Las estocadas de la moda

Decía Montaigne, y decía muy bien, que las costumbres humanas cambian incesantemente, a tal grado que algunas se repiten cuando no quedaba casi ningún rastro de ellas. Nuestra vestimenta actual es muy diferente a la de hace unos veinte años; difícilmente alguien se atreve a beber agua directamente del grifo. Aunque se sigue considerando elogioso socorrer a las damas y damiselas de los peligros en los cuales caen presa, como en los tiempos de la caballería andante. La necesidad de cambiar de moda aumenta con la amplia oferta, ofrecida a todo momento, en internet; las numerosas modas se propagan más rápido que la contaminación. He sido testigo de uno de esos cambios: la defensa a los animales. Hace ocho años, aproximadamente, la mitad de los adolescentes mostraban indiferencia ante el maltrato animal; actualmente casi no hay algún adolescente dispuesto a aprobar el sacrificio animal, quien lo hace es tildado de irracional, inculto y sacrificado con insultos más salvajes.

Hace dos días, en la llamada Monumental plaza de toros México (la cual celebraba ese día su aniversario número setenta), hubo una manifestación notable contra la tauromaquia. El enfrentamiento simbólico me deja con la duda de si la fiesta brava no es más que una mera moda entre muchas más o de si la moda es de quienes defienden a los animales. La duda me llevó a preguntarles a mis amigos taurinos cuál es el objetivo de matar a un toro ante un numeroso auditorio; así como a cuestionar a mis amigos defensores de los animales por qué defender a los toros o a cualquier otro animal. La mejor respuesta que obtuve de un aficionado a la tauromaquia fue la siguiente: “en una escena de la ópera Carmen de Georges Bizet, Escamillo compara a los toreros con los soldados; su comparación nos demuestra que el torero es un hombre valiente; los espectadores, obviamente, aplauden la valentía, quedando convencidos de su necesidad para la humanidad.” Por el contrario, el mejor argumento del otro bando fue el siguiente: “los animales tienen su hábitat, el cual debe ser respetado por los otros animales, los humanos, pues así se puede conservar un equilibrio natural; nuestra racionalidad nos obliga a ser responsables con la naturaleza.” Dejo al lector la decisión de darle la palma al taurino o al anti taurino, pues a mí me parece que ambas respuestas tienen sus debilidades, el mostrar en qué consisten quizá sea motivo de otro escrito. Aunque sí debo decir que muchos taurinos no ponderan el valor, sino sólo les gusta el espectáculo, así como hay activistas por mera moda, por un deseo de ser protagonistas del espectáculo.

El carácter pasajero de las modas las vuelve, aparentemente, inofensivas para la vida humana; no resulta peligroso el vestirse con ropas multicolores o simplemente de negro, ni el beber agua en botella o en copas de cristal. Empero, el peligro se encuentra, según entiendo a Montaigne, en que la moda alcance la dignidad de costumbre, arraigue en la vida humana y dicte lo permitido y lo prohibido. Para que la moda torne en costumbre hace falta que pueda influir en las acciones de los hombres; para que se vuelva peligrosa tal costumbre, sólo necesita carecer de bondad. Cuando se ama la moda, cuando se prefiere el constante cambio, se deja de preguntar en lo bueno y lo malo.

Yaddir

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