Tiempo para algo

Casi nunca disponemos de tiempo. Vivimos a las carreras y pocas veces nos detenemos. Por desgracia cuando cesamos de movernos en medio del torbellino de cosas que siempre tenemos pendientes, la mayor parte de las veces, llegamos a la misma conclusión, no disponemos de tiempo, y lo mejor es seguir moviéndonos. Hacia dónde, y con qué propósito nos movemos, no lo tenemos muy claro, sabemos que vamos hacia adelante, siempre hacia adelante, qué es lo que hay allá, no importa, lo realmente importante es avanzar siempre, aunque en la avanzada se pierda el tiempo que podríamos malgastar en preguntar qué eso a lo que llamamos tiempo.

La pregunta es sumamente ociosa, hace falta tiempo para preguntar por lo que hacemos todos los días, también hace falta tiempo para intentar responder sin apelar a lo que dicen algunos eruditos, citando a los sabios. Pero, justo eso que falta es de lo que más carecemos, nos obligamos a movernos y a dejar rastro de que lo hemos hecho. Comprensible es esta obligación cuando vemos que la disposición para el ocio depende de que veamos en nosotros necesidades que no se limitan a la supervivencia, es decir, depende de que nos veamos como algo más que meros cuerpos, necesitados de más tiempo y ávidos de tener un confort que sólo se encuentra mediante la ceguera del progreso.

Todos los días nos falta tiempo, pero quizá esa falta no se deba a fallas administrativas, tal y como algunos lo señalan con frecuencia, me parece que es más acertado decir que nos falta tiempo, porque carecemos de un alma que dé cuenta del movimiento que improductivamente hacemos.

Maigo