Velad

Velad

Yo amo a Jesús, que nos dijo:
Cielo y tierra pasarán.
Cuando cielo y tierra pasen
mi palabra quedará.
¿Cuál fue, Jesús, tu palabra?
¿Amor? ¿Perdón? ¿Caridad?
Todas tus palabras fueron
una palabra: Velad.
A. M.

El éxito es la aspiración de los hombres que orientan su vida por el progreso personal. Fracaso es como los hombres exitosos llaman al resultado adverso a sus aspiraciones. Fracasar es errar en la acción. Una acción acertada es la consecución de un éxito. La vida del progreso personal es la de la acción acertada. Mas hacer de la vida una acción acertada es reducir la vida a la acción. Reducir la vida a la acción resta posibilidades a la excelencia, pues no encuentra nada en el pensamiento, en la palabra o en la omisión. Reducir la vida a la acción acertada es despreciar los buenos pensamientos, las omisiones prudentes y las palabras benevolentes. Reducir la vida a la acción acertada es reducirla a la astucia, al cálculo oportunista de los mayores beneficios. El éxito es el eufemismo con que se nombra la miseria del astuto.
La cultura del progreso hace a la vida escasa. De la acción hace un efecto. Del pensamiento, una ecuación. De la palabra, mera retórica. Y de la omisión… sólo un defecto, un “por realizar”, un “esperar el momento oportuno” o un “aparentar”. La cultura del progreso desconoce, principalmente, el pecado por omisión. La cultura del progreso, que es la cultura del poder, es incapaz de explicar el despoder, la renuncia, la piadosa omisión. ¿Cómo podría explicar el progreso aquel prodigio que acontece cuando se da la otra mejilla? ¿Cómo podría explicar la cultura del éxito el perdón de las ofensas? ¿Qué podría ver el progreso, más allá del mayor de los fracasos, en la imagen del Dios sufriente que murió en la Cruz?
El fracaso nos entristece. Pero poner la otra mejilla, perdonar las ofensas, saberse salvado por el más grande amor, nos cautiva en la alegría –tomando la frase de C. S. Lewis-. El éxito no puede ser alegre, pues nunca es definitivo, pues nunca es un fin, pues nunca deja de ser aspiración. Sólo en el despoder que es el amor la vida se vuelve alegre. De la tristeza a la alegría no hay paso posible. Del éxito a la alegría no hay camino verdadero. “Déjalo todo y sígueme”, dice el Evangelio. Y para seguirlo hay una sola indicación: “Velad”.

Námaste Heptákis

 

Coletilla. “El cristiano nunca tiene éxito; su vida es un largo fracaso victorioso; su símbolo, la cruz”. Antonio Caso

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