La renuncia de Narciso

Tras haberlo perdido todo, aquel hombre, que a lo largo de su vida sólo había visto por su persona, creyó que el único camino era mendigar. Tan poco humilde al recibir, cuando alguien le dio una moneda, la soberbia le hizo fruncir el ceño, torcer la boca y bajar la mirada ante él. Tan duró fue su corazón, que nunca se perdonó a sí mismo tal ofensa.