Gritos

De allí á mucho tiempo murió el Rey de Egipto, y los hijos de Israel gimiendo bajo el peso de las faenas, levantaron el grito al cielo; y el clamor en que les hacía prorrumpir el excesivo trabajo, subió hasta Dios.

Ex. 3, 23.

El individuo gritaba y gritaba, y entre más gritaba menos lo oían pues su voz se perdía ante el muro del ruido ocasionado por los otros. Unos pedían vida, otros llamaban a la muerte, la distancia entre unos y otros se imponía, la soledad se acentúaba en medio de la gente.

Gritos que llaman la atención, gritos que ensordecen al alma con temores, dolores, esperanzas y alegrías, no siempre verdaderas. El caso es que entre gritos se va perdiendo el clamor que une al pueblo y le da vida.

Mago.

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