De límites

Leía en la semana un texto breve que publicó un naco en Facebook haciendo referencia con un intento de burla a los presuntos crímenes que ha cometido el Estado. Ya saben eso de los quemados, y los colgados, y el chapo y la corrupción, el discurso de todos los días en la Ciudad de México, que uno lee en el Esto y en el Tv y Novelas por igual. Señalaba los colgados por el narco y las balaceras y esas atrocidades de las que no quiere hablar nadie, pero todos leen y opinan señalando al gobierno. Luego, en su mezquino intento por crear consciencia, hacía una referencia a lo que pasó recientemente en Francia. El texto al que me refiero había sido escrito de modo tal que pretendía decir que el terrorismo es habitual en México, y aquí me tienen en una encrucijada peligrosa, previendo dos posibles caminos igual de feos y escribiendo al respecto.

Mi primer impulso al leer semejante tarugada pintada de rojo quejumbre con chispitas de chairo, fue escribir por qué eso que señala con tanto desdén, no es terrorismo y que solo en un país como el nuestro tan ajeno a la guerra y tan ajeno a la experiencia del terror, se pueden escribir semejantes sandeces. Por otro lado me vi paralizado ante la posibilidad de que al explicar por qué lo señalado ahí no es terrorismo, esté yo haciendo algún tipo de propaganda. En fin, por eso, señoras y señores, mejor voy a hablar acerca de lo complicado que es poner límites (¿qué no es ése el principal problema de la guerra?). Espero les guste.

El ser humano así entendido en lo general, es completamente libre por naturaleza (dirían algunos soñadores a los que les gustaría, yo no sé por qué, que así fuera), si quiere brincar, brinca, si no quiere comer, no come, si se quiere morir se mata. No hay barrera, (ni las que nos ponemos a nosotros mismos, autosaboteándonos y alejándonos del éxito) que pueda detener el ímpetu de una voluntad de hierro. En fin, es por eso, que ser mesurado es una virtud. Es por eso que ser prudente es una virtud, es por eso que ser justo es la suma de esas y otras virtudes. El hombre virtuoso es limitado.

¿Por qué nos cuesta tanto trabajo ponernos límites? Vamos a hacer un ejercicio sencillo, pregunten en una reunión social (en su salón de clases, en una peda, en un bar, con su familia) a tres personas, ¿qué música les gusta? La mayoría va a contestar que toda. Y dentro de esa mayoría un subgrupo más o menos igualitario, dirá a su vez “menos tal, o menos aquella”, sacando algunos cuantos géneros del todo, pero sin ser esos los que formen el cuerpo de éste. ¿Qué quiero decir con esto? Que tenemos problemas para limitarnos. ¿Es culpa de nuestra educación hedonista?¿Es culpa de la sangre ecléctica debajo de nuestra raza de bronce? ¿Es culpa de nuestra inadvertida y limitada cultura? Yo diría que sí. Todo eso y además de nuestra naturaleza tan cansadamente libre.

Bueno, pero, ¿por qué querríamos limitarnos? Vivimos en la era de la comunicación, donde todo está al alcance de un click. Si quiero pedir comida, clickeo, si quiero leer a Sófocles, clickeo, si quiero que me lean en un sistema de streaming de audiolibros, también, clickeo acá y mi daimón de izquierda me dice que se llama Aristegui y lo que debo de pensar para ser bien cool. En fin, ¿por qué conformarse con poco pudiendo tenerlo todo? ¿Qué clase de mente mediocre se dedica a privarse de lo que hay? Porque ya lo he dicho antes, la mediocridad es uno de los pecados capitales de nuestros tiempos, junto con ser excluyente, ser bully y ser político. Cuidado donde te limites, cuidado donde no tomes todas las servilletas que puedas cargar en el cine, al fin son gratis, cuidado donde no te acabes todas las botellas de alcohol en una fiesta porque entonces estarás desperdiciando tu vida.

La mente almacena libros por montones, decía por ahí un psicólogo fan de Murakami bien emocionado por su descubrimiento de la infinitud de la mente. La imaginación no tiene límites nos decían Cositas y los Muppets, seguro por eso crecimos estúpidos. Nuestra educación no tuvo el menor reparo en ser especializada, con esto me refiero a hacer un especial énfasis en hacer distinciones, en señalar ciertas cosas como valiosas y mostrarnos al mismo tiempo que su valor está en mediarlas, no en acumularlas. Hemos aprendido que lo valioso hay que saquearlo, tomarlo por galones y guardarlo en donde solo nosotros sepamos que está y luego, como buenos piratas maleducados, olvidar la locación, no vaya a ser que nos lo quieran robar.

Nos educan todo el tiempo, sobre todo en las redes sociales (que ya aparecen más en la tele que la tele misma), que la violencia es mala, que hay que detener la violencia a como dé lugar, que los violentos son los otros, y que si le levantas la mano a tu mamá se te seca. Bueno, ¿y la violencia de la educación qué? ¿Por qué ésa sí la ejercemos todo el tiempo como si no hubiera mañana? O me van a decir que la educación no es violenta en su esencia misma al igual que la ciencia es anárquica, también en su esencia misma. ¿Esto a qué viene? Pues a la arbitrariedad, primero de la educación, y después de el modo en el que se limitan ciertas cosas y ciertas no, y de lo infinitamente ambiguo de lo enseñado. No se me pierdan, ya mero llego a donde quiero, creo.

Existen un montón de preguntas que nos hacemos todos los días, las respuestas están al alcance de nuestros clicks, podemos ver nuestro horóscopo, consultar síntomas de alguna enfermedad, preguntar direcciones, podemos incluso tener acceso a artículos que nos ayudan a comprender con mayor rapidez la complejidad de la psiqué humana. ¿Por qué no utilizarlos? ¿Por qué todos artículos de belleza, de salud, de sabiduría de la Internet no pueden ser tomados en serio? (bueno, hay artículos de periódicos que citan a Reddit) Los escriben licenciados, doctores (de a deveras, no médicos), maestros, ¿qué más autoridad necesitamos? ¿Por qué no podemos surfear en la red todo el día y aprender lo que necesitamos sobre algún oficio? ¿Por qué seguimos leyendo libros gruesos y sesudos de cosas horripilanes como Feyerabend o Freud? ¿Quién pone el límite aquí, la academia? Yo tengo una respuesta provisional, pero no viene al caso hacerla pública. Los maestros mejicanos después de hacer un montón de berrinche presentaron hace poco su examen para… ¿para qué era? Bueno, supongamos que para certificarse como maestros de su oficio de enseñar. ¿Un examen es suficiente límite? ¿Quién hace esos estudios, y para qué? ¿Cómo se delimitan esas preguntas y cómo se sabe que efectivamente se demuestran las cosas que se quieren demostrar? Bueno, el asunto es que estas propuestas vienen de la academia (avalada por el mismísimo gobierno), ¿no? O eso creo, y creo que ustedes también lo creen, o al igual que a mí, no les interesa mucho. Y en lo personal le veo la misma autoridad que los montones de estudios que se hacen en la universidad del chiste y que demuestran cualquier cosa. ¿Todavía me siguen?

La preocupación por la educación, por lo que se aprende y se enseña es algo que valdría la pena seguir con lupa y tratar con pincitas pa’ que nuestros estudiantes no terminen asados, balaceados, digo, tocando una mandolina enfrente de un militar creyendo que nada va a pasarles. Pareciera que la educación es un tema a la vez importante y no tan importante porque ya está dado, porque ya está funcionado salvaguardado por el paladín de la verdad: la SEP. Sin embargo el descuido que le damos, es igual de peligroso que el que hacemos a la hora de hacer discursos sobre el terrorismo o para acusar al estado de cosas que ni siquiera hemos experimentado (y ojalá no lo hagamos). Lo que quiero decir, al final de todo este choro, queridos lectores es, lo que dije desde el principio: ¿Cómo podemos distinguir (delimitar) la violencia que vivimos todos los días en Méjico, de la violencia de los encuentros entre narcotraficantes, de la violencia de la educación, de la violencia del amor, de la violencia del terrorismo?

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