Abrazo

Te veo en la cruz y te sé a mi lado,

en las alegrías y en las tristezas

sólo tú Jesús me has acompañado.

No te han importado todas mis bajezas.

 

Tú no te has fijado en mis pecados,

pues no soy un ser de grandes proesas.

Hay ocasiones en que te he negado,

y soberbio caigo viendo otras promesas.

 

Pero, a pesar de mis faltas, ¡oh Jesús!

Abres para mí, y otros como yo,

los brazos, entregandote en la cruz.

 

Y nos miras como el fiel amigo,

que limpiando nuestras fallas, a todos

nos hermanas en un mismo abrazo.

 

Maigo.

 

 

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