El barco de los grumetes

Hay mucho que discutir cuando se habla del modo de educación que hemos elegido en este país, de los métodos y de los números. Hay quienes piensan, definitivamente no la mayoría, que nos perjudica más esta obsesión por que cada persona con ojos y boca sea profesionista con licenciatura y otro grado si se puede. Este año la UNAM admitió un número récord de estudiantes que nomás no llega a admirarnos lo que debería porque somos tantos en el país que ya no distinguimos entre tan gigantescas cantidades. Pero entre todo lo que puede argumentarse en contra de esta hinchazón exagerada, hay una razón que debería ser bien obvia: la vocación de maestro es una cosa muy rara. ¿De dónde vamos a sacar tantos para dar clases a todos estos inscritos? La vocación de maestro implica querer entregarse a los demás con la seria preocupación por hacerle bien a quien busca mejorarse. Requiere además tacto para no confundir ni severidad con crueldad, ni suavidad con blandura. Necesita ser ejemplo de quien hace bien las cosas, y no solamente las que conciernen a sus clases. El que tiene vocación de maestro quiere ser autoridad no por institución, sino por respeto. Él quiere merecer ese respeto y lo consigue con su entrega. Para que cualquier trabajo resulte bien es por mucho preferible hacerlo con gusto que hacerlo obligado; sin embargo, el caso del maestro está más allá. Él debe querer lo que hace para mostrar a sus estudiantes cuál es la bondad en lo que enseña. Debe poder enseñar que eligió enseñar no sólo por tal o cual materia, sino porque es preferible compartir.

Lo malo es que es una ridiculez pedir todo esto en vez de un curriculum con nombres de instituciones destacadas (que ya no «de buena reputación»). Para tantos inscritos en todas las escuelas necesitamos una cantidad de profesores igualmente alarmante; pero el modo en el que se consiguen en grandes cantidades no es congruente con lo que hace al maestro querer ser maestro. No puede esperarse sensatamente que en algún lugar haya tantas personas con vocación de enseñar. El remedio sale peor, porque la disposición del maestro se pretende substituir con cursos de enseñanza y aún otros grados: que se diplomen y doctoren, que pasen horas sin fin repasando métodos, elucubraciones o cuanta información se tenga sobre qué es enseñar según los más destacados investigadores pedagogos de Europa, que no den clases de esto los que hayan estudiado esto otro si antes no se meten a clases de lo de más allá. Tan absurdo es querer hacer maestros en el salón con indoctrinación pedagógica como querer que el niño que no tiene ningún aprecio por la música toque bien el piano. Un maestro se daría cuenta fácilmente de la obviedad del caso, pero hay muy poquitos, de voces perdidas entre los bramidos de las academias.

Nuestro problema de educación es mucho más serio que tener muchos analfabetas o mucha gente que no sabe de geometría. Nuestro problema de educación no se resolverá con más inscritos y más escuelas y más horas de clase, porque consiste en no poder ver la diferencia entre estos desplantes y nuestras verdaderas carencias. No importa si en nuestro país estamos educando a cientos, miles, millones o millardos de personas, ningún bien se consigue si sólo aprenden a procurarse a sí mismos y a desearlo todo sin saber qué hace bien. Carecemos del cuidado por los otros, de seriedad, de preocupación y entrega. No nos hacen falta más personas con título, lo que nos falta es quienes tengan la vocación de hacerle bien a los demás.

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14 comentarios en “El barco de los grumetes

  1. Punto 1: Por más que me duela admitir, creo que la educación técnica se encuentra subestimada en México, muy por abajo de la educación “humanista”. Desde mi punto de vista la educación humanista se opone en varios aspectos a la educación técnica, por no decir que en términos pedagógicos se oponen. Las preparatoria y los CCHs son un ejemplo claro. Por más que lleven el nombre de “humanidades”, en muchos aspectos el ambiente estudiantil y docente no es diferente de los CONALEPs y CECyTs.
    Punto 2: La vocación de maestro es un género literario muy padre, pero no creo que sea algo genuino. No es algo que nazca por mandato divino, es algo que se va forjando. No es lo mismo pensar que estás enseñando a un grupo de chicos drogadictos y chicas “MmC”, sin que simultánemanete creas que se está perdiendo el tiempo. Es difícil pensar en un buen maestro sin las condiciones para que lo sea.

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  2. Noto que asumes ya algunas cosas sobre la vocación que no comparto contigo. Las dos importantes que veo son, primero, que sea necesario reconocer el mandato divino para que se dé, y segundo, que son excluyentes la condición que hace posible ejercer la vocación, y el hecho de que exista. ¿Por qué piensas que estas cosas son así?

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  3. El “mandato divido” fue un decir, no es una cosa de necesidad. Podría haber dicho que no es algo espontáneo, también podría haber dicho que la vocación de maestro no se encuentra de camino a Damasco; ese suena más padre. Aun así lo fuera, “no hay santo sin pasado, ni pecador sin futuro” por más vocación que tengas eres un hombre falible, imagina cuántas generaciones tuviste que echar a perder para alcanzar el respeto y el reconocimiento que tienen los maestros consagrados. Por otro lado no porque consideres no haber podido enseñarles a tus estudiantes las bondades de la enseñanza, todas las generaciones son desechables. No todos pueden tener el mismo talento para la enseñanza ni el mismo talento para el aprendizaje. Quizá simplemente no les gusta tu clase pero sobresalen en otro tipo de actividades, como yo decía al respecto de las carreras técnicas. La educación humanista está sobrevalorada, espero concuerdes conmigo al menos en eso.

    Por otro lado he dicho “es difícil” mas no “son excluyentes”. Hay que sentir en carne propia lo que es “amar a Dios en tierra de indios”. No puedes simplemente obligarlos a que te quieran, no eres mago ni demagogo.

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  4. Creo que ya te entiendo, Mario. Nomás que tú y yo estamos hablando de cosas diferentes. Según veo, te refieres a la aptitud del docente y a su capacidad de ser exitoso en la academia. Ahí, efectivamente, uno debe fijarse en el resultado según cada caso y según hayan sido las cirunstancias del alumnado. Cuando yo hablo de vocación por enseñar me refiero a otra cosa, a lo que enfatizo en el escrito: la disposición de enseñar por interés en el otro, y al cuidado por hacerle bien a alguien más. Esto no tiene que contraponerse necesariamente a las clases y los salones (aunque nuestros métodos educativos parecen esforzarse por que así sea), pero tampoco se circunscribe a ellos. Y más importantemente, y espero que lo notes, sí es contrario al ímpetu por hacer una brillante carrera de profesor. No es lo mismo maestro que docente.

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  5. No es que sea más importante lo uno que lo otro, Mario. Lo que intento decir es que no son dos polos el “trabajo” del maestro como entendemos la docencia y su vocación por enseñar, sino más bien, que tenemos confundido quién es el maestro, y que por eso las condiciones que existen para la docencia son tan incongruentes. Los criterios por los que se examinan las capacidades de los profesores en casi todos lados responden a circunstancias complicadas: como la ventaja demagógica de la pedagogía, la grande demanda de educación como mercado, la noción de preparación para la competencia, etcétera. Esto, junto con el hecho de que somos una cantidad abrumadora de mexicanos, contribuye a que el sistema académico funcione prefiriendo los aparatos para formar docentes que buscando la vocación del maestro. Ésta, por ser una cosa rara y de procedencia misteriosa, no puede asumirse razonablemente como parte del camino para preparar profesores en los términos en los que está estructurado el sistema educativo. A eso es a lo que quería apuntar. A eso y al hecho de que es obviamente contraproducente.

    Y en cuanto a citas sobre diferencias, prefiero: “If men really could not distinguish between frogs and men, fairy-stories about frog-kings would not have arisen”.

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  6. Cosa rara es eso que llamas maestro (y muy ambigua la cita de Tolkien hehehe… ). Ojalá puedas profundizar con mayor detenimiento la diferencia entre el docente y el maestro en un futuro ensayo. Y si puedes conservar la analogía entre el sapo-docente y el hombre-maestro para saber lo que hay entre ellos dos de fantasioso y real sería espléndido. (A mi me gusta más George RR Martin, pero eso es cuestión de gustos…)

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  7. ¡Excelente entrada, Cantumimbra! Esta vez pienso que tienes toda la razón. La manera de entender la labor de los maestros, el hecho de confundirlos con profesionales con credenciales y permisos para enseñar, hace muy difícil que en efecto haya tantas personas con vocación de maestro cuantas serían necesarias para educar a las juventudes los pueblos, principalmente con las cantidades tan increíbles de jóvenes a ser educados en nuestras sociedades. Sin embargo, me parece que siempre ha existido tal problema; siempre son menos los que tienen la disposición y la vocación para ser maestros y querer compartir los conocimientos (sin dejar de lado que existen múltiples modos de conocimiento y yo diría que la mayoría de ellos no se identifican con cantidad de información) y eso me parece un problema insoluble.
    En ese sentido, creo que el que haya aún algunos docentes que a la vez son maestros, y de que también haya maestros sin ser docentes ni tener credenciales ni permisos es un síntoma de que la esperanza de una buena educación no está perdida, y de que no hay que desesperar del todo ni preocuparse más de la cuenta, sino ocuparse de intentar tener la disposición, ya de ser maestro, ya de reconocer y aceptar las enseñanzas de los maestros.
    Respecto al diálogo que tienes con mariocornejocuevas se me ocurre decir, sin pretender inmiscuirme en lo que vienen diciendo y más allá de algunas cosas en que estoy en desacuerdo con él, creo que en efecto están hablando de cosas distintas y que con eso de “cosa rara es eso que llamas maestro” termina dándote la razón en todo lo que dice incluso en el caso de que no se haya dado cuenta. Creo yo que lo que dices podría sintetizarse así.
    Yo le recomendaría a él, además de leerte a ti en el futuro, leer a Platón, pues es excelente para notar, entre muchísimas otras cosas, lo que es un maestro (en muchos sentidos) lo raro y difícil que es encontrar uno ; y, con todo respeto para ti, mucho más disfrutable y benéfico. Un abrazo, amigo. Ojalá todos los docentes pudieran ser maestros.

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  8. Fe de erratas: en la línea cuatro de mi comentario, debe decir “… las juventudes de los pueblos”; en la sextos línea, quizás quedaría mejor el t´reino “pocos” que “menos” ya que este último es de relativo y aquello con lo que lo relaciono está supuesto. En la decimoctava línea de mi comentario, debe decir “… lo que dices…” y omití poner la “ese”. Y en la antepenúltima, una coma después del paréntesis y antes de “lo raro” no vendría mal. Y cambiaría en ese penúltimo enunciado por lo que sigue: “Yo le recomendaría a él, además de leerte a ti en un futuro, leer a Platón, pues además de excelente para notar lo que es un maestro, lo es para ver la multiplicidad de sentidos que puede tener eso de ser maestro y lo difícil que es encontrar uno. Asimismo, y con todo respeto para ti, es más disfrutable y benéfico para uno mismo.” Gracias.

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  9. Estoy de acuerdo con martinsilenus y lo sostengo: “cosa rara es eso que llamas maestro”, te doy la razón en lo que cabe. Pero creo que de fondo hay más cosas en la educación de hoy en día que un buen discernimiento.

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  10. Está muy bien que los sostengas mariocornejocuevas, pues en efecto me parece que es muy raro, tanto en el escrito de Cantumimbra, como en la realidad. Yo creo, a reserva de lo que piense el autor del escrito que ahora comentamos, que esas “más cosas” a las que te refieres en cuanto a la educación requerirían muchas más palabras y otro tipo de escrito (con otros fines) que el que nos obsequia Cantumimbra, por lo que la conversación a ese respecto, a pesar de efectivamente ser muy interesante y necesaria, requeriría otro lugar que los comentarios de esta entrada, pues es un asunto que a mi me parece del todo diferente que lo que le entiendo a él. Un saludo.

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  11. Muchas gracias por la lectura, Martinsilenus. También creo junto contigo que la amplitud del problema que señala Mario es mucho mayor que lo que pretende el escrito éste, y que lo que nos hemos atrevido a dirimir aquí. Muchas gracias a los dos por comentar.

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