Difuntos y candidatos

Difuntos y candidatos

Bajaba por la calle de “la cruz” una peregrinación de deudos cargando sobre sus hombros el pequeño y blanco ataúd, era domingo por lo que el mercado estaba lleno. Esa calle es uno de los caminos principales de mi pueblo, inicia en lo alto de la loma y desemboca en la iglesia de San Miguel Arcángel. Atraviesa de oriente a poniente, y los peregrinos caminaban con la pesadez de quien no desea llegar a un lugar. Es una calle larga, por lo que se podía advertir que habían salido desde muy temprano para caminar despacio y no llegar tan rápido a la despedida del niño. Los mercantes se acercaron para saber quién era el difuntito, así como a qué familia pertenecía, para ‘en la noche ir a dar el pésame’. El primero que se acercó a preguntar fue don Salomón, tendero, hijo de tenderos.

     Al mismo tiempo, en la otra avenida principal, que corre de norte a sur, la calle “Himno nacional”, que nace un poco antes de “la presidencia vieja” y teniendo su fin frente al mercado, venía diligente una turba de simpatizantes de algún candidato. Contrastaba tanto su euforia y deseo de triunfo con la pesadez del difunto, que en un abrir y cerrar de ojos ya habían recorrido todo el camino encontrándose inevitablemente con la peregrinación. No fue necesario preguntar por el nombre y el partido, pues los altavoces junto a las pancartas los anunciaban muy bien. Su propaganda era mejor. Tal resultado tuvo, que algunos de los que daban limosna a la familia, se escaparon un momento para ir por su camisa o gorra emblemática.

     La peregrinación se detuvo pacientemente para dar paso a la diligencia, ésta bajó un poco el volumen y se dirigió al templete provisional que habían mandado construir una noche antes. Los afligidos familiares se fueron a la iglesia a rezar por el niño; fueron al panteón a dejarlo, sin querer hacerlo, e invitaron a sus amigos a compartir una comida por haberlos acompañado en las penas. Por su parte, los partidarios escucharon el discurso del candidato, y después de eso cada quien se fue a su casa.

     Las calles ahí siguen, y la gente camina por ambas, pero es más común ver difuntos que candidatos.

Javel

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