Por su trabajo lo conocerás

Por su trabajo lo conocerás

 Para un hombre de costumbres

Decían los viejos hombres, hace algún tiempo: ‘Que tu trabajo hable por ti’. Creía yo que era un consejo, es decir, que dependía completamente de mi decisión, de mi libertad, para mostrar al otro lo que mi trabajo estaba ofreciendo. Esto lo pensaba cuando aún no trabajaba. Cuando comencé a trabajar, y sobre todo en los momentos en que llegaba a tener un error terrible o mínimo en aquello que estaba haciendo, ese consejo aparecía a mis ojos como una maldición lanzada por esos seres horribles que viven en lo desconocido de la naturaleza, de los bosques, una maldición de brujas. El consejo pasaba a ser maldición, pues aunque yo no lo decidiera –es más, me había dado cuenta que casi nunca era decisión mía mostrar o no mi trabajo– éste siempre salía a dar un discurso por mí, acerca de mí. La supuesta libertad para elegir o no, había desaparecido, quizá nunca estuvo, como fuera, traté de ser más cuidadoso.

     Evidentemente había muchos problemas en la comprensión de esa oración.  Quizá los que ya la habían dicho antes que yo, hombres sin mala fe, dedicados a su trabajo, y que en ello habían visto recompensa, lanzaban esa frase como muestra de aprecio, porque querían que el otro consiguiera lo mismo que ellos. Y aunque estoy seguro de que ellos y yo habíamos experimentado cómo el consejo era a la vez maldición, nada podíamos decir. Sabíamos que la oración iba dirigida al hombre, al hombre que trabaja, pero sabíamos que trabajos hay muchos, y que las formas de llevarlos a cabo eran distintas en cada lugar, en cada momento. Jamás nos preguntamos cuál era el hacer propio del hombre, pues quedaba claro que hombre es el que trabaja. Pero como suele suceder algunas veces en que ya habiendo olvidado algo que considerabas bueno, lo vuelves a encontrar, sin proponértelo, encontré, por suerte, un lugar y unos amigos con quienes platicar de esto.

     Para mi sorpresa, estos nuevos amigos dicen lo mismo que hacían los otros: Seguir trabajando constantemente en aquello que te gusta, siempre y cuando sea bueno y decente, dice mucho de ti y de tu labor. De vez en cuando hay que descansar; los domingos, a menos que sea muy necesario, se trabaja. Eso sí, no hay que quedarse dormidos después de haber terminado un trabajo, así sólo se demuestra que te agrada más dormir que trabajar.

                                                                                                                                                                                     Javel

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