Atardeciendo en la muerte

Atardeciendo en la muerte

Si el suicidio es oposición radical al progreso, la eutanasia es su afirmación más plena. Cesar la vida humana ante la inevitabilidad del sufrimiento en la enfermedad es, desde el primer vistazo, la confirmación de la confianza en el poder humano: el hombre puede decidir sobre su propia vida. Dicha confianza reivindica el progreso porque las razones últimas de la decisión radican en la contraparte del primer vistazo: la eutanasia es consecuencia de la posibilidad de desarrollar las compensaciones necesarias para recuperar la salud y de la imposibilidad actual de dicho desarrollo. La eutanasia es una decisión racional acorde al poder humano actual. La eutanasia nos indica una meta a la que aún no ha llegado el progreso. En ese sentido, la eutanasia es afirmación de la ignorancia. En este sentido es que la eutanasia es la afirmación más plena del progreso.

Evidentemente sería insensato afirmar que la eutanasia, como afirmación más plena del progreso, es el fin del progreso; aunque hay insensatos que así lo afirman. La eutanasia es afirmación del progreso en tanto el progreso no es un proceso concluido. Es más, la eutanasia es necesaria para que haya progreso. Si el progreso concluye, la eutanasia torna innecesaria: sólo queda el suicidio. Si el progreso concluye mal, sólo nos restará destruirnos. Mientras el progreso no concluya, tendremos a la eutanasia como salida de emergencia.

Frente a la eutanasia, lo común es defender el sufrimiento, revalorarlo, despertar al sentimiento trágico de la vida. Lo común ante la tragedia, además, es no tomarla en serio: o bien se le descalifica porque no es renuncia plena al progreso, o bien se le toma en un sentido lato y emocional. A la tragedia se le toma en serio, en cambio, cuando se le considera como continuidad agónica. La continuidad agónica realmente toma en serio el sufrimiento en la vida, así como en realidad reconoce la falsedad de las promesas del progreso. La continuidad agónica rechaza la eutanasia a partir de un apotegma: al sufrir se aprende. La eutanasia es una afirmación de la ignorancia. La continuidad agónica defiende el sufrimiento en la medida en que sabe que el conocimiento es bueno. La continuidad agónica perderá el sentido en el momento en que pierda su vocación por el saber, cuando no se pueda progresar en el conocimiento.

Frente a la eutanasia también se encuentra la religión revelada, en la que incidentalmente se defiende al sufrimiento. En el argumento exotérico de la religión revelada, la eutanasia es inaceptable porque es una suplantación de la propiedad de la vida. En ese nivel, la discusión con el progreso y con el sentimiento trágico es genuinamente imposible: para uno la vida es nuestra, para el otro no lo es y en la revelación sólo lo es porque nos ha sido dada. La brecha abierta por el dón es infranqueable por la eutanasia: la negación del amor es la puerta al infierno. La afirmación del sufrimiento, por su parte, no puede condicionar al conocimiento, cuando es el conocimiento el que nos lleva a afirmarla: la revelación nos muestra la razón del sufrimiento. El dón se recibe como vocación. Ahí donde los trágicos dudan y perseveran, los creyentes confirman y perseveran; de un lado temor y temblor, del otro alegría y amor. La religión revelada afirma la alegría de saberse llamado y el amor por el que un día conoceremos cuanto hemos sido conocidos. La brecha abierta por el dón es infranqueable por el sufrimiento: el amor nos abre al perdón y el perdón al consuelo. Por la revelación, la eutanasia se muestra inconsolable. La tragedia sólo es sostenible si es imposible el fin de los tiempos, y la afirmación de la imposibilidad sólo puede venir de la negación de la revelación; pero la tragedia no puede negar la revelación en tanto no la conozca, o de lo contrario renuncia a su vocación por el saber; conocer la revelación es afirmarla, y con su afirmación se niega la tragedia. La tragedia sólo es sostenible como eutanasia. La tragedia también puede ser una cara del progreso.

 

Námaste Heptákis

 

Los desaparecidos. Ya se han cumplido 16 meses de la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa. En torno al caso, la reportera Miriam Moreno, quien había dado a conocer información que contradice los alegatos del GIEI sobre el quinto autobús, informó el pasado martes 26 que ha localizado el quinto autobús en un estacionamiento de Cuatla, Morelos. El autobús se encuentra ahí desde el 11 de septiembre de 2015, con sellos de aseguramiento de la PGR. A la fecha, el GIEI no ha hecho peritaje alguno en el autobús. Lo que sí ha hecho el GIEI es seguir denunciando una supuesta campaña en su contra. Aumentarán sus denuncias si, como asegura Héctor de Mauleón, pronto se tendrá más información que contradiga su versión del caso. Por otra parte, hoy se cumplen 20 días de la desaparición forzada de cinco jóvenes en Tierra Blanca, Veracruz. En el lapso de la investigación, han aparecido 20 cuerpos que no han sido identificados. La esposa de uno de los detenidos la semana pasada, supuestamente involucrados en la desaparición de los jóvenes y señalados como miembros del Cártel Jalisco Nueva Generación, denuncia la fabricación de pruebas por parte de los funcionarios. Ayer, uno de los padres, en entrevista con Ciro Gómez Leyva, dejó ver claramente el drama de la situación: “aquí estamos, esperando y viviendo; si a esto se le puede llamar vivir”. Además, esta semana el diario Milenio informó sobre los desaparecidos de Ciudad Cuauhtémoc, Chihuahua. Los desaparecidos no deben ser olvidados.

Escenas del terruño. 1. Hoy se cumplen seis años de la ejecución de 17 jóvenes en Villas de Salvárcar. En su momento, Felipe Calderón llamó “malandros” a las víctimas. Ahora, cuando ejecutan a alguien, muchos se calderonizan. 2. En los primeros 30 días del año, la ciudad de Acapulco acumuló un total de 77 ejecuciones. Además, hay versiones que señalan la quema de un salón de clases en una primaria por parte de un comando armado; quemazón realizada frente al grupo de niños que ahí estudiaba. 3. Es indignante, triste y descorazonador. En las tres semanas de clases que han pasado hasta hoy, una secundaria técnica del municipio mexiquense de Naucalpan registra tres decesos, uno por semana. Las tres eran niñas de 14 años. Las tres fueron secuestradas, violadas, calcinadas y desmembradas. Los restos de las tres fueron dejados, una semana tras otra, en el Bosque de los Remedios. “Dicen que es pleito entre cárteles”, me dijo el miércoles quien encontró los primeros restos. No hay, siquiera, un posicionamiento oficial.

Coletilla. Para terminar como con un abrazo, querido lector, y disculpándome por tan deprimentes informaciones en las líneas anteriores, te comparto una piadosa sugerencia de la pluma de Jorge F. Hernández.

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3 comentarios en “Atardeciendo en la muerte

  1. Ojalá puedas ahondar más en la idea con la que cierras tu entrada. No alcanzo a ver cómo entiendes a la tragedia para que ésta sea otra cara del progreso?

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  2. Pingback: Amistad y suicidio | Big Band Bloggers

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