Perdición sin camino

En el atardecer de aquel sábado se encontraba perdido un joven muchacho. Recién había salido de sus estudios profesionales, en realidad emprendía el regreso a su hogar. Sus primeros pasos en la escolaridad habían sido en sitios locales, no obstante, conforme fue creciendo, su interés apuntaba a lugares más lejanos. Asumía que permanecer donde nació no lo llevaría a ningún lado. Ahora, después de haber decidido retirarse del nido por varios años, era momento de regresar. El único obstáculo que lo detenía era el espeso bosque de su alrededor.

Su rostro mostraba perplejidad. ¿Qué había sucedido? Recuerdo bien que los señalamientos o caminos conducían hacia el poblado. Hoy ya no hay nada. Pese a tener las mejillas sonrosadas  y un aspecto sumamente afable, su mirada reflejaba un profundo temor e incertidumbre. Tales rasgos no podían pasar desapercibidos. En medio de las sombras forestales, deteniendo su paso vacilante, un viajero se le acercó:

—Pareces extraviado, ¿es así?

—Exacto, pronto anochecerá y aún no puedo encontrar mi casa. Vengo regresando de la universidad, hace meses que salí de ella. ¿Puede ayudarme?

—No sé si mi ayuda te sirva, soy un extranjero en estas tierras.

El joven suspiró, la preocupación persistía.

—Mira, te veo bastante asustado. Si nos acompañamos puede que a lo mejor salgamos de aquí. Ya sabes lo que dicen: los hombres siempre nos sentimos mejor cuando ayudamos a otro, para eso nacimos.

—Pero no hay ningún camino, ¿cómo diablos llegaremos a algún lado en especial?— interrogó el muchacho, quizá desconfiando de la apariencia del extraño o siendo devorado por su temor. El otro viajero lucía algo sombrío, a pesar de su vestimenta sumamente elegante. Pantalones formales, saco arropando su torso y un cayado en mano conformaban el atavío del hombre. Debajo de su boca nacía una tenebrosa barba que se extendía hasta el término de su cuello, casi tan oscura como el color de sus ojos.

—Se ve que eres muy joven, casi un párvulo— rio el extranjero ante lo que tomó como ingenuidad— este bosque es inconmensurable e inmenso a las manos y vista del hombre. ¿Tú crees que sería capaz de trazar un camino?

—Bueno, entiendo, puede que no, aunque tal vez habría un terreno más parejo por el cual…

—Escúchame, pon atención. Hace tiempo supe que algunos aventureros quisieron establecer rutas o senderos para atravesar este bosque. Sin embargo no pudieron. Fueron derrotados por el bosque mismo. Las tempestades y lo silvestre de nuestro alrededor socavó todo intento. El hombre es insolente al querer enfrentarse con aquello claramente superior—acabando de mencionar esto, el extraño arrancó una hoja de un árbol y añadió lo siguiente— Alguna vez escuché algo muy cierto, alentador o devastador, como lo quieras ver: ¿Todas las hojas de aquí son iguales? ¿No será que por nuestra miopía humana las nombramos así? Detente a pensar. Vivimos tan presurosos o prejuiciados que creemos cosas que no hemos sentido, visto o experimentado. Verás que cualquier talentoso literario podría hacer dos poemas muy distintos acerca de dos hojas, ahí se nos revelaría sus diferencias. Pero nadie confía en la poesía… Si no podemos nombrar apropiadamente dos hojas, ¿cómo esperamos confrontar esta inmensidad?

Quedó helado el joven, en esos momentos el viento enfureció en torno a los dos hombres.

—Olvídate de un camino aparejado naturalmente o uno allanado por el mismo hombre, adentrémonos al bosque y dejemos que este mismo nos lleve por sus rumbos ocultos. ¿Temor? Véncelo. Sólo el temerario es capaz de ser mi acompañante.

El muchacho no sabía que sentía, su corazón era una mezcla de varias emociones, sin embargo inhaló profundamente y aceptó ir con el viajero. Quedó convencido que él era su última opción.

Bocadillo de la plaza pública. I. Hace dos semanas se indicó aquí una noticia que hablaba de un red de acoso montada desde un empleado de Televisa (coludido con un personaje importante en el Distrito Federal). Hoy ya se encuentra fuera de la empresa. Puede que sea una piedrita que contribuya en un proceso judicial… ¿será a todos los involucrados?

II. Optimismo en la política mexicana: nuestros errores nos sirven para enmendar el futuro, si no hay que preguntarle a Arturo Escobar y Vega. El ex presidente del PVEM ahora será el subsecretario de Prevención y Participación Ciudadana de la Segob. Entre sus funciones se encontrará la promoción en la prevención del delito.

Mondadientes. «Serie-documental que muestra las opiniones y reflexiones de veinte estudiantes de filosofía de la Universidad de Buenos Aires (UBA). Cada capítulo está dedicado a trazar una mirada colectiva sobre un tema particular, desde la naturaleza misma de la filosofía hasta la razón de los prejuicios que se tienen sobre ella. Para detectar cuales eran algunos de estos prejuicios, escribimos “por qué los filósofos” en el buscador de Google y dejamos que la función de “autocompletar” sugiriera las palabras más consultadas.» Con esta presentación, resulta interesante escuchar a los posibles dedicados a la filosofía.

Señor Carmesí

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