Que el escándalo no sea fatuo

Que el escándalo no sea fatuo

Porque los buenos no son tan grises,
ni los sabios tan serios,
ni los pobres tan feos.
S & S

Hemos perdido el sentido del escándalo y por ello las peripecias de la vida diaria no nos enseñan nada, no nos exigen nada, nos permiten –con suma facilidad- reducirlas a la dicotomía del like, al oportunismo del hashtag, a la morbosidad del leaks o a la incomodidad del gate. Hemos perdido el sentido del escándalo como obstáculo –que es su sentido etimológico- para reivindicar un gusto libre de obstáculos, compromisos y limitaciones. Tiranía del deseo revestido de gusto; imperio de la ley… del más fuerte… del deseo más fuerte; gusto que no se distingue del capricho, capricho que no se libra del disgusto, disgusto que estimula a la imaginación para inflamar el deseo, deseo revestido de gusto… No hay obstáculos, sólo oportunidades… oportunidades de aprovechar los escándalos para entretener la vida en el imperio del “gusto”.

Después de Jesús –escándalo para los que vieron morir al Dios, escándalo para quienes vieron la salvación en el hombre- el gran escándalo humano es San Francisco de Asís. Francisco es escándalo porque parece insensato: renuncia a la herencia familiar y a las ventajas sociales del buen nombre por servir a Dios, los hombres y las creaturas. Francisco es escándalo porque parece indolente: renuncia a trabajar y acumular riquezas por servir a Dios, los hombres y las creaturas. Francisco es escándalo porque parece insolente: no reconoce mayor autoridad que Dios, no viste para impresionar a los hombres ni se arregla para agradarlos, no escatima en cortesías para invitar a la fe, pero tampoco se escuda en falsas dulzuras para denunciar el pecado. Francisco es escándalo porque dedica su vida al servicio…

Sin embargo, para nosotros se ha diluido lo mismo la idea del escándalo que la del servicio. La primera ha sido sustituida por una construcción mediática para exculpar y justificar laicamente el linchamiento ritual, el anatema, la inmoralidad [cual lo ha mostrado perfectamente René Girard]. El segundo, en cambio, es una modalidad irresponsable de la esclavitud voluntaria, en un lado, y de la sustitución de la libertad ciudadana por el totalitarismo de Estado, en el otro [así lo han mostrado Iván Illich, Giorgio Agamben y, recientemente, Sergio González Rodríguez en Campo de guerra]. Del servicio originado por la caridad a la cultura del servicio nacida de la escasez; del escándalo como obstáculo para el juicio moral al escándalo como inmoralidad e imperio del “gusto”; hemos perdido las bases para juzgar a la pobreza en su justa medida, y eso nos puede acarrear terribles consecuencias.

Creo que un muy elocuente ejemplo de la carencia de bases para juzgar a la pobreza se mostró en la opinión pública esta semana: el caso de Mamá Rosa y su albergue “La Gran Familia” en Zamora, Michoacán. Someramente puede decirse que el pasado martes las autoridades anunciaron la realización de un operativo militar para intervenir y detener a los responsables de una casa-hogar de la que fueron “rescatados” quinientos niños, previamente abandonados por sus padres, que vivían en “malas condiciones”. La primera alerta la dio el historiador Enrique Krauze: por su manera de presentar el caso, las autoridades están propiciando un linchamiento de la mujer que por más de 60 años cuidó a miles de niños abandonados. La segunda voz fue del historiador Jean Meyer, quien afirmó conocer la casa, conocer a quien la dirigía y no contar con elementos que le permitiesen aceptar como probables las acusaciones de los funcionarios federales contra Mamá Rosa. Carlos Puig, en Milenio, preguntó: ¿se requería un operativo militar para detener a una mujer enferma de más de 80 años? Las autoridades federales, que nunca respondieron directamente, justificaron el operativo por las condiciones de violencia (¿violencia en Michoacán?, ¿no que ya era todo lindo y bonito y hasta un “filósofo” lo gobierna?) y continuaron el linchamiento presentando fotos, respaldándose en expertos de cinco minutos que confunden a los niños perdidos de Peter Pan con los niños abandonados en Michoacán y reiterando las “malas condiciones” en que encontraron todo. La exprimera dama, Marta Sahagún respondió bien en defensa de Mamá Rosa: “la pobreza no es delito”. Enrique Krauze, nuevamente, afirmó lo innegable: “Suciedad, hacinamiento, ratas, abusos. Pero a Rosa Verduzco, en 66 años, no le han estallado tanques de gas matando bebés”; y creo que con ello reveló el centro del problema. El gobierno mexicano inició un linchamiento público contra una mujer que por 66 años intentó compensar la negligencia y la desidia de una sociedad y un gobierno que no tuvieron la menor idea de qué hacer con sus miserables, con sus desarrapados, con quienes cayeron en la desgracia de no tener a nadie. Ocuparse de los miserables constituye una única perturbación de la plaza pública: la de mostrarnos desgraciados. Somos los desgraciados que con la mirada desdeñosa despreciamos a una mujer que tiene en más la caridad del servicio que los estándares de calidad que certifican a la cultura del servicio. Cierto, quizá en La Gran Familia no se cubrían los estándares de salubridad, académicos y de eficiencia que los progres de nuestra sociedad han dictado [la UNAM, el IMSS y el Senado tampoco los cubren, y no hay detenidos, ni operativos, sino apapachos, propagandas y certificados de excelencia en la mediocridad], pero sí tenía la caridad y la esperanza que a muy buena parte de nuestras instituciones le han faltado. Mamá Rosa debería ser el escándalo que nos enseñe a pensar la pobreza.

Námaste Heptákis

Coletilla. Retrato de Rosa Verduzco por J.M.G. Le Clezio. Artículo de Enrique Krauze sobre Mamá Rosa en su libro Retratos personales, Tusquets, 2007.  Conversación de Jean Meyer y Héctor Aguilar Camín sobre el linchamiento de Rosa Verduzco. Artículo de Enrique Krauze en el diario Reforma del 20 de julio de 2014. Cartón de Paco Calderón del 17 de julio. Artículo de Jean Meyer en El Universal del 20 de julio. Artículo de Salvador Camarena en El Financiero del 21 de julio. Artículo de León Krauze en El Universal del 21 de julio. Artículo de Alberto Ruy-Sánchez en SinEmbargo. Artículo de Denise Maerker en El Universal del 22 de julio. Artículo de Guillermo Sheridan en El Universal del 22 de julio. Artículo de Salvador Camarena en El Financiero del 23 de julio. Entrevista de León Krauze a Mamá Rosa. Y el portal Animal Político informa sobre el segundo albergue de Mamá Rosa. Artículo de Luis de la Barreda en Excelsior del 24 de julio. Artículo de José Woldenberg en Reforma del 24 de julio. Reportaje de León Krauze en Animal Político. Crónica de León Krauze en Letras Libres.

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2 comentarios en “Que el escándalo no sea fatuo

  1. Creo que este escándalo visto en sus justas dimensiones nos puede llevar a pensar bien en la pobreza, tal como señalas al final del texto.
    Sólo he de apuntar por el momento que la pobreza no sólo es la material, que es en la que se regodea el morbo del vulgo; también está la pobreza espiritual que nos lleva a ver un delito digno de persecución en la caridad, y hay pobreza de miras, al pretender arreglar las cosas que nos indignan bajando la expectativa sobre lo que es mejor para el hombre, en especial cuando lo mejor es la filantropía de quien arroja migajas desde su mesa y no la caridad de quien se da a sí mismo por amor al otro, pensé también en la pobreza de quien indiferente parpadea ante situaciones que necesariamente nos obligan a pensar sobre la justicia, el justo y sus respectivos contrarios.

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  2. Me gusta mucho cómo escribes Námaste, me gustaría algún día escribir como tú. Lo haces tan bien que en muchos de tus artículos no se me ocurre algo más que pueda agregar a la discusión. Veo que ahora empleas el hipervículo, eso es nuevo. Pero sin más; al respecto de tu artículo:
    Esto de los escándalos políticos en algunas ocasiones está sobresaturando los medios de información como si en verdad fuera la única cosa de la que se pueda hablar en todo el país. Sincrónicamente, como dirían los estructuralistas, la noticia busca eso: Sobresaturar. Pero ¿Qué pasa con la noticia diacrónica? Es decir aquella que tú mencionas y pone en relación la guardería ABC con La nueva familia. Pareciera que para ese tipo de noticia no hay memoria ni “justicia”.
    Me es difícil opinar al respecto ¿Pero te digo algo? Cada vez que leo a Oscar Lewis no puedo evitar pensar en ello. Las características que él daba sobre la llamada “cultura de la pobreza” van bastante acordes a la sobresturación (igual y queda mejor sobreestimulación) del presente y el olvido de lo pasado, con escasa o nula planificación del futuro. Todo ello aunado al odio a la policía y gobierno, la desconfianza y el cinismo frente a la iglesia. ¿No te suena? Quizá todo va de la mano.

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