Contra la ilusión familiar

Contra la ilusión familiar

 

Para Gerardo Ordaz,
quien está preocupado.

Entre burlas y veras, Platón ha escrito en su República que la eliminación de las familias es completamente necesaria para la formación de la ciudad perfectamente justa. No es del todo claro si la renuncia a las familias es también requisito para favorecer el surgimiento del filósofo, o sólo es una política pública de control poblacional. Lo que sí queda claro es que las cuatro religiones políticas modernas que permean en nuestro ambiente cancelan a las familias sin que evidentemente favorezcan a la filosofía. Tampoco son suficientemente claros los signos de un mundo futuro sin familias y sin filosofía que hagan ligeramente justificable la preocupación por el tema, sino que la única justificación posible (al menos la mía) es que entre los hombres que todavía me quedan al trato se confunden los hábitos y las posturas sobre el tema y se van decidiendo las vidas como si todo esto fuese tan evidentemente claro que ya nadie confunde las burlas con las veras por ser sus vidas tan serias, o ya todos son mucho más filósofos y sabios que ese aprendiz de todos y todo llamado Platón.

En la tiranía de la ganancia, la familia es una inversión de tan alto riesgo y largo plazo que hasta resulta un mal negocio. En primer lugar, la familia sólo tiene margen de inversión cuando puede retribuir al progreso personal sin arriesgar el nivel de consumo. No es que la familia sea un progreso, sino que para progresar puede utilizarse a la familia: si se tienen hijos estos han de ser talentosos y poco horribles como para que valga la pena presumirlos en público; si esposa, ha de ser tan productiva como para asegurar el consumo y tan presentable como para no elevar los costos de producción de la belleza. En segundo lugar, la familia es una evidente restricción de la libertad, con plan de pago incluido, en las posibilidades propias del consumo; de ahí que quienes comienzan a progresar prefieran progresar en independencia económica que en una unidad financiera familiar, que les sea más atractiva la oferta de una relación abierta de gastos compartidos que un matrimonio ortodoxo de endeudamientos ad vitam. En tercer lugar, las familias son un lastre en el progreso de la industria geriátrica, y por tanto una perturbación del mercado de atención a los viejos que tan promitente futuro podría llegar a tener. Plantear a la familia como mal negocio en la religión capitalista libera al futuro filósofo de las sublunares preocupaciones mundanas y le posibilita el pensar metafísico como una actividad crítica y versátil independiente de su talento de convertir el lucro en logro para asegurar su libertad.

En la tiranía de la igualdad, la familia es un resabio del individualismo burgués que asegura la explotación de los pobres y la opresión de los débiles a fin de consolidar la vigencia de las condiciones materiales que la hacen posible. En primer lugar, la familia es una estructura de organización de la propiedad que produce diferencias a partir de la acumulación, empleando a los miembros de la misma en labores que los distraen de la actividad política. La familia nos hace mano de obra dentro de una estructura económica patriarcal fundada en la opresión del diferente y difiriendo la función del oprimido. En segundo lugar, la familia es una evidente restricción a la libertad humana que afinca en el hombre roles de producción y autoproducción con los que se obstruye la visión de las posibilidades de cambio y se obtura la conciencia que por sí misma desea ser libre. Si queremos superar el estadio familiar, debemos tender a un Estado igualitario sin familias y en ejercicio de la libertad garantizada por el trabajo. Plantear a la familia como un modelo caduco en la religión socialista promete al futuro filósofo la liberación de las condiciones materiales que lo encadenan por todos lados y el pronto ejercicio crítico de su conciencia en la conformación de un nuevo Estado: progreso como conciencia social, promiscuidad como reapropiación del cuerpo y la voluntad general como explosión libertaria.

En la tiranía de las buenas costumbres, la familia es un mal necesario: mecanismo de control para quienes no son lo suficientemente inteligentes para ser llamados libres, dique superable para las conciencias superiores. En primer lugar, la familia es resguardo seguro y tradicional para todos los hombres de cualidades regulares e inferiores que garantiza un desarrollo pleno del individuo. Como no todos son genios y hace falta mano de obra, las familias son un mecanismo necesario para el trabajo básico de una sociedad que tiende a ser mejor. En la familia los mediocres aprenden los valores básicos de convivencia social, los medios legítimos de actividad laboral, las cualidades mínimas que debe tener todo ciudadano de una comunidad decente: probidad, honradez, misericordia, integridad y obediencia. En segundo lugar, la familia es el lugar original de los grandes hombres, el cenáculo en que reconocen su superioridad y al que necesariamente deben trascender. Para ello, el Estado ha de garantizar la existencia de las familias y su sumisión al Estado: existen para propiciar la grandeza, pero pasan de largo cuando la grandeza ha de aspirar a algo más. La familia es la crisálida del hombre genuinamente libre. En tercer lugar, el hombre superior tiene el derecho de separarse de su familia para cumplir con los altos designios que el espíritu ha dictado. El hombre superior se distingue del progre capitalista por su buen gusto, porque la educación estética le ha exhibido la fetidez de los valores burgueses, porque su moralidad superior le hace simplemente inaceptable el amor libre de compromiso de los mediocres con dinero. El Estado que garantiza al hombre superior se distingue de la dictadura del proletariado porque reconoce en la igualdad la injusticia originaria y en la estatalización el ocultamiento del poderío de una sociedad de cerdos. Plantear a la familia como un mal necesario en la religión antimoderna es el discurso oculto de la defensa hipócrita de la familia a nombre de las buenas costumbres, así como la máscara de la simiente de destrucción que engloba su postura filosófica: el filósofo ha de ser un heterodoxo con apariencia ortodoxa que atuendará de astucia su inmoralidad y de libertad su negligencia; a nombre de la filosofía destruye para construir su poder, a nombre del poder construye para inventar su nobleza; su familia es el mal necesario de quien no puede creer en el mal, pero de quien tampoco puede avizorar su fracaso. Un hombre así es la conquista de la poderosa libertad de su propio mito.

En la tiranía de la libertad, la familia es un mito más entre todos los posibles, y por tanto una ilusión más de quienes todavía creen en el poder. Aquí el amor, los hijos o la vida en pareja no son problema, son mitos. La autenticidad de la existencia, la estructura económica o la acumulación de capital son esquemas de control que impiden ver el caos originario. No hay estructura metafísica del mundo que justifique a la filosofía, así como no hay sentido de la historia que valide la praxis revolucionaria. La guerra es una máscara de la violencia como la familia es un enmascaramiento de la sumisión. La acción directa es la única manera de despojar las máscaras, la única praxis posible, la filosofía toda que por fin es totalmente práctica. La violencia como única libertad: aniquilación que es liberación, desencanto que es suicidio, exterminio de los días que son nuestros últimos días…

Amor contractual, orgía burocratizada, violación disfrazada o violación a secas, las religiones políticas modernas que permean nuestro ambiente cancelan a las familias con la promesa de la libertad. Mal haríamos en renunciar a la libertad por no poder refutar la promesa. Peor haríamos en confundir a la filosofía con el pensar metafísico libre de política, la concientización de las masas, la superación de las ilusiones o la acción directa. El problema de la libertad, como al parecer también el de la filosofía, algo tiene que ver con las familias, e incluso parece que algo tiene que ver con ese anhelo mayoritario de una vida feliz junto a las personas que uno quiere. La pregunta ahora, como en Platón, sigue siendo la pregunta por la felicidad. La respuesta ahora, y sin Platón, parece necesaria infelicidad. Lo dicho: con estas vidas tan serias confundimos las burlas con las veras.

 

Námaste Heptákis

 

Escenas del terruño. 1. El pasado 28 de julio una revista literaria hizo lo inusitado: reconoció un plagio entre sus páginas y pidió disculpas a sus lectores por un evidente error editorial. Todavía hay valientes.
2. Al parecer se ha sumado a la sucesión en la UNAM la candidatura de Francisco Bolívar Zapata, el principal promotor científico de los organismos genéticamente modificados. Aunque no creo que tenga posibilidades reales de llegar a la rectoría, su candidatura sería una dura prueba para los universitarios, quienes sin duda se verán tentados a hacer campaña en su contra desde la oposición ignorante criticando su actividad científica. Hace un lustro el doctor Bolívar me dijo que a su juicio la universidad no podía tener un debate de calidad sobre los organismos genéticamente modificados porque los detractores no saben de ciencia y los científicos no saben de política. ¿Acaso su candidatura podría elevar el nivel de discusión en la UNAM?
3. El pasado miércoles, en El Universal, Carlos Loret de Mola publicó información muy importante sobre la ejecución extrajudicial en Tanhuato. La lectura de su artículo es necesaria.
4. Tanto la revista Proceso como Sergio Sarmiento en su columna de ayer en Reforma han dado cuenta de que la madre de una las jóvenes asesinadas en la colonia Narvarte la semana pasada es poeta y que en 2011 publicó en el Periódico de poesía de la UNAM (número 37, marzo de 2011) un poema dedicado a su hija. Leámoslo.
5. Y ya que la poesía nos puede acompañar en el recorrido de esta patria adolorida, también sugiero la lectura de un poema por Ayotzinapa que se ha publicado en la revista electrónica Salto al reverso, en la que colaboran algunos de nuestros lectores frecuentes. El caso de los normalistas desaparecidos no debe olvidarse.

Coletilla. “Bucolito, niño campesino, llegó tarde a la escuela. El maestro le preguntó por qué. «La vaca está en celo —respondió el pequeño—, y tuve que llevarle al toro». Inquirió el mentor: «¿Y qué eso no lo puede hacer tu papá?». «No, profesor —contestó el niño—. Tiene que ser el toro»”. Catón (Armando Fuentes Aguirre)

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3 comentarios en “Contra la ilusión familiar

  1. Muchas veces la alta estima que te tienen tus amigos resulta adversa, pues te hablan en términos que crees que puedes entender. Yo respondo al nombre de Gerardo Ordaz, yo envié un correo con mis preocupaciones, eran a tal grado, en esos días, que me preocupaba todo, incluso que se supiera que este tema me preocupa. Una vez hecho público, el terror conquistó muchos de mis pensamientos.

    Leía por aquellos días una posible interpretación de la etimología de mi apellido materno “Lares”. De “Lares” siempre supe, sin investigar, que era sinónimo de caminos o lugares y hace poco también me enteré de que es el plural lars, los espíritus y ancestros de un clan, de algún modo eso me explicaba una horrible costumbre de mi familia materna de retratar a sus miembros fallecidos.

    Confieso que no me agrada demasiado hablar mucho de mis temores y menos a una bola de desconocidos.

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