Sirviente y político

¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si se pierde a sí mismo?

Mc. 8, 36

 

El discurso sobre la importancia del servicio comienza a inundar las calles. No tiene por qué extrañarnos que tal ocurra: faltan escasos nueve meses para que a la mesa de los banquetes acudan quienes han sido elegidos como servidores públicos; los elegidos festejarán con bombo y platillo; los no tocados por la fortuna seguramente se quejarán y señalarán las malas cualidades de los primeros para servir a quienes los eligieron. Todo esto nos exige pensar en lo que es un servidor público y en lo que realmente busca el que pretende llegar a serlo.

Si pensamos un poco en lo que realmente implica el servicio, que en un primer momento se puede entender como lo que hacían los esclavos por sus amos, entonces resulta muy extraño y hasta contradictorio que el poder político y el servicio real vayan de la mano.

A menos que el poder buscado por quienes pretenden servir sea ajeno a este mundo. Pero si es ajeno entonces no pertenece al ámbito de la política; además si ese es el caso, quienes buscan servir a los demás pronto se  darán cuenta de que para hacerlo basta con entregarse a sí mismos, y hacer todos los días lo que corresponde a un sirviente de quien es digno de ser servido, lo que no implica ni remuneración ni el cumplimiento de los caprichos que pueden resultar nocivos para quien es servido, sino prestar atención a lo que requiere el servido para ser feliz y no sólo para cubrir sus necesidades corporales que, si bien son importantes, no se comparan con las necesidades de un espíritu carente de paz; todo esto sin la esperanza de gratificación alguna, pues el buen sirviente sólo hace lo que debe, porque para el servido es bueno lo que hace.

Pero, si es el caso que el poder buscado es el que hace grandes a los hombres entre los hombres de este mundo, entonces lo que no tiene sentido es procurar ser elegido como sirviente. Y de hecho ni siquiera tiene sentido procurar ser elegido, porque la excelencia brilla por sí misma y no depende de elecciones fundadas únicamente en el discurso del servicio a futuro, pues la grandeza no se reduce a la popularidad, así como el servicio real tampoco se reduce a las buenas intensiones enterradas en medio de papeles que pronto se lleva el viento.

 Maigo.

Addenda: Me parece, lector, que los siguientes versos dibujan muy bien  los movimientos que se verán en la esfera pública en los próximos meses:

 

Corren los caballitos

los grandotes y los chiquitos

porque allá en la caballeriza

la comida se sirvió

tienen ahí su alfalfa

fresca y verde como esmeralda

invitándolos a ponerse un atracón.

Todos ellos corren mucho

pero atrás uno quedó

un caballo con un callo

que al correr se le inflamó

Corren los caballitos

los grandotes y los chiquitos

porque allá en la caballeriza

Doña Paja los llamó.

Corren los caballitos

los grandotes y los chiquitos

porque allá en la caballeriza

la comida se sirvió

tienen ahí su alfalfa

fresca y verde como esmeralda

invitándolos a ponerse un atracón.

Todos ellos corren mucho

pero atrás uno quedó

un potrito caprichoso

que al suelo se tiró.

Corren los caballitos

los grandotes y los chiquitos

porque allá en la caballeriza

Doña Paja los llamó.

Cri-Cri.