Antes de la aurora

Puede verse, sin mucha dificultad, que la mayoría de las personas buscan estudiar para pretender competir por un mejor futuro. A veces el estudioso, hombre de amplia visión en el porvenir, mira como un ser inferior a quien no se cultiva en los altos recintos universitarios. Lo que no se da cuenta el licenciado o ingeniero en potencia (si pensamos lo que Nietzsche nos dice en sus reflexiones vertidas en su libro Sobre el futuro de nuestras instituciones educativas) es que él será igual, pues trabajará para conseguir dinero con el cual podrá satisfacer sus sofisticados placeres. Quizá, siguiendo el argumento, la única diferencia entre universitario y no universitario sea que aquél le tiene miedo al dolor del trabajo cansado.

Dejando de lado las exageraciones del pensamiento nietzscheano, y tomando lo que no parece tan precipitado, podemos ver que en nuestras instituciones educativas el placer se encuentra antes de trabajar, el placer está durante los años de la instrucción escolar. No se trata de que los estudiantes gocen el descubrimiento de lo que comienzan a aprender, como si se tratara de un fruto fresco y maduro encontrado por algún sediento en medio del desierto, más bien gozan otro tipo de los placeres, distractores constantes del estudio. Esto no anula el valor de las instituciones educativas, sólo vuelve a sus miembros medio estudiosos y medio viciosos. Quizá después sean medio trabajadores y medio viciosos.

Pero todavía podemos encontrar buenos estudiantes en dichas instituciones, completamente estudiosos. Más aún, también podemos encontrar especímenes raros, naturalezas con ansias de saber, personas insatisfechas con el conocimiento ofrecido por la academia; como con las que Nietzsche, nos cuenta en el texto referido, está platicando en un bello bosque. ¿Vería en ellas, el genio alemán, la posibilidad de una genuina búsqueda por el conocimiento? Me parece que sí, pero se necesita un grupo estrechamente unido, para una buena búsqueda. ¿Qué hacer cuando no están juntas, cuando no se encuentran dichas personas? Si la naturaleza las hace brotar con cierta regularidad y logran crecer, les queda por hacer a las otras personas (que han leído con gusto o quizá conocido con placer a algún alma elevada) los lugares idóneos donde aquéllas puedan madurar y puedan obsequiarnos sus bellos frutos, sus más bellas reflexiones.

Yaddir

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