La vida extraña

La vida extraña

 

para mi amigo A. Cortés,
por su cumpleaños

 

Questions of science, science and progress
Do not speak as loud as my heart

 

En el opúsculo tomista De motu cordis el lector puede encontrar, sorprendido, lo que para muchos sería una pregunta trivial: ¿cómo influye la luna en el movimiento del corazón? Romanticismos aparte –y apuntando de paso que la respuesta a dicha pregunta es la vía más filosófica a pensar la melancolía-, la inaceptable influencia del movimiento lunar en el movimiento del corazón es análoga a la aceptable influencia del movimiento lunar en el fenómeno de las mareas. Lo más extraño al lector contemporáneo es pensar a las mareas sin física de fuerzas y al corazón sin circulación sanguínea. Exagerando, hasta parece otro mundo e incluso otro corazón. Evidentemente, dirán los anatomistas, es el mismo corazón, las que cambiaron fueron las ideas. Evidentemente, dirán los historicistas, nos cambió el corazón. Y otros dirán que evidentemente fue el mundo el que cambió. Yo creo que nos entendemos menos y no es muy evidente.

En Homero, la muerte transpira psyche. Para Aristóteles, la respiración es el fenómeno que delata la vida. Para el tomista que escribió De motu cordis, el corazón es el asiento del alma, pues por su movimiento se exhibe animada. Y en el testamento de Alfonso X el Sabio se determina que su corazón sea sepultado en el monte Calvario ofrendando su vida a Dios. La vida, en los sabios del pasado y en lo que queda del saber popular, se cincela en el corazón entre sístole y diástole, como las mareas delinean la arena, como la luna ilumina las noches.

En 1959, cuando la luna ya fue una pantalla carente de propia luz y las mareas un efecto gravitacional que da más trabajo a los empleados de los hoteles de playa, un par de científicos definió la “muerte cerebral” y el corazón exudó la vida. Estar vivo tornó la ejecución de funciones cerebrales. Respirar y palpitar devinieron movimientos de reproducción mecánica y manipulación técnica. Nació el trasplante de órganos. La vida tornó pantalla; la existencia un efecto de gravedad inadecuada. La “muerte cerebral” diluyó el problema de la vida, redujo la angustia por la muerte y emplazó a los vivos a vivir con responsabilidad: hay que cuidar el propio cuerpo porque sus órganos pueden servir a alguien cuando muramos. En el trasplante de órganos el problema son los vivos. Eso lo entiende, lo muestra y nos ayuda a pensarlo Maylis de Kerangal [Toulon, 1967] en su novela Reparar a los vivos [Anagrama, 2014].

En líneas generales ha de decirse que Reparar a los vivos es una novela sobre la muerte: un joven muere y los sobrevivientes han de enfrentar el dilema del trasplante de órganos. Pero en otro sentido ha de decirse que la nueva novela de Maylis de Kerangal es sobre la vida: un joven muere y el trasplante de sus órganos brinda nuevos cauces a las extenuadas vidas de los condenados. Mas en otro sentido, Reparar a los vivos es un drama sobre la imposibilidad de vivir cuando la vida se define desde la “muerte cerebral”: un joven muere y los vivos han de aprender a vivirse como azarosamente vivos, como funciones cerebrales, como vidas que no pueden esforzarse porque dependen finalmente del esfuerzo médico. Reparar a los vivos es la novela de la vida extraña. Maylis de Kerangal nos muestra que vivir es una suma de influencias mucho más inaceptable que la influencia lunar.

Para vivir en el mundo en que se ha conceptuado la “muerte cerebral”, el viviente ha de ser ante todo el producto de la técnica médica. Sobrevive a su infancia por la planificación del esquema de vacunas. Por la dietética y la gimnástica define las condiciones de su salud. Por la productividad y el entretenimiento delimita su originalidad. Y por el progreso de la técnica médica llega al final de su vida y hasta se le da la oportunidad de dar la vida a alguien más. Vivir en el mundo en que se ha conceptuado la “muerte cerebral” es vivir por una fortuita confluencia de la burocracia iátrica. En este mundo, insisto, el gran drama es reparar a los vivos.

Reparar a los vivos de Maylis de Kerangal comienza con la muerte de un joven surfista que se sobrepone a las mareas. De motu cordis describe la línea sutil en que nuestra vida, como las mareas, es iluminada por la luna. Vivir es esforzarse por la luz como la luna se esfuerza por la noche. Reparar a los vivos es creer que una noche iluminada en neón es la iluminación. Eso ya no lo entendemos y no es evidente.

Námaste Heptákis

 

Chapología. Horas después de la fuga de “El Chapo”, un grupo de frenéticas adolescentes hizo tendencia en Twitter con la petición de que el recién fugado trajera al país a una boy band. Esas muchachitas creen que es bueno el consumo, aunque sea financiado de manera ilegal. Esas ilusas del encanto creen que con dinero se puede todo. Lo curioso es que, entre sus justificaciones ante la fuga, también lo cree el secretario de Gobernación Miguel Ángel Osorio Chong; nadie diga que piensa como una frenética adolescente.
Como los metaleros hermanos mayores de las muchachitas aficionadas a la boy band, muchos sabihondos denuncian que en la fuga de “El Chapo” todo es apariencia, que todo ha sido un espectáculo. Ilusos del desencanto, todavía creen en el mito del Estado.
Difícil será para ambos grupos de ilusos reconocer la anomia, la posibilidad de que el ahora prófugo impera por su pura fuerza mientras las buenas conciencias lo reducen todo al dinero o a la distribución palaciega del poder. La fuga de “El Chapo” inaugura un uso del poder que hace a la violencia inevitable.

Escenas del terruño. 1. Mañana se cumplen 10 meses de la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa. Hace dos días la CNDH emitió 32 recomendaciones sobre el caso y declaró que de ninguna manera la investigación puede estar cerrada. No debe olvidarse.
2. Advertí hace algunas semanas que en la sucesión de la rectoría unamita se juegan puestos y posibilidades políticas (acá se confirmó una de nuestras lecturas). El rector Narro sacó del olvido a un exrector para tomarse la foto y envió un mensaje a una aspirante. La aspirante acusó de recibo y el pasado martes sacó a pasear al secretario de Educación para enviar mensaje al Pedregal. Narro no quiere a Robles en Rectoría; Robles quiere que Narro no esté en Educación. ¿Para qué quiere Robles la Secretaría de Educación? Para disputarse al electorado joven en 2018 (la elección del bono demográfico) y ganarle el partido a la encargada de Educación en el GDF. ¿Competencia Robles-Barrales?

Coletilla. “Enfermamos antes de morir para poder destetarnos de nuestro cuerpo”. J. M. Coetzee

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