invaluable obra sobre Vasco de Quiroga de Silvio Zavala en Michoacán podría ayudarnos a distinguir lo posible de lo imposible, a orientarnos con la brújula de la cordura para vivir mejor, o al menos un poco mejor.

Námaste Heptákis

Coletilla. El último artículo que escribió José Emilio Pacheco está dedicado a homenajear a Gabriel Zaid. El pasado 1 de febrero, en el suplemento Laberinto del diario Milenio, Gabriel Zaid se dedica a sugerirnos ideas viables de homenajear a José Emilio Pacheco. Comparto las sugerencias a continuación.

El centro más visible de la obra de José Emilio Pacheco es su poesía, creciente y corregida una y otra vez en cada nueva edición. No menos admirables son sus traducciones, desde los epigramas griegos hasta Schwob, Wilde, Eliot y Becket.

En otra órbita, pero con el mismo centro, están sus relatos (de ficción o históricos), sus libretos de cine, su abreviación de La Numancia y ese cometa inesperado que se desprendió como bestseller, aunque no fue escrito como tal: Las batallas en el desierto.

Más los artículos de lujo que dejó perdidos en la fugacidad de la prensa, aunque están notablemente escritos, y no sólo son informativos y amenos, sino que, de pronto y sin avisar (lo anterior puedes verlo en una enciclopedia, pero lo que sigue nadie lo ha dicho) crean conexiones inesperadas que no a cualquiera se le ocurren.

Menos visible es su obra anónima: las soluciones como el epígrafe homenaje (sin conexión con el artículo) que ahora tantos usan sin saber quién lo inventó; o los cuidados editoriales que no lucen como obra creadora, y sin embargo lo son. Su Antología del modernismo es de una creatividad asombrosa.

Cuando tantos que escriben no están dispuestos a revisar ni sus propios textos; cuando tantos que editan no leen lo que publican; cuando parece no importarle a nadie que los libros, revistas y páginas culturales lleguen hasta el lector con todo tipo de descuidos, hay que admirar y agradecer el amor al oficio y a los textos ajenos que demostró Pacheco, siguiendo a Alfonso Reyes, Octavio Paz, Juan José Arreola y Antonio Alatorre. Hizo talachas a las que nunca “descenderían” hoy muchos becarios, periodistas culturales e investigadores que tienen cosas más importantes que hacer que cuidar los intereses del lector anónimo.

Hay que cuidar de esa manera su obra, respetando los libros que él mismo organizó y revisó, pero recogiendo lo que está a la deriva. Por una parte, lo que haya dejado inédito (incluso grabaciones de sus conferencias, participaciones en mesas redondas, declaraciones, entrevistas). Separadamente, la prosa cuidada y publicada por él mismo, pero dispersa. De ésta hay que hacer inventario, y proceder a la pepena, por lo pronto tal cual. De esa cantera pueden salir después las ediciones, ya no se diga las consultas de lectores e investigadores.

La única intervención inicial sobre el material escaneado sería añadir la fuente, detallada como en la ficha bibliográfica de un artículo. No hay que esperar a terminar, para ir haciendo cederrones sucesivos cada vez más completos que circulen entre los colaboradores del proyecto. Cuando el avance lo justifique, se puede crear un sitio de internet interactivo para ampliar las oportunidades de consulta y colaboración. Con buenos cimientos, se puede construir algo perdurable.

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Un comentario en “Mal está el solo

  1. Es tan sensata la voz de quien calladamente y con su esfuerzo unifica y pacifica recuperando la dignidad del hombre, que al ver tanto discurso y tanta falta de oídos entiendo mejor la insensatez de lo que se pretende hacer ahora en Michoacán.

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