La incomprensible locura

La incomprensible locura

para más de uno

a modo de advertencia

 

La locura es triste por inexplicable, aunque es profundamente comprensible. Lo que es incomprensible es la imitación de la locura, la miserable desidia que se presume mudez de quien se niega a explicar, la profundidad hipócrita de quien deslava con alcohol sus actos fingiendo que sólo así refresca sus pensamientos, la negligencia en la palabra, con el hombre y para la verdad. Quien haya tenido la necesidad de convivir con la locura, en alguna de sus múltiples formas, habrá experimentado la fatigante tristeza de no poder explicarse su vida con la locura, habrá quedado sorprendido del infatigable esfuerzo que requiere comprender dicha vida y, mucho más importante, habrá podido compartir en alguna ocasión esa extraña desazón ante eso inexplicable pero comprensible que es la locura. Compartir la desazón de la locura puede ser sano en tanto nos permita prevenirnos ante los maliciosos fingidores de la locura, quienes en descargo de sus defectos disfrazan de locura la virtud y se fingen virtuosos de locura. Podría ser sano compartir la desazón de la locura si nos permite comprendernos mejor, aunque no siempre nos expliquemos.

Me he enterado de un personaje que publicita orgulloso su locura haciendo a los otros callar; algo así como el Sócrates-pez espada, pero aturdiendo la lengua en lugar de al intelecto. Cultísimo y locuaz, ofrece tretas ingeniosas a sus acompañantes para convencerlos de que nada se puede decir. Gorgias adicto al facebook, se esconde en fingidos misterios para cercenar las lenguas todavía tiernas. Universitario de triste figura, batalla a favor de la mudez fingiendo a sus envidias molinos de viento. Padre de varios crátilos y uno que otro falso místico, vende su excentricidad como franqueza, su tacañería como profundidad y su miseria como infortunio.

Conocí a un individuo cuyo infortunio fue su mayor creación: nada presumió más para justificarse, nada le sirvió más para publicitarse, en nada trabajó tan arduamente para alcanzar. Lutero del inmoralismo, justificó su vida con su infortunio para liberar las obras: todo le era válido, todo era en buena intención, todo le era asequible… pero su infortunio le entristecía y lo llevaba al alcohol, su infortunio lo desesperaba y le hacía golpear a sus amigos… ¡el infortunio! Fatalista goebbelsiano, exigía comprensión y lealtad por su infortunio, al tiempo que praguizaba las vidas y polonizaba las amistades. Cuentan que él creó la frase: “La intriga os hará libres”, indispensable para sobrevivir en el campo de su amistad. Obrero del infortunio, proletarizó su vida intelectual, pero con tal conciencia histórica que aseguró nunca le llegara su perestroika del espíritu: el infortunio le dio su sabiduría desafortunada, debe sobrellevarla pesaroso e infortunado, refrescándola en alcohol para que siga siendo suya e infortunada. Su fe y su optimismo: siempre habrá una razón para el infortunio.

¿Qué será de aquellos hombres a los que estos locos incomprensibles han educado? Me queda claro, porque los veo, que son mudos, desidiosos de la vida intelectual, negligentes de la palabra, pero son, principalmente, ajenos a los auténticos misterios: eunucos de la amistad. ¿Qué será de ellos en unos años? Les hablo ahora que todavía podemos explicarnos, y no después, cuando sean incomprensibles. ¿Han pensado qué será de ustedes?

Leyendo a San Juan Crisóstomo, un hombre tan amoroso cuanto amigable, he encontrado el azoro ante la locura incomprensible. Metido el antioqueno en el esforzado intento de explicar a sus amigos el Evangelio de San Juan, entregado cuidadoso a la explicación del mayor de los misterios, noble con la acción y la palabra, considera que la explicación de los misterios de Dios ha de ser, al mismo tiempo, una exhortación a las virtudes. Dice el Crisóstomo: “me llena siempre de estupor la locura de Pablo de Samosata, sin que me sea posible entender cómo ha podido oponerse a una verdad tan manifiesta y se ha precipitado voluntariamente en el abismo” (Homilías sobre el Evangelio de San Juan, VIII, 1). Según San Juan Crisóstomo, nos precipitamos voluntariamente al abismo de la incomprensión cuando nos negamos a ordenar nuestra vida para la verdad. Y nos negamos a ordenar nuestra vida para la verdad, cuando no nos esforzamos por compartirla, cuando nos enmudecemos voluntariamente sobre lo que no merece ser callado, cuando hablamos descuidadamente sobre lo que merece ser callado, cuando confundimos malintencionadamente a los demás y, dándonos cuenta, nada hacemos para remediarlo, cuando –como Pablo de Samosata- se compromete la salvación del alma por complacer a una dama. Ordenar la vida para la verdad es el esfuerzo amistoso por llevar una vida comprensible; y eso, hasta los locos pueden lograrlo. Alejémonos de la miseria voluntaria, que eso es lo único que salva la amistad.

 

Námaste Heptákis

Ideas en vuelo. “Para los cristianos, el futuro de la humanidad está en los ancianos”. Jorge E. Traslosheros

Coletilla. Esta semana, coletilla de incorrección política: citaré a Joaquín López-Dóriga, quien según los bienpensantes es periodista de los malos, desinformador de los de siempre y lacayo de todo eso que esa gente siempre dice. Quizá lo sea; yo no lo creo. Lo que sé es que Joaquín López-Dóriga ha creado un alter ego dicharachero que con buen tino encabeza sus columnas periodísticas del diario Milenio. Van a continuación quince buenos dichos de Florestán en las columnas recientes de López-Dóriga.

El reportero no era arisco…
No ven ni el túnel, y dicen que ya ven la luz.
La memoria histórica sólo puede ser una.
Dos cosas son coincidencia; tres, conspiración.
¿Y cuándo la nación se lo ha demandado o reclamado a alguien?
No te bajes a su nivel, porque ahí te ganan.
Si hablas con Freud, dile que dónde van a devolver las entradas.
Ciudadano rastreado vía satélite.
No te preocupes, todo va a empeorar.
Es fácil: te vas recto y en la y griega decides.
Son tan pendejos que están seguros de todo.
Hubo alguna vez vidas privadas…
Le ordenaron al militar que no generalizara.
En política, la hipocresía puede desbordar los mares más profundos.
Tus caos son órdenes para mí.

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