La increíble y breve historia de San Agustín y las quesadillas

La increíble y breve historia de San Agustín y las quesadillas

Cualquiera sabe que no todo combina con todo, que algunas cosas no van bien juntas y que otras es difícil aceptar separadas. Un invierno sin frío es un verano fastidioso. Un refresco sin gas es un jarabe aguado. Y una quesadilla sin queso… pues es algo discutible. En tiempos del café descafeinado y la leche deslactosada, una quesadilla desquesadillada parece algo perfectamente posible, pero incorrecto. A las de papa les decimos papadillas y pescadillas a las de pescado. ¿Por qué sería quesadilla la tortilla rellena por algo distinto al queso? La quesadilla sin queso oculta algo más que su relleno.

La primera mención de la palabra quesadilla como entrada de un diccionario se registra en el Diccionario de Autoridades de la Academia Española de 1737 y se la define como “cierto género de pastel compuesto de queso y masa que se hace regularmente por carnestolendas”, refiriendo como fuente la Musa Sexta de Francisco de Quevedo. En los poemas de Quevedo, empero, quesadilla aparece en tres ocasiones. En el romance 67:

Destierro puños pajizos;
que hay damas pastelerías
que traen en puños y en manos
roscones y quesadillas.

En el romance 13:

Vuestros puños de azafrán
y manos descoloridas,
parecen por Navidad
roscones y quesadillas.

Y en el romance 6:

Tras quesadilla y roscón
el gallo en carnestolendas
hace, al revés de San Pedro,
llorar lo que no se niega.

Evidentemente es el último poema el que cita el diccionario, y es, además, el más interesante. La primera mención de las carnestolendas está en el diccionario de la Academia de 1729 y se las define como “los tres días de carne que preceden al Miércoles de Ceniza, en los cuales se hacen fiestas, convites y otros juegos para burlarse y divertirse”. El gallo en carnestolendas, según sabemos por el segundo capítulo de El buscón (1626), refiere a una costumbre del carnaval español en la que un niño investido como rey perseguía al perdedor de la pelea de gallos para cortarle la cabeza. Al ser carnavalesco y presentarse como “al revés de San Pedro”, el rey de gallos quevediano es una manera de referir la persecución del converso: el carnaval hace llorar al creyente. Las quesadillas, pues, se nos han juntado con la herejía.

Sin embargo, es falso que la primera mención de la palabra quesadilla en español se encuentre en Quevedo, pues la he encontrado en el Vocabulario universal en latín y en romance de Alfonso Fernández de Palencia, escrito en el muy cercano 1490. En la entrada para el término artocrea se define “empanada de carne como artotira es empanada de queso que decimos quesadilla”. Artotyra, según un diccionario neerlandés en línea (http://www.inl.nl/), comparte raíz con el bajo latín torta y con el francés tarta, de donde nombramos a tantos platillos y postres. Según Corominas, torta viene de una contracción del dativo de artos y su artículo correspondiente: torton, sería el nombre griego para el pan. Y como aclara bien Pierre Chantraine en su Dictionnaire étymologique de la langue grecque, artos es el nombre griego para el pan de trigo, en oposición a maza, nombre griego para el pan de cebada. El diccionario de latín de Oxford refiere además que el término artotyra se utilizó para nombrar una secta herética. San Agustín habla de ella en Las herejías (XXVII) del lejano 429: “Artotiritas, son los llamados así por sus ofrendas. En efecto, ofrecen pan y queso diciendo que ya los primeros hombres celebraron las oblaciones de los primeros frutos de la tierra y de las ovejas”. Juntando el pan y el queso regresamos a la quesadilla que se nos había juntado con la herejía.

El término griego para queso es tyrós, mientras que en latín es caseus. Caseus está en Plinio (Historia natural, XI, 42), quien lo da como marca de civilidad; al igual que en Estrabón (Geografía, III, 3), quien distingue entre celtas y britanos porque los primeros sabían preparar queso. Probablemente el origen del término latino se hunde en las oscuridades de la historia celta. Hay que considerar que son los descendientes de los celtas de Galacia quienes constituyeron la secta de los artotiritas, y son los descendientes de los celtíberos quienes propalaron el montanismo en la Hispania; de donde seguro lo tomó Tertuliano. Restos de lengua celtíbera se encuentran en gallego y castellano, mientras que la lengua geográficamente intermedia entre ambas es el leonés. La primera documentación cercana al español del término queso es del leonés y aparece en el 955 bajo la forma kayso, de donde derivan el portugués queijo, el gallego queixo, el asturiano quesu, el leonés moderno queisu, el manchego querso y el murciano quesso (en las otras regiones de España el nombre del queso proviene del mozárabe). De la tradición celta también puede provenir la palabra carnaval; o al menos es una de las fuentes que determinan el modo de la celebración. Que en el carnaval español antiguo un niño degollara un gallo puede ser una pervivencia de la interesante observación de Diódoro Sículo (Historia, V, 29) sobre la importancia que concedían los celtas a cercenar la cabeza como señal de empoderamiento. Siendo las artotiras uno de los platillos habituales en el antiguo carnaval español, y siendo el carnaval uno más de los constantes episodios de conflicto entre paganos y cristianos, bien puede ser que les comenzaran a llamar quesadillas para que los caínes no mataran a los abeles, para que dejaran de perseguir conversos. Otra cosa es si ahora se les deja de poner queso sólo por perseguir los pesos.

 

Námaste Heptákis

 

Que quepa duda. En lo que va del año, en Tijuana han sido detenidos dos menores de edad con cargos de homicidio. Los perfiles de los detenidos coinciden: niños adictos al crystal que por que le sean condonados 10 mil pesos de deuda con quienes les suministran la droga aceptan matar a alguien. Sin ánimos de exculpar o soliviantar la ley, cabe la duda: ¿no son los “niños sicarios” un tipo de víctima?

Escenas del terruño. 1. En México se encuentra la población con mayor índice de suicidios a nivel mundial.
2. Que quede constancia de la islamofobia en México y del aumento de conversiones en el país. Aunque los medios han ignorado el dramático conflicto religioso en Chiapas.
3. Excelente el artículo de Mauricio Meschoulam en El Universal de hoy.
4. En un comunicado difundido el 8 de diciembre, la Secretaría de Educación Pública anunció que determinó cesar de sus funciones a un grupo de docentes que saboteó en Guerrero el proceso de evaluación. Sin embargo, la sanción de la SEP contraviene el artículo 75 de la Ley General del Servicio Profesional Docente, donde se establece que no pueden ser cesados de sus funciones sin otorgar diez días hábiles para que el probable responsable se defienda legalmente y otros diez para que la dependencia dé respuesta legal al caso. ¿Es legal la determinación de la SEP?
5. En cuanto al caso de los desaparecidos de Ayotzinapa hay que considerar cuatro puntos relevantes. Primero, con motivo de la reunión de los padres de los normalistas desaparecidos con funcionarios del gobierno federal, una interesante observación de parte de Ciro Gómez Leyva el pasado 1 de diciembre. Segundo, Carlos Puig reflexionó el 3 de diciembre sobre el problema de la nueva posición de algunos funcionarios federales en torno a otros rumbos de la investigación sobre Ayotzinapa. Tercero, el GIEI dijo el pasado 7 de diciembre que no hay evidencia de que la noche del 26 de septiembre de 2014 hubiese habido un incendio en el basurero de Cocula y que hay evidencia de que esa noche llovió en Iguala. Inmediatamente la tribuna de los políticamente correctos declaró el desmoronamiento de la “verdad histórica” del gobierno federal. Sin embargo, una vez más se malinterpretan las fácilmente malinterpretables afirmaciones de los expertos de la CIDH. Una cosa es que no haya evidencia del incendio y otra que haya evidencia de que no hubo incendio. Una cosa es que esa noche haya llovido y otra que por la lluvia no haya habido incendio. Y las supuestas pruebas satelitales no son suficientes: las dos fotos muestran una gran nubosidad sobre la zona, y por las nubes -evidentemente- no es posible ver incendio alguno o ausencia de él. Insisto: cada quien tiene su “verdad histórica” y a nadie parece importarle la verdad del caso. El caso no debe ser olvidado. Y por último, es indignante el modo en que ayer fue tratado Enrique Krauze en la Normal Rural de Ayotzinapa. Los padres de los desaparecidos se opusieron a que el historiador diera su conferencia porque “nos dicen que él es una gente del gobierno, y además es un reaccionario” (Reforma 12/12/15 p.9). Krauze dio la conferencia en una sede alterna. Tomo dos de sus declaraciones. “Un Estado que no protege la vida, un Estado que no supo proteger la vida de esos 43 muchachos, es un Estado que nos ha quedado a deber”. “Frente a intolerantes, defendí el debate libre”. Una vez más, Enrique Krauze dio muestra de su valentía civil. Que quede constancia.

Coletilla. Diciembre me gustó para acordarme del gran Germán Dehesa. Parece que la realidad se ha puesto de acuerdo, o quizá los astros se han alineado, pero mucho nos recuerda la necesidad de la aguda inteligencia de don Germán. Corre diciembre y nadie está alertando sobre el paradero de los fruitcakes, esa mezcla de aserrín y melaza cuya ubicación siempre era alertada por Dehesa. Recordemos que, según sus investigaciones, sólo se hicieron cinco fruitcakes y han ido pasando de mano en mano a efecto del roperazo. Sin el servicio público de don Germán tendremos que estar alerta por nosotros mismos. Por otra parte, ahora que fue la FIL tuvo bastante difusión la moda de los booktubers; Germán Dehesa fue el primer booktuber, él inventó ese medio de promoción de la lectura. Además, en este fin de semana de Teletón hay que recordar que Germán decía que quizás es la única iniciativa ciudadana que nos ha funcionado; lo cual seguramente explica a sus tantos detractores. Y por último, Germán diría: ¡los poderosísimos Pumas están en la final! Aunque ahora no se vean tan poderosos. Se extraña a Germán Dehesa.

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Un comentario en “La increíble y breve historia de San Agustín y las quesadillas

  1. Pingback: Las (otras) tres transformaciones | Big Band Bloggers

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