Sin lugar para la miseria

Sin lugar para la miseria

“Las tres de la tarde, hora terrible” se dijo a sí mismo mientras anudaba la cuerda. Su frente sudaba; conocía el sudor frío. Sus manos temblaban; desconocía la solución. Las sienes le palpitaban furiosas. Se calmó a sí mismo y apretó en su mano el rosario. Dejó en orden las cuentas del templo. Liberó el botón del cuello. Subió a la silla. Tragó saliva. Miró al techo y su mirada cayó al mismo tiempo que sus lágrimas. Maks Suard se colgó a las 4 de la tarde del 28 de octubre de 2014, en la festividad de San Judas Tadeo, el santo milagroso. Media hora después el arzobispo entró a la sacristía y lo encontró muerto, precisamente veinte centímetros arriba de donde había quedado tirado el rosario.

Dos días antes Suard había reconocido ante su superior que hace diecisiete años cometió un acto de pederastia con una jovencita de trece años. El arzobispo le advirtió que procedería conforme al derecho canónico y lo retiraría del oficio. Suard pidió dos días para renunciar. En dos días renunció: al juicio humano y a la vida.

Una duda debería ser imperiosa para quien escuche la historia de Maks Suard: ¿hay lugar para la miseria en este mundo? Para aquellos que empuñan las culpas y acusan la indecencia del prójimo, la miseria sólo se puede llevar de modo miserable y culposo: la miseria es un rito sacrificial. Para aquellos que se sienten atosigados por tanto mirar la miseria y anhelan al menos un poco de descanso, a la miseria hay que dejarla en su propia miseria: la miseria es un molesto pasajero en la vindicación del ocio. Para unos cuantos, quizá, el lugar para la miseria es la misma posibilidad de la salvación; ellos son los únicos que saben a la miseria el misterio de la Navidad. Ante la tribulación, la única salvación posible es la que encuentra un lugar para la miseria, incluso en una fría noche en el desierto. Pero nuestros tiempos creen iluminar la noche…

Námaste Heptákis

Numeralia. El número de muertes violentas en el país durante la semana comprendida entre el jueves 11 y el miércoles 17 de diciembre se incrementó respecto a la semana anterior registrando 193 ejecutados. El estado con más muertes violentas fue Guerrero con un registro de 31, seguido de Chihuahua con 26 y Michoacán con 17. Destaca el incremento en Baja California, con 16. Del total de ejecutados, el 79.7% encontró la muerte por causa de armas de fuego. 16 personas fueron asesinadas a golpes. 7 cuerpos fueron encontrados en fosas clandestinas. 6 personas murieron a causa de armas blancas. Se registraron 3 decapitados, 2 calcinados, 2 lapidados (ambos menores de edad), 1 ahogado y 1 descuartizado. México es una postal del horror con letanías, ponche y piñatas multicolores.

Escenas del terruño. Sólo es cuestión de tiempo para que la mayoría entienda que cierto presidente prefirió pasar por derrotado temporal ante un milico bananero, a fin de que en unos años el éxito sea seguro. ¿O no es curioso que cierto acuerdo histórico se da en plena crisis de los precios del petróleo y el gas que, dicho sea de paso, son los combustibles de la Venezuela y la Rusia que le sirven a Cuba de calentador? En política, lo inmediato no siempre es lo evidente.
Importante la lectura de Anarquismo, provocación y protesta de Luis Hernández Navarro en La Jornada del 16 de diciembre.

Coletilla. Hace unas horas murió uno de los poetas más ingeniosos de las letras mexicanas: Gerardo Deniz. De oído incomparable, inesperada versificación, inspirada traducción y, quizá más importante, inagotable aliento para indagar imposibles soluciones al ritmo del poema (gustoso lector de Alfonso Reyes, al fin), descanse en paz Gerardo Deniz. Comparto a continuación su poema “Desde la torre”.

En los países donde el efecto antecede a la causa,
todo es como armar rompecabezas:
un pedazo con media boca trae algo de papel tapiz al fondo,
permite empezarlo a completar; también la jeta cunde
y ahí se pasa al cuerpo,
hasta la rosa lancastriana
sujeta entre los dedos del pie insultante.
Afuera gime el viento, desciende la neblina
o vuelve a escampar. Dan a los cuervos de comer.
Hay decapitaciones a todas horas, mientras cultivo
este hábito, más bien italiano, de escribir en la cárcel.

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