Cosméticos para oradores

Es muy interesante observar cómo aprenden los niños. Con atención, pronto se da uno cuenta de que no sabe cómo sucede por más que los siga viendo. Por supuesto, uno se percata de que imitan lo escuchado y lo visto, de que en sus oraciones delatan relaciones curiosas que encuentran entre las cosas, y otros detalles por el estilo; pero por más que uno haga analogías con esponjas o tablas de cera, no se ve ni el agua llenándolos ni los caracteres imprimiéndose. Uno los ve a ellos, y dicen y preguntan y aprenden. Luego, con más atención, uno se percata de que no es muy diferente cómo uno mismo aprende de lo que está viendo en los niños.

Preguntas tenemos todos, y por lo general son muchísimas: la mayoría son preguntas vagas, y algunas poquitas claras. Parece que hay un sentido en el que aprender es un modo de respondernos preguntas, especialmente sobre las cosas que nos interesan. Pero no todo lo aprendemos igual y muy congruentemente, no todas nuestras preguntas son del mismo tipo. No es lo mismo interesarse por la astronomía y aprender los ciclos de los astros, las mediciones de sus movimientos, las causas de los colores nocturnos; que interesarse por otra persona y querer conocerla, saber sus hábitos, compartir en conversación, etcétera. No son la misma clase de preguntas las que nos invitan a curiosear en ambos casos (si las invirtiéramos, de pronto andaríamos queriendo saber la circunferencia de la cabeza de alguien y qué cosa le hace bien al Sol).

Las personas que saben mucho de cierta área suelen inclinarse por usar muchos tecnicismos (palabra fea que implica tramposamente que las palabras comunes y corrientes no tienen nada de técnico), y estos nombres que suenan tan extraños a los novelesparecen haber surgido de preguntas que ya se han respondido. Por decir, puede pensarse que ya no hace falta más búsqueda de qué es el corazón una vez que uno conoce bien qué es el mediastino, el pericardio, los músculos auricular y ventricular, y cosas como ésas. He notado que el uso extendido de tecnicismos es favorecido especialmente por gente que piensa que el lenguaje vive en dos mundos, más o menos como si fuera un niño: el mundo de los juegos, las bromas y el relajo, donde todo lo que hace es liviano y puede decir con metáforas lo que se le antoje porque nada tiene el severo peso del protocolo; y aquél otro, muy solemne, lleno de miedo por expresarse como debe ser y por seguir los pasos de la tradición bajo la espada que decapita al errabundo. Lentamente (¿o será más rápido?), el lenguaje técnico parece apropiarse del lenguaje de quien publica en artículos de importancia y se comunica con los defensores de la verdad. Por supuesto, la mayoría de las personas ven aquí a los científicos. Tiene tal grado de detalle cómo han pulido cada término, que ya no hace falta volver a preguntar nada sobre él una vez que se ha leído y comprendido su significado. El avance está prometido porque no se pierde tiempo nunca más con las preguntas que ya antes se han hecho. El progreso ha sido servido.

Creo que el que sale perdiendo con esto es el recién llegado. El orador experimentado ya tiene puesto su podio, tiene colgados banderines atractivos de colores sobre su cabeza y su salón acústico además está reforzado con micrófonos y bocinas para entumecer a los oyentes. El que acaba de llegar no tiene de otra que sentarse a oír. Él se tiene que aprender las palabras del orador casi como mantras. Él es quien aún tiene preguntas y busca aprender. Si de cierto modo casi todos somos recién llegados, en este mundo de oradores tanto tecnicismo podría darnos en la torre a todos. Que conste que no estoy diciendo que sea malo por técnico, ¿pero no será exceso usarlo para aprender? Un tecnicismo, por pretender responder una pregunta, ya cuenta con una perspectiva que podría pasar de largo el que la encuentra por primera vez. «El Medievo», lee un novato, y al repetirlo corre el riesgo de creer que tiene en su boca una época. «Romanticismo», lee otro, y puede pensar que está nombrando una corriente de pensamiento. Un descuido y el que usa el tecnicismo ya se comprometió con todo lo que esconde. Además se pueden usar a diestra y siniestra sin problema, ocultando un hueco peligroso y haciendo las veces de mucha sapiencia de quien ni siquiera se ha planteado las cosas que está diciendo. Los discursos que promueven nuestros programas de educación están repletos de frases como «indicadores transversales», «democratización de la productividad», «tasa de victimación»; pero no contienen discusiones sobre sensatez, paciencia, prudencia (que hasta suenan ridículas en este contexto). ¿No será que asumir que sólo es serio el tipo técnico de discurso sea muy perjudicial para la educación? Después de todo, si de verdad tenemos las respuestas a todas las preguntas, ¿por qué están las cosas como están? ¿O en serio se piensa que es cuestión de tiempo? ¿Es mejor dar por sentado que nada que no se pueda medir y contar con encuestas vale la pena para juzgar qué tan buena educación tenemos?

Con la gente en general y con nuestros amigos en particular, solemos ser muy serios cuando juzgamos que algo tiene importancia, y eso no quiere decir que lo serio sea igual a lo técnico. ¿Apoco admitiríamos que no son importantes las cosas que se aprenden por la amistad? Podemos ir ahí para ver esto; pero la verdad es que no hace falta. Con escuchar a algún joven fantoche presumido usar sus tecnicismos para apantallar basta para ver el riesgo de su vanidad (o a uno viejo, que da lo mismo). ¿No será este exceso, en el que confundimos lo técnico con lo serio, un síntoma de haber vivido tanto tiempo confundiendo lo científico con lo verdadero? Si lo es, hay muchísimo que preguntar todavía. Puede ser que más nos valga empezar tan pronto como podamos a hacer preguntas en serio importantes.

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4 comentarios en “Cosméticos para oradores

  1. Muchas gracias por los comentarios, Mario. Sobre los demás escritores, cada quien ha tenido su motivo, pero nada lo explica mejor que la descripción del blog que dice: “Una noche nos descubrimos la orquesta del Titanic; ahora nos entretenemos pensando quién será el último en dejar de tocar”.

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