Un ejercicio de sencillez

Un ejercicio de sencillez

 

When we sing with younger folks,

we can never give up hope

No podría atinar a decir por qué razón la música folk debería ser considerada una obra de arte, pues ni es un problema que me preocupe ni es algo que en verdad quisiera. Simplemente disfruto escuchar música folk. No soy de los que creen que es necesario elevar los gustos propios a paradigma cultural, pues ni aspiro a imponer mi gusto entre mis allegados, ni anhelo hacerme cercano a ellos por el mero hecho de compartir un gusto musical; la amistad me interesa en otro sentido y la música me es demasiado personal. Sin embargo, hoy falto a mi propia costumbre y decido dedicar unas líneas a la música, a la música folk para ser más preciso, a la música folk de Pete Seeger para ser exacto. El pasado 27 de enero, en Nueva York, falleció Pete Seeger. Si quisiera ganarme fácilmente la simpatía del lector diría que Seeger fue un gran luchador social, un artista comprometido con la búsqueda de mejores condiciones para la clase obrera, o citaría a Silvio Rodríguez para afirmar con él que se comprometió con el medio ambiente y la sociedad; pero para ser honesto, y no ser Silvio, todo eso es ajeno a mi experiencia como escucha de la música de Pete Seeger. No creo en el ideal americano, cada día pierdo más esperanza en las protestas sociales y doy casi por hecho que “el cambio que el mundo necesita” no sólo no llegará a tiempo, sino que ya no llegó; ya no creo en la inocencia del campo, ni en la mera bondad del pueblo bueno; me enternecen los buenos deseos y las malas políticas me hacen rabiar. Y a pesar de todo ello, disfruto escuchar la música de Pete Seeger. No puedo evitar acompañarlo con el inolvidable coro de We Shall Overcome, ni me puedo quedar impávido cuando nos pregunta “¿dónde han quedado las flores?”; nunca puedo olvidar que llevó a canción algunos versículos de mi libro favorito del Antiguo Testamento. Disfruto mucho escuchar a Pete Seeger y hasta ahora que ha muerto he podido preguntarme por qué: la entusiasta esperanza de cambio que se alberga en las letras de Pete Seeger despierta en mí la nostalgia de lo que pudo ser y ya no será, de la grandeza de miras a la que he llegado tarde, del tímido secreto que susurra entre la noche la más cruel de las verdades: todo se ha acabado. Y si ahí, en medio de esa noche final, una guitarra sencilla puede entonar un treno por la humanidad, esa guitarra puede todavía reunirnos para que, habiendo todo terminado, cantemos juntos nuestros sueños: oh, deep in my heart, I do believe, we shall overcome, someday…

Námaste Heptákis

Coletilla. “Dios os pide la rendición final de vuestro corazón y vuestro corazón languidece ante él. Sin Dios jamás estará satisfecho. Examinaos desde ese punto de vista. Tal vez encontraréis allí la puerta de la casa de Dios”. Teófano el Recluso

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